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Personajes por Andalucía

«No hay que asustarse con las crisis en los negocios»

Creador del Grupo Migasa y consejero delegado y presidente del Grupo Ybarra, entre otras tareas empresariales, el nombre de Antonio Gallego va asociado no solo al aceite de oliva, sino también al propósito de que Andalucía sea su capital mundial

05 oct 2017 / 16:38 h - Actualizado: 05 oct 2017 / 22:40 h.
  • El empresario sevillano Antonio Gallego Jurado, en la Hemeroteca de El Correo de Andalucía con ocasión de esta entrevista. / Jesús Barrera
    El empresario sevillano Antonio Gallego Jurado, en la Hemeroteca de El Correo de Andalucía con ocasión de esta entrevista. / Jesús Barrera

Aprendiz, compañero y sucesor de su padre, Miguel, que le enseñó que por el camino del éxito hay que ir con pico y pala, Antonio Gallego (Sevilla, 1949) es hoy uno de los nombres propios del aceite de oliva en Andalucía. De las dieciséis factorías que tiene, catorce están aquí.

—¿Le gusta a usted el aceite?

—Desde pequeñito. Es lo más natural que se puede tomar por la mañana. Y más en Andalucía. La producción mayor que hay en el mundo está aquí. Estos olivares que se ven en Andalucía no es fácil verlos en cualquier sitio.

—Un paisaje que tiene usted en su retina desde niño.

—Desde muy pequeño, porque mi padre, en el año cuarenta y siete o por ahí, se vino de la zona de Castuera, de Extremadura, con sus hermanos, y él solo montó unas almazaras en Lebrija. Arrendó allí varias almazaras, ocho o diez molinos, y fue ahí donde él empezó. Y luego, a mí y a todos mis hermanos nos metió en el aceite.

—¿Y cómo es que les dio por eso? ¿Había alguna tradición familiar?

—No, no. Él tenía aquí un hermano anteriormente que se dedicaba al transporte de mercancías desde Extremadura. Y de las cosas que más transportaba, era aceite. Y entonces él se dio cuenta de que era un mercado que iba a ir a más. Esta claro que no se equivocó. En España se producían 200.000 o 300.000 toneladas en los años cuarenta y nueve o cincuenta y hoy se producen 1.400.000 toneladas, o sea, que apostó por una cosa muy importante a futuro. Y además, lo hizo aquí en Andalucía.

—Ese fue su padre. ¿Qué me dice de su madre, Dolores?

—Dolores Jurado Gálvez es mi madre. Le voy a decir una cosa: yo nací, fíjese si soy sevillano, en la calle Alemanes en un balcón que da a la Giralda. Entonces las señoras tenían normalmente a los hijos en las casas. Una casa estupenda, que después se la vendió a un torero mi padre. Bueno, no se la vendió, hizo una cosa: cambió la casa por una fábrica en Torreblanca. Llegó a mi madre y le dijo: «Que nos vamos a Torreblanca». Claro, imagínese lo que es vivir en el centro de Sevilla y decirle eso a una persona. La casa estaba dentro de la fábrica, había que pasar por la fábrica para entrar. Y claro, aquello, mi madre, cuando llegó, dijo: «¿Adónde me has metido, de la Catedral a aquí?». Fue una cosa muy dura para mi madre en su momento. Pero bueno, allí nos criamos en nuestros primeros pasos. Éramos cinco hermanos, cuatro hermanos y una niña. Mi padre lo pintó todo, puso allí todo lo que había que ponerle para que estuviera contenta, como una reina, para que no pusiera pegas.

—¿Qué rasgos ha sacado usted de sus padres?

—De mi padre he heredado que me haya hecho un gran empresario. La herencia que me ha dado ha sido saber trabajar. Estuve estudiando en una escuela estatal cerca de casa y luego me pasé a los jesuitas del Portaceli. Todos los días cuando venía del colegio tenía que entrar por donde estaba la fábrica y ver lo que había allí. Lo que más me gustaba era estar dentro de la fábrica. Para mí, la niñez... yo no he sido un niño jugando, yo estaba siempre allí. Tanto es así que yo ponía un puestecito allí, al lado de casa, como los que ponen los niños para vender las chucherías, y yo lo que vendía era jabón y aceite, y entonces el dinero que cogía era para mí. Y eso me sirvió para saber lo que es el comercio.

—¿Qué diría a los jóvenes en paro?

