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Del sol a la tormenta: ¡el tiempo está loco!

La teoría de que el paraguas se hizo para el invierno y el abanico para el verano ha pasado a la historia. Ahora, mirar al cielo se ha convertido en el mejor termómetro para afrontar el cambio climático

13 jun 2016 / 23:32 h - Actualizado: 13 jun 2016 / 23:42 h.
  • Del sol a la tormenta: ¡el tiempo está loco!
    Se esperan altas temperaturas para el verano. ¡A refrescarse! / El Correo
  • Del sol a la tormenta: ¡el tiempo está loco!
    Mucho sol, precipitaciones en torno a la media y fuertes rachas de viento. Un tiempo difícil de prever. / Pepo Herrera/ J. L. Montero / Manuel Gómez / I. Flores
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Aquello de que el tiempo se ha vuelto loco puede ser, sin duda, una de las expresiones más usadas en los últimos meses. Ya nadie tiene claro qué va a pasar, pues ni los inviernos son tan inviernos como antes ni los veranos tan veranos como antaño. Todo ha cambiado, también las cuentas que hacían los ciudadanos para calcular cuándo era época de lluvia o en qué momento era conveniente guardar la ropa de abrigo porque el frío estaba a punto de llegar. Aquellas recetas de la abuela ya valen para poco, como los refranes sobre el tiempo, en claro peligro de extinción ante un cambio climático que no sólo está cambiado el ambiente sino también los hábitos de una sociedad que anda bastante despistada.

Los datos meteorológicos de los doce últimos meses en Sevilla son solo una muestra de esta desquicia que está sufriendo el tiempo. En más de una ocasión, la Agencia Estatal de Meteorología ha registrado cifras que superaban los valores extremos de la ciudad y que, en la mayoría de los casos, estaban muy por encima o por debajo de las medias históricas. A grandes rasgos, el pasado invierno fue el menos frío de las últimas décadas, con temperaturas impropias de la época, siempre según la costumbre, y estos meses de la primavera unos de los más lluviosos de los que se recuerdan.

Pero el problema reside ahí. Lo que hasta ahora era la costumbre o lo habitual ha pasado a la historia. La experiencia invita a pensar en que lo que hasta ahora era frecuente en cualquier época del año no volverá a pasar y que más vale que la ciudadanía se vaya amoldando a este nuevo escenario en el que todo puede pasar. Lo advierten desde hace varios años expertos meteorológicos de medio mundo, que avisan que el cambio climático está provocando grandes modificaciones en el tiempo, entre ellas –la más preocupante– una tendencia al incremento de la temperatura media, que puede oscilar entre 1 y 4 grados al año.

Y todo esto Sevilla se lo ha tomado al pie de la letra. En este último año –desde junio de 2015 a mayo de 2016–, los termómetros han registrado unas temperaturas más altas de lo habitual. Históricamente, y según los datos de la Aemet, la media anual –entendiéndose esta como el compendio entre las máximas y las mínimas– se quedaba en los 19,2 grados, siendo julio el mes más caluroso con 28,2 grados y enero el más frío con 10,9 grados.

Pero en este nuevo escenario, las estadísticas están más que nunca para romperse. En los últimos doce meses, la temperatura media en Sevilla ha sido de 20,1 grados, uno por encima de lo habitual. Y aunque julio y enero han vuelto a representar los extremos, lo han hecho con cifras muy superiores a las de los últimos años. El primer mes del año cerró con 13,1 grados de media, dos por encima de la media, en lo que fue el registro más alto desde que la Aemet comenzó a contabilizar los datos en el año 1920. Julio, por su parte, fue un mes muy cálido, con dos grados por encima de los registros medios, quedando fijados los termómetros en 30,3 grados.

Hasta aquí todo podría parecer ciertamente normal, sobre todo teniendo en cuenta la tendencia mundial al aumento anual de las temperaturas como consecuencia del cambio climático. Pero también hubo novedades en los valores extremos, en algunos casos de forma sorprendente, del resto de los meses. El último septiembre, por ejemplo, fue uno de los más fríos de cuantos se recuerdan en Sevilla. La temperatura media del mes se quedó en 23,9 grados, algo más de un grado por debajo de lo habitual. También octubre experimentó un fenómeno parecido. En este caso, los registros hicieron que la Aemet calificara el mes como «normal», aunque si hubo una importante diferencia con el resto de capitales andaluzas donde fue «muy cálido». A pesar de sus valores dentro de la normalidad, Sevilla fue entonces la provincia más fría de toda Andalucía.

