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La trascendencia de ‘las cosas chiquititas’

Miguel González Rizo, su hermano Jesús González Rizo, Francisco Izquierdo Granados y Juan Manuel Niño Marín-Arroyo son los componentes del grupo Ecos del Rocío. Todos ellos son naturales de Rota, provincia de Cádiz. Cantan el mundo por sevillanas

15 nov 2017 / 06:00 h - Actualizado: 15 nov 2017 / 06:00 h.
  • Los cuatro miembros del grupo Ecos del Río, en un momento de la entrevista realizada en el cortijo de la Gota de Leche. / Jesús Barrera
    Los cuatro miembros del grupo Ecos del Río, en un momento de la entrevista realizada en el cortijo de la Gota de Leche. / Jesús Barrera

Al salir de la Estación de Santa Justa, me he preguntado sobre las veces que he visitado Sevilla. No soy capaz de saberlo. Han sido muchas y por diferentes razones. Unas veces por razones laborales, alguna vez queriendo disfrutar de la Semana Santa y acompañado de la familia, aquellas dos ocasiones en las que me esperaba la Expo 92, un viaje con la novia... En fin, son muchas visitas, muchos días, muchas alegrías, algún sinsabor. Y pienso en esto porque no estoy seguro de conocer bien esta tierra. Todavía me sorprendo, no termino de comprender algunas de sus tradiciones, sigo levantando la ceja escuchando alguna expresión, descubro secretos a voces para los sevillanos... Estaría bien alguna explicación de vez en cuando.

Juan Manuel Niño, Francisco Izquierdo y los hermanos Miguel y Jesús González Rizo, llegan sonriendo, con paso tranquilo. Son los miembros del grupo Ecos del Rocío. Mientras nos vamos sentando, les confieso que me apetece saber más de lo que sé; y que espero que me echen un cable para conseguirlo.

Puedo hacer alguna pregunta a la que no están acostumbrados. Por puro desconocimiento, les digo. Me piden que comencemos, a ver qué pueden hacer por mí. Arrancamos.

Una sevillana se escucha y se reconoce, se puede bailar por alguien que no es de aquí, pero por qué esa fórmula está tan implantada, qué representa... (Me miran sin decir nada). «Voy a interrumpir yo a esta gente. Menudo el salto que han pegado para hablar...» dice Miguel González entre risas. Es un hombre muy, muy, agradable. Siempre tiene una frase con la que intenta que las cosas fluyan.

M.G.: «A lo mejor bastaría con decirte que es la música más maravillosa del mundo, pero es posible que sea para mí nada más. Viene de servir a lo largo de la historia como un cante para bailar en aquellos antiguos corrales de Sevilla. Hay quien dice que viene de otros lugares: de la seguiriya, de no sé dónde; que viene de Huelva, pero eso lo vamos a dejar ahí apalancado. Para mí una sevillana es una forma de explicar, de contar las cuatro verdades del barquero en una canción; es decir cuatro piropos, es hacer cuatro críticas a cualquier cosa, decir cosas del amor del desamor o de las cosas sociales. En nuestro caso, desde el principio, tiramos más por una sevillana con un mensaje profundo y a la vez muy sencillo».

Me mira. Le digo que eso, entonces, es poesía; que como un buen poema, una sevillana expresa algo de una forma muy concreta, explica algo de una forma única, que la sevillana cuenta el mundo de la única forma exacta con la que se puede contar.

M.G.: «Eso es seguro. Poesía pura. Para nosotros, sí lo es. Es la forma de expresar propia del andaluz».

Hablamos de las cosas que cuentas con sus canciones, de lo que quieren hacer cuando graban un disco. Es Francisco Izquierdo el que alza la mano ligeramente pidiendo a sus compañeros que le cedan el turno. Francisco habla con tranquilidad aunque de forma apasionada. Todo lo que dice lo hace desde el territorio de la verdad, de la emoción.

F.I.: «Nos sentimos más a gusto cuando a través de la música, de la letra en este caso, se manda un mensaje a la gente que lo escucha. Nosotros hacemos muchos temas de carácter humanitario. Le puede interesar a mucha gente. Nos dicen que formamos parte de la vida de muchas personas. Y eso es porque en la vida no es todo bonito; hay cosas desagradables y las cosas no terminan como le gustaría a uno. Coincidimos con mucha gente en la música, gracias a la manera de escribir de Miguel; porque lo que cantamos lo han vivido en su casa, en la casa del vecino o en la de un familiar. No todo lo que cantamos nos ha pasado, qué Dios nos libre, pero la gente se identifica con lo que decimos».

El nombre del grupo, Ecos del Rocío, me arrastra, inevitablemente, a una aldea, a pensar en la imagen de la Virgen, a un camino polvoriento en el que miles de personas coinciden con un mismo fin. Insisto en recibir una teórica. Y les pido que me expliquen qué es el Rocío y qué significa para los rocieros.

M.G.: «Hay una canción del último de nuestros discos, que saldrá pronto, que se llama Lo que siente un rociero que dice: Lo que siente un rociero nadie lo puede saber, porque eso va por dentro y nadie lo puede ver. Nadie lo puede sentir, porque nadie sabe nada, nadie lo puede sentir, es la Virgen la que llama al que tiene que venir. Creo que lo explica todo».

Francisco añade: «La señora es lo primero, si tú no has visto a la Virgen no seas más embustero; quién eres tú para decir lo que piensa un rociero».