—La mentalidad empresarial se ha perdido hoy en las universidades y en las escuelas. Y eso es muy importante, porque una persona que tiene mentalidad empresarial, sirve para todo. Pero si no la tiene y desde primera hora está pensando en colocarse en un sitio donde pueda tener la cosa más sencilla y hacer siempre lo mismo, entonces eso no va bien. Eso tiene que volver. Yo muchas veces les pregunto a comerciales que vienen a entrevistas de trabajo que qué han hecho, y me dicen: «Pues yo he estado en EEUU, he estado en tal sitio...». «¿Y de comercial qué has hecho?», y me dicen: «Nada, es que acabo de terminar la carrera?». Y entonces les pregunto: «¿Tú has vendido alguna vez una entrada de toros? ¿Tú has vendido...?», claro, y se quedan parados algunos, y algunos me dicen: «Sí, yo he estado vendiendo tal cosa, o de camarero en tal lado...». Esas personas suelen triunfar siempre. Por mucho máster que quieras.

—Y eso, ¿qué es? ¿Un talento natural? ¿Se aprende?

—Eso se aprende fijándose. También es muy importante, por supuesto, la escuela y la casa, la formación en las casas. Y la calle.

—Con catorce o quince años ya estaba usted involucrado en las tareas empresariales.

—Yo no era buen estudiante. Y ya con unos catorce o quince años mi padre me quitó del colegio, y me dijo: «Mira, te vas a venir conmigo, vas a seguir estudiando y yo te voy a poner a dos o tres profesores del Portaceli», y me los puso, pero los puso a darme clases de las cosas que él había hablado con ellos que me iban a hacer falta en el futuro. Él las cosas que no veía no las quería. Incluso en el tema de idiomas me buscó a un controlador aéreo que había en la base de Morón y me lo puso por la tarde para darme clases de inglés, porque él veía que el idioma en el futuro iba a ser muy importante. Mi padre era una persona que siempre pensaba lo que podía pasar, y eso me lo fue transmitiendo a mí. Y ya con dieciséis años, me emancipé de mi padre y me dio poderes para hacer y deshacer.

—Pasa el tiempo y crea Migasa con sus hermanos.

—Sí, más o menos en el año sesenta. No hay que asustarse con las crisis en los negocios, las cosas suben y bajan, y más cuando una persona es empresario. Es así. Hay que asumirlo, no se puede uno venir abajo. Mi padre pasó unos momentos difíciles. Entonces, estábamos en el negocio, yo tendría unos diecisiete o dieciocho años, y estaba también un hermano mío, Diego, y entonces mi padre dice: «Mira, ahí ha salido un negocio en Dos Hermanas que lo tiene un banco y creo que lo podríamos comprar para vosotros, pero bueno, dinero no hay aquí. Aquí hay un millón de pesetas y eso vale trece millones. Es cuestión de meterse dentro y ya iremos arreglando las cosas con el banco. Pero eso quiero que lo hagáis ustedes», je, je. Él nos dio la idea, pero eso había que sacarlo adelante. Y salió para adelante.

—Tenían un millón y necesitaban trece. Cualquiera habría sentido miedo.

—Exactamente. A los dos o tres meses te llamaba el banco y te decía: «Oye, aquí hay que ingresar el resto», y entonces viajes a Madrid, viajes para acá, viajes para allá, y tome usted 300.000 pesetas, y tome usted 500.000 pesetas, avíese usted con esto, ponga usted los intereses... Hay que tener en cuenta que los intereses, en esas fechas, estaban en el catorce por ciento, en el dieciocho por ciento... Yo digo que con unos intereses al catorce o al dieciocho por ciento, que estuvieron durando más de veinte años, y yo saqué un negocio para adelante, hoy día, con unos intereses al dos y al tres por ciento, es que de verdad es para triunfar. Esto a mí no me asusta. Estamos en el momento más oportuno para sacar una empresa adelante. Lo que pasa es que hay que tener valor para meterse en los sitios. Y cabeza. Pero ante todo, hay que pensar que hay que trabajar. El que quiera decir: «Yo quiero dar el pelotazo», está equivocado. Hay que trabajar y pensar en el futuro, y decir: «Yo voy a ponerme esto en diez años», no decir: «Me voy a meter aquí porque en un año me voy a poner rico». Hay que ir despacito, y siempre pensando en hacer la empresa a futuro. Y así es como me han ido bien las cosas.

—¿Se dan en Andalucía las condiciones políticas y administrativas ideales para un buen emprendedor?

—Falta mucho el ayudar a la empresa grande en Andalucía. Se han fijado mucho en la empresa pequeña, y la empresa pequeña lo que puede dar es un operario, dos operarios, no puede dar más. A las cooperativas también las han ayudado mucho, que también está bien. Pero la verdad, con la empresa grande no ha habido una ayuda importante para llevar esto para adelante. En Portugal sí la ha habido. Esto no depende solo de Andalucía, también de Bruselas, pero claro, tiene también que moverlo Andalucía. La prueba es que no hay grandes empresas. Y ese es el fallo que hay aquí.


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