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Personajes por Andalucía

«Me quitan el sueño los asuntos en los que hay niños»

Nacido en Cazalla de la Sierra, Álvarez tuvo claro que lo suyo era estudiar unas oposiciones. Amigo de sus amigos, aunque a veces no los cuide todo lo que le gustaría, aspira a un retiro tranquilo, que le permita disfrutar de su mujer y sus dos nietos

13 nov 2017 / 23:55 h - Actualizado: 14 nov 2017 / 10:33 h.
  • El presidente de la Audiencia de Sevilla, Damián Álvarez, durante un momento de la entrevista realizada en el Cortijo de la Gota de Leche. / Jesús Barrera
    El presidente de la Audiencia de Sevilla, Damián Álvarez, durante un momento de la entrevista realizada en el Cortijo de la Gota de Leche. / Jesús Barrera

Conocemos a Don Damián Álvarez García, presidente de la Audiencia Provincial de Sevilla pero, ¿cómo es Manuel Damián sin toga y despojado de su cargo?

—Una persona normal. Sevillano, sevillista, aficionado al cine y que le gusta participar en la vida social de Sevilla en la medida de lo posible.

—¿Qué le hizo decidir un día que usted sería magistrado? ¿Es el primero en su familia?

—Sí, no tengo a nadie en mi familia, ni en la mía ni en la de mi mujer que tenga que ver con la Judicatura. Yo tenía claro que iba a hacer oposiciones, entonces en Bachiller elegí estudiar Letras y cuando estaba en Tercero de Derecho pensé que era el momento de platearme qué oposiciones iba a estudiar y por descarte elegí la de Judicatura, Registro y Notaría, pero me quedé con la de Judicatura porque llegué a la conclusión de que era la más completa y la que más me satisfacía. Las preparé, las saqué y aquí estoy.

—¿Pensó entonces que algún día llegaría a ser presidente de la Audiencia Provincial de Sevilla y vocal del Consejo General del Poder Judicial como ha sido usted?

—En esa época no existía el Consejo como está regulado actualmente y en esa época en lo que piensas es en sacar las oposiciones, en irte a un pueblo y empezar tu vida profesional, lo de presidente de viene con los años y con la experiencia, no piensas inicialmente en eso. No lo descartas, evidentemente, pero tampoco te preocupa .

—Usted nació en Cazalla de la Sierra. ¿Qué recuerdos guarda de su pueblo? ¿Sigue vinculado al mismo?

—Nací allí. Tengo 27 años más 40 de experiencia. Y considero que Cazalla de la Sierra es el segundo pueblo más bonito de Andalucía. El primero no sé cuál es, pero alguno habrá. La vinculación con Cazalla la tengo hasta los 13 o 14 años que me fui interno a un colegio en Villafranca de los Barrios, en la provincia de Badajoz y volvía siempre en los veranos. Conservo allí amigos, y voy a allí muy poco. Tengo a un hermano que es farmacéutico allí en Cazalla, pero no puedo ir con la frecuencia que me gustaría.

—Por su profesión ha tenido que vivir fuera de Andalucía durante algún tiempo. ¿Qué es lo que más echó de menos de nuestra región?

—Los amigos y la comida, evidentemente. He vivido, salvo en mi etapa en Bilbao cuando ascendí a magistrado, el resto del tiempo en pueblos y ciudades de Andalucía: Ayamonte, Rota, Écija, después Bilbao, Córdoba, Sevilla y el paréntesis de la etapa en el Consejo General del Poder Judicial en Madrid, durante cinco años.

—Ha dicho la comida, ¿qué platos son los que más añoró de menos?

—El gazpacho y el salmorejo y todo tipo de comidas relacionadas con el pescado.

—Como ha dicho ha vivido en ciudades como Bilbao o Córdoba. ¿Qué le ha aportado a Damián Álvarez vivir fuera de Sevilla?

—Me ha ayudado a conocer a mucha gente y a comprenderla en su completa individualidad y a ver que en el fondo todos somos seres humanos y todos tenemos los mismos sentimientos. Salvo la etapa de Bilbao que es cuando he estado más alejado de Andalucía, el resto ha sido en territorio andaluz y hay muy poca diferencia entre unas personas y otras. En definitiva, lo que me ha aportado es conocer a muchas personas que en el fondo pensaban igual y tenían las mismas inquietudes.

—¿En Bilbao tuvo algún ¡problema entonces con el terrorismo? No sé si como juez tuvo que tomar alguna decisión al respecto.