M.G.: «Tienes que ir y hacerlo teniendo fe. En cualquier cosa de esta vida, algo te tiene que arrastrar. Si no es así eres, por dentro, una persona fría. No necesariamente tiene que ser fe en la Virgen del Rocío, ni en un santo; puedes confiar en un amuleto, en cualquier cosa; pero tú tienes que tener algo. Si no, te sueles perder son frecuencia. Esta es una tierra de gente humilde, conocedora de que solo se vive una vez, que la vida son dos días. Es la cultura que traemos de atrás y es la que tenemos. Tienes que ir porque, cuando está allí, vives momentos y ves cosas que, hasta el que menos pueda creer, quedas totalmente convencido de que hay algo. Por supuesto, hay gente a la que no le llena y no vuelve. Pero por qué llega gente de todo el mundo, qué hay allí en esa mirada de la señora (a lo mejor otro se queda indiferente). Hay un no sé qué en el Rocío que hace que se congreguen más de un millón de personas. Pero hay que hacer mención a la gente que va por allí durante todo el año. Se desconoce que el Rocío es un lugar al que va gente durante todos los días del año. Hay algo allí que uno siente».

Cambiamos impresiones sobre el carácter andaluz, sobre cómo se interpreta y se traduce el día a día, sobre cómo el clima hace que las personas sean de una forma u otra. «El andaluz es transparente. Aquí lo celebramos todo», dice Miguel González. Y añade parte de la letra de uno de los temas que aparece en su nuevo disco: Andaluz, andaluz, andaluz. Que se entere todo el mundo entero que yo he nacido andaluz. Aquí dormimos la siesta, nos bebemos el buen vino, es nuestra filosofía y nosotros la vivimos, que la vida son tres días. Francisco añade el estribillo: «Y tenemos un idioma que cualquiera puede hablar, porque las buenas personas se entienden con la mirá». «Eso es ser andaluz», añade Miguel. Juan Manuel Niño, un tipo simpático y de buen verbo, un hombre perspicaz, interviene para matizar alguna cosa.

J.M.N: «Independientemente de que tenemos ese carácter, no se vende la otra parte. Aquí también trabajamos como el que más. Todo esto lo da el clima, la forma de ser del andaluz. No es cierto que seamos juerguistas y no trabajemos. Todo lo contrario».

F.I.: «Nos gusta la fiesta, nos gusta vivir, pero en el tajo los primeros. Mira, un constructor de aquellos que vinieron en los años de la Expo me decía: Yo estaba equivocado con eso que dicen de los andaluces. Tengo a mi gente asfixiadita y al lado los andaluces hacen más trabajo y cantan a la vez».

J.M.N.: «Si dieran la vuelta al mapa de España, los del norte pasarían a ser como nosotros. El sol es parte importante de que seamos como somos».

Jesús González Rizo, que no ha intervenido todavía, lo hace para comenzar a explicar la razón por la que Ecos del Rocío están juntos después de tantos años. Habla con una media sonrisa perpetua, moviendo ligeramente las manos para enfatizar en lo que afirma.

J.G.: «Llevamos, prácticamente, la vida entera juntos. Nos conocemos desde niños y hemos jugado juntos. Con el tiempo esto de cantar se fue formalizando y la gente nos pedía que no lo dejásemos. Desde principio todo ha ido bien».

J.M.N.: «Éramos un grupo de amigos que teníamos la inquietud de hacer música. Lo hacíamos para nosotros, para divertirnos. Sólo pudo separarnos la mili. Porque nos sacamos muy poco tiempo todos y fuimos, poco a poco, a los cuarteles. Y cuando acabó la mili lo retomamos. No teníamos la pretensión de ser un grupo. Tan solo nos gustaba cantar».

Jesús recalca la importancia de sus esposas cuando comenzó todo y cómo siguen siendo fundamentales para ellos. «Cuando nosotros no éramos todavía Ecos del Rocío, ellas ya eran nuestras novias. Ahí han estado siempre y ahí es donde se ve el amor verdadero y cómo nos queremos. Somos artistas que nos ha gustado trabajar y luego volver a casa, no perder nuestras raíces y cuidar las cosas de casa».

Hablamos de Andalucía, de esos años en los eran niños o jóvenes y pudieron conocer una tierra distinta a la actual.

J.G.: «Nosotros somos gente de campo. Tenemos nuestras raíces en el campo».

M.G.: «Y hemos conocido una Andalucía con unas cosas chiquititas, con unos valores muy bonitos que el tiempo ha cambiado. Los jóvenes no deben olvidar unos valores que son esas cosas chiquititas que rodearon a nuestros abuelos; una gente muy humilde, muy cariñosa, muy con los brazos abiertos; aquella Andalucía con las puertas abiertas».

F.I.: «Yo tengo un recuerdo muy bonito. Íbamos tres o cuatro veces al año al pueblo. Cuando mi madre tenía que ir a algún sitio mi tía Mercedes (que tenía una niña de mi edad) me daba el pecho a mí; y cuando se iba mi tía Mercedes, mi madre le daba el pecho a mi prima. Esas cosas son imposibles de olvidar». (Francisco cuenta esto emocionado y con los ojos llenos de lágrimas).

M.G.: «Hubo, aquí, una generación muy perdida; con las drogas se nos fueron muchos chavales. Y de todo esto hemos aprendido. Creo que hay, ahora, otra generación muy válida que valora mucho esos detalles de sus abuelos y bisabuelos. Veo que tienen tirada la caña de pescar en aquella Andalucía».

Nos tenemos que despedir. Bromeo con ellos al recordarles que han tardado en arrancar y luego no había quien parase a unos y otros.

Estos cuatro andaluces me han explicado, hablando de esto y de aquello, lo que me pasa con esta tierra. Me gusta y siento un amor extraordinario por Andalucía porque estoy enamorado de su gente. Tengo el privilegio de saber qué son esas cosas chiquititas que están en cada rincón. Porque me las entregan gente como ellos. Cada vez que piso Andalucía.


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