Y aunque con estos precedentes todo haría indicar que el pasado invierno fue uno de los más gélidos de la historia, finalmente ocurrió más bien todo lo contrario. Esta locura del tiempo disparó los termómetros en noviembre hasta los 16,2 grados de media y en diciembre hasta los 14,2 grados. Dos situaciones que llevaron a Meteorología a calificarlos como meses «muy cálidos», con uno y dos grados respectivamente por encima de lo habitual en la serie histórica.

¿Pero fue un tendencia? Más bien un hecho puntual que, en los meses siguientes, se dio la vuelta por completo. Aunque la lógica invite a pensar que si noviembre y diciembre fueron meses muy cálidos la primavera sería casi insoportable, los termómetros cambiaron radicalmente su inercia y dejaron a marzo y abril por debajo de las temperaturas habituales. O lo que es lo mismo, más fríos de la cuenta. En concreto, los registros medios de marzo se quedaron en los 13,4 grados, algo más de dos por debajo de la media. En abril, por su parte, las temperaturas también cayeron a los 16,8 grados, siendo Sevilla el único punto de toda Andalucía en el que la calificación final de la Aemet fue de un mes considerado como «frío».

El caso de mayo bien merece un capítulo aparte. En 2015 fue un mes «extremadamente cálido» con 24 grados de media, tres por encima de lo habitual. Pero no fue el único hito. El día 13 se registraron 40,8 grados, la temperatura más alta de toda la historia. Además, también se produjo la media de las máximas más elevadas de toda la serie histórica, con 32,3 grados. Pero lo que fue un escenario de extrema calidez se ha transformado en solo en un año en un panorama completamente distinto. Este mayo que no se nos acaba de marchar ha sido más frío de la cuenta y, lo más destacado, más lluvioso que nunca. En conjunto, se registraron 148,3 litros por metro cuadrado, un 487 por ciento más de lo habitual en esta misma fecha en la que la media de precipitaciones se sitúan en torno a los 30 litros por metro cuadrado.


¿Llueve más o menos?

Estos últimos doce meses han sido realmente anómalos en cuanto a los registros de las temperaturas. Una modificación de los valores normales que no ha sido tan pronunciada en el caso de las precipitaciones. Aunque parezca increíble, en este periodo ha llovido menos de lo habitual, es decir, por debajo de la media. Entre junio de 2015 y mayo de 2016 se contabilizaron 520 litros por metro cuadrado, 19 menos que la cifra que señala como normal los datos de la serie histórica. Una desviación poco relevante si no fuera porque casi una cuarta parte de esa cantidad se registró solo durante los primeros diez días del último mayo.

Lo cierto es que el resto del año apenas llovió. Los meses de junio, julio y agosto del pasado año sumaron 1,2 litros, un registro, eso sí, dentro de lo habitual por esas fechas. Más preocupante fue lo ocurrido durante el mes de septiembre, en el que tradicionalmente los embalses suelen recuperar el déficit de los meses de verano. No fue así en 2015, con solo 13,2 litros recogidos. Una cifra que motivó que la Agencia Estatal de Meteorología lo calificara como «seco». También lo fueron noviembre (45,2 litros) y diciembre (18,6 litros). Solo se salvó de estos datos negativos el mes de octubre, con 125,5 litros por metro cuadrado, el doble de la media habitual en ese periodo del año.

Una situación que se revirtió en lo que va de año. En enero y febrero llovió lo «normal», con 50,4 y 27,3 litros respectivamente. Lo mismo que en lo que llevamos de primavera, con un abril que sí ha sido especialmente húmedo. Basta con recordar la última Feria pasada por agua. Con mayo al frente de todos los récords, lo meses que se avecinan parecen dispuestos a mantener la tendencia. Preparen el abanico y, por si acaso, no extravíen el paraguas.


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