—Fui a un juzgado de Familia cuando llevaba la Ley de Divorcio de 1981 tres o cuatro meses en vigor. No obstante el juzgado me lo volaron. Pero no iban buscando otras dependencias que estaban en el mismo edificio. Colocaron cuatro kilos explosivo y subió en el ascensor por la noche y las bombas estallaron precisamente en la planta donde estaba mi juzgado. La impresión fue increíble, al día siguiente cuando llegué me encontré una puerta de cuatro metros tirada y todos los papeles desparramados. Fue una forma deponerme el juzgado al día (bromea). Fue una experiencia dramática.

—¿Se vivía entonces con miedo allí?

—Yo estaba en Écija cuando me llamaron para decirme que había ascendido a magistrado y que podía elegir destino entre Vitoria, San Sebastián y Bilbao y no lo dudé y elegí Bilbao. Razón, pues no tenía ninguna experiencia previa, fue solo por el hecho de que Bilbao era una capital y podía pasar más desapercibido. En Bilbao lo pasé muy bien el tiempo que estuve, salvo ese incidente puntual, no tuve ningún problema ni tampoco en las relaciones sociales e institucionales durante los siete u ocho meses que estuve allí.

—¿Conserva amigos en cada uno de los destinos en los que ha estado?

—Sí evidentemente, lo que pasa es que no cultivo los afectos como debiera y muchas veces no los llamo y pierdo el contacto, pero sé que siguen siendo amigos, aunque no mantenga el contacto con ellos.

—Andalucía es una de las regiones de más peso en el país ¿Qué aporta Andalucía al sistema judicial español?

—De momento aporta casi mil jueces. Es el Tribunal Superior de Justicia que tiene más jueces y órganos judiciales y más provincias, exceptuando a Castilla y León que quizás tenga una más. Aporta un caudal humano interesantísimo son casi mil jueces, pero necesitaríamos más para poder asumir la carga de trabajo. Si a nivel nacional la relación entre jueces y número de habitantes es de 12,2, en Andalucía estamos un punto por debajo de la media nacional, que ya está en la mitad de la media europea. Por eso la necesidad de incrementar la plantilla se reclama año tras año para poder asumir la carga de trabajo.

—¿Somos especialmente litigiosos los andaluces? ¿Somos de acudir rápidamente a los juzgados ante los problemas?

—No, estamos en la media como el resto de regiones, no hay una especial tendencia a litigar en Andalucía, no más allá del resto de España.

—Volviendo a su pasado, usted estaba de guardia en Córdoba la noche en la que murió Paquirri. ¿Cómo vivió aquella noche y qué recuerdo le ha quedado?

—Pues lo recuerdo muy bien porque cada equis tiempo me preguntan sobre el tema. Yo tomé entonces una serie de notas de lo que iba haciendo allí y lo recuerdo con una viveza y una inmediatez como si hubiese ocurrido hace escaso tiempo. Ese día acaba la guardia, porque en Córdoba se hacía la guardia semanal y había vuelto a casa sobre las nueve y media y estaba viendo el Telediario y comentaron que Paquirri había ingresado en el hospital Militar de Córdoba. Cuando me enteré de que había muerto pensé ya me van a llamar y efectivamente quince minutos después me llamaron. Cuando llegué en la puerta había una muchedumbre enorme. Me llevaron a donde está el cadáver, lo descubrieron y estaba desnudo con un boquete en la pierna tremendo, tremendo. El médico forense certificó el fallecimiento y no se vio necesario practicar una autopsia y se autorizó el traslado a Sevilla donde se iba a celebrar el funeral. Paquirri murió prácticamente a la entrada del hospital Militar y la causa fue una pérdida masiva de sangre.

—¿Imaginaba entonces la repercusión mediática?

—En seguida me di cuenta de que aquello iba a tener una repercusión mediática. Afortunadamente, a los dos o tres días me tuve que marchar a Madrid a un curso y cuando volví tenía como 100 o 150 llamadas de toda España, de televisiones, de medio de Hispanoamérica que querían algún tipo de entrevista o algún tipo de información al respecto. El curso me libró de esa carga de atender a lo periodistas.

—Impartir justicia no es tarea fácil. ¿Algún caso le ha quitado alguna vez el sueño?

