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Tecnologías de la educación ¿revolución o cuento?

Aulas digitales. El número se ha triplicado en Andalucía en menos de diez años, con la consecuente ‘conexión’ de los alumnos

14 nov 2016 / 07:54 h - Actualizado: 14 nov 2016 / 07:00 h.
  • Imagen de archivo de una clase con ordenadores en un instituto de Santiponce. / Antonio Acedo
    Imagen de archivo de una clase con ordenadores en un instituto de Santiponce. / Antonio Acedo
  • Tecnologías de la educación ¿revolución o cuento?

Francisco Veiga

sevilla{El número de aulas digitales en Andalucía ha saltado de 6.000 en 2009 a las 18.970 del curso pasado (último dato disponible) en el informe oficial La educación en Andalucía. Avance curso 2016-17, que edita la Consejería de Educación.

Las diez páginas que dedica este informe a la evaluación de las tecnologías (TIC, iniciales de Tecnologías de la Información y la Comunicación) para la educación son una sucesión de números crecientes de aulas, dispositivos y escuelas conectadas en Andalucía.

La alfabetización digital ha estado entre los objetivos de la Junta de Andalucía desde, al menos, la época de la Segunda Modernización que prometía el expresidente Manuel Chaves. Este desembarco digital, que a tenor de los números se está imponiendo en los institutos andaluces, fue recibido al principio como derroche («regalan ordenadores a los niños»), después como complicación («¿Qué tiene una pizarra digital que no tenga una con tizas?»). Más allá de los números... ¿Este salto del cuaderno a la tablet ha mejorado la formación de los estudiantes?

La Administración, en este debate, está desgranada en innumerables recortes de prensa: hablan de «ciudadanos beneficiados» al adquirir competencias digitales (Europa Press, 7 de octubre, citando al consejero de Innovación, Antonio Ramírez de Arellano), o los elogios de la consejera de Educación, Adelaida de la Calle, a un instituto que visitó en Chiclana de la Frontera (Cádiz): «el centro participa en programas como La Escuela TIC 2.0, Erasmus+ o la Red Andaluza Escuela Espacio de Paz, siendo especialmente activo en iniciativas de investigación e innovación educativas» (Andalucía Información, 14 de octubre)... el mensaje oficial es como un goteo continuo.

¿Qué opinan los profesores? Francisco López, profesor de Biología del instituto Miguel Servet de Sevilla Este, está convencido de que a los ordenadores en clase se les puede dar «un uso más sofisticado del que yo les doy». Él evita hacer lentos dibujos en la pizarra «para explicar las partes de la célula» e incluso proyecta «libros digitales». También usa una red social para las clases, Moodle, donde profesores y alumnos interaccionan con deberes, exámenes, correcciones. «Una de sus funciones es ordenar las preguntas de forma aleatoria, para que los alumnos no se copien».

¿Sirve entonces? «Durante la clase sí se enteran mejor. Entienden las cosas rápido, y de otra forma les costaría mucho. Pero hay una parte negativa: no solo el corta y pega en los trabajos, sino la falta de criterio de los alumnos, por sí solos, para diferenciar la información buena que encuentran en internet de la que es errónea, poco actualizada o contraproducente».

Pedro del Pozo, responsable de Organización del sindicato de profesores Ustea, explica que el potencial de las tecnologías en clase «es muy interesante, pero la realidad es otra y la Administración está más pendiente de alardear con las TIC que de cosas como la conectividad: hemos denunciado que centros con asignaturas de Informática no se pueden conectar a internet».

También destaca la falta de tiempo de los coordinadores TIC, profesores que dentro de su horario «deberían dinamizar el uso de las nuevas tecnologías, pero acaban arreglando la impresora». Ustea destaca la falta de planificación «en los centros y en la Administración» de los recursos informáticos y la «falta de incentivos» para que el profesor que, con iniciativa, explore e innove, se vea recompensado, «ni siquiera en tiempo». «El resultado es que trabajas más que antes, pero con ordenador».

Fuentes de la Inspección de Trabajo abundan en esta figura solitaria del profesor con inquietudes: «Son los únicos que le sacan partido didáctico a las TIC, y básicamente se forman por su cuenta. Quienes van a los cursillos de formación de los centros de profesores son solo ellos». El resto utilizan los recursos poco más que como una pizarra futurista.


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