—Muchos. Últimamente me quitan el sueño los problemas de Familia, porque en la Sección Segunda de la Audiencia son los asuntos de los que conocemos. Sobre todo, los asuntos en los que hay niños pequeños, los problemas de desamparo y de acogimientos les das muchas vueltas porque nunca sabes a ciencia cierta si vas a acertar con tu resolución. Yo tengo la costumbre de una vez que dicto la resolución olvidarme del asunto. Me quitan el sueño con mucha frecuencia, menos que al principio evidentemente. Si le doy muchas vueltas a la cabeza a un asunto, sí.

—¿Cuál ha sido su decisión más difícil?

—Son muchos y escoger uno solo significaría excluir a los demás, pero cualquier asunto relacionados con menores son muy complicados porque estás jugando con sentimientos y con la vida de seres inocentes.

—¿Y cuál ha sido la resolución que le ha hecho sentirse más orgulloso como magistrado?

—Cualquier resolución que dicte me satisface. Cualquier asunto que resuelva te produces satisfacción interior porque crees que haces lo que te encomienda el Estado y la Constitución que es hacer justicia, es decir, transformar el Derecho en justicia con independencia de que pueda ser revisada o no por una instancia superior.

—Usted es ahora mismo presidente de la Audiencia Provincial de Sevilla. ¿Cómo ve su futuro más inmediato? ¿Se ve presentándose de nuevo a la reelección o incluso aspirando a un órgano superior?

—No porque ya no me queda tiempo, tengo como decía antes 27 años de edad más 40 de experiencia. Con lo cual primero tengo que cumplir mandato, que me queda hasta la primavera del año que viene, Me tengo que plantear si pido la renovación porque si la pido tengo que pedir la prórroga de la jubilación hasta lo 72 años. Teniendo en cuenta ese panorama, pensar por un órgano superior. Además no se me ocurre mejor destino que el que tengo actualmente.

—¿Y qué planes tiene cuando se jubile?

—Primeramente me gustaría seguir teniendo algún tipo de actividad, no sé exactamente cual porque no lo he pensado. Y después viajar, descansar, hacer algún deporte y dedicarme a la bolsa, pero la de la compra porque a eso me impulsará seguramente mi mujer (risa). Estar con ella, disfrutar de mis dos nietos e ir a Cazalla que voy muy poco.

—Eso le iba a preguntar, si tiene pensado algún rincón de Andalucía para cuando llegue ese momento.

—Será Sevilla, la playa y Cazalla. Serán los tres puntos en principio, pero luego Dios dirá cuando llegue el momento.

—Dicen que la justicia es ciega, pero ¿se levanta alguna vez la venda y ve algo?

—No, afortunadamente es ciega. Si se levantara la venda entonces el problema sería que no podría dormir la mayoría de las noches. Precisamente, la ceguera es una garantía para el ciudadano. No quiere decir que a lo mejor veas a alguien conocido, pero entonces pido la abstención. Procuro que esa independencia y esa imparcialidad no solo sea real, sino también aparente. Para mi esa regla de la imparcialidad es una regla de oro es la joya de la corona.

—¿Siente que la justicia es la administración más olvidada, incluso maltratada con respecto a otras como por ejemplo Hacienda?

—Por ejemplo Hacienda, como por ejemplo la Sanidad, la Educación. La dotación presupuestaria de la Justicia está bajo mínimos. Yo siempre he pensado que es que la Justicia no vende, no da votos, no está en el discurso político en la primera línea de batalla, no tiene una prioridad presupuestaria. Hasta que no tengamos la conciencia de que, junto con la prensa libre, es uno de los pilares del Estado de Derecho no tendremos una justicia absolutamente independiente, desligada totalmente del Poder Político del que dependemos económicamente. Necesitamos una política presupuestaria seria de inversión, para que dejemos de ser la cenicienta.

—Y en la propia economía, porque en los juzgados hay paralizados muchos dinero...

—Sí, hay un inmovilizado enorme, hay miles de millones. Cuando hablo de confianza, hablo de seguridad jurídica que es lo que buscan muchas empresas. Y luego celeridad y rapidez en los conflictos.

—¿Un juez tiene que sacrificar mucho su vida personal?

—En muchas ocasiones sí. El juez puede llevar su juzgado o su tribunal, pero si te llega una avalancha de papel tienes que olvidarte de ese viaje o de ese fin de semana. Afortunadamente, no es siempre, pero no hay forma humana de sacar adelante lo que tienes si no echas unas horas aunque sea festivo.

—¿Qué le diría a aquellos que quieren ser juez?

—Les dirían que se animen y que vean esto con esperanza. Que piensen que la justicia es realizar una labor de cara a la ciudadanía.


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