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Los valores del toreo llegan a la oficina

El matador de toros Eduardo Dávila Miura ejerce de ‘coach’. En el campo, enseña los valores del toreo: motivación, gestión de grupos, toma de decisiones o liderazgo. De la plaza, al despacho

03 nov 2015 / 19:09 h - Actualizado: 03 nov 2015 / 19:09 h.
  • Eduardo Dávila Miura enseña a coger el capote a un grupo de directivos de una multinacional francesa en el cortijo El Esparragal. / Manuel Gómez
    Eduardo Dávila Miura enseña a coger el capote a un grupo de directivos de una multinacional francesa en el cortijo El Esparragal. / Manuel Gómez
  • Un mujer torea de capa ante la presencia de Dávila Miura. / Manuel Gómez
    Un mujer torea de capa ante la presencia de Dávila Miura. / Manuel Gómez

En qué se parecen un matador de toros y un empresario? A bote pronto, la mayoría de las personas diría que en nada, y podrían exponer los siguientes motivos de forma natural: El primero es un oficio ligado a las Bellas Artes y con un fuerte arraigo en España en el que una persona domina a un animal bravo gracias a la técnica y el valor, pero con estética. Su trabajo se desarrolla normalmente en el campo y en las plazas de toros. El segundo es una persona cuyo lugar de trabajo habitual es una oficina y se dedica mayormente a comprar y vender, ya sean bienes materiales o sus conocimientos teóricos y prácticos como abogado, médico o arquitecto, entre otros.

Pues bien, el matador de toros Eduardo Dávila Miura (Sevilla, 1974), piensa radicalmente lo contrario. Y además de pensarlo, lo explica. Dávila tiene facilidad de palabra y don de gentes, con lo cual su mensaje cala mucho mejor en el destinatario. Pero para quienes recelan de sus teorías, se los lleva al campo junto a su equipo de trabajo y lo demuestra con hechos. ¿Cómo? A través de una actividad bautizada como Bull Team en la que aplica los valores del mundo del toro a la vida ordinaria de la empresa, tanto si eres el jefe como el trabajador. «Los paralelismos son más que evidentes», asegura Dávila Miura.

¿Y cuáles son? «No son mundos tan lejanos porque en los dos existe miedo al fracaso. Yo he pasado mucho miedo en el hotel antes de vestirme de luces, y puedo asegurar que no era miedo a sufrir una cornada sino que tenía miedo al fracaso. A no triunfar, a irme de vacío sin el reconocimiento del público después de haber hecho un gran sacrificio entrenándome. Y en el mundo de la empresa, ocurre lo mismo. El empresario tiene miedo al fracaso, a que no salgan bien las cosas y que su producto no sea bueno. En definitiva, a perder dinero», relata Dávila.

Cómo aprender a vivir con esta enorme presión es una de las ponencias que Dávila Miura ofrece a todos los empresarios y empleados, más de 1.200, que ya han realizado esta actividad de coaching taurino. «Un torero vive al límite muchas veces, muchísimas, y no sólo por la presión de jugarte la vida, sino porque hay que gestionar muchas más cosas que pasan desapercibidas para el gran público». Entre ellas está la gestión de equipo, un término muy ligado al mundo de la empresa y a las escuelas de negocios pero que todo matador de toros debe desarrollar desde muy corta edad, y normalmente sin haberse preparado para ello en una escuela. Los toreros se preparan en el campo, con la muleta, el capote y el ejercicio físico, pero nadie les enseña cómo motivar a la gente que está a su alrededor, cómo gestionar una crisis de su grupo tras un fracaso profesional o, por el contrario, como convivir con el éxito, que también hay que saber vivir con él. Dávila Miura lo aprendió a través de su propia experiencia, y ahora lo explica con enorme pasión, vehemencia y credibilidad a los empresarios que se lleva al campo. «Si no tienes pasión por tu trabajo, no vas a ningún sitio», remacha.

Jefe prematuro

Eduardo Dávila tomó la alternativa con 23 años, una edad en la que habitualmente un joven acaba de salir de la universidad y empieza a trabajar como aprendiz en una empresa. Es decir, arranca desde abajo para ir aprendiendo y con el paso del tiempo, intentar ascender en la compañía. En el caso de Dávila, fue de forma radicalmente opuesta. A esa edad, era el jefe. «Y todo, de repente. Era el líder de un grupo de personas que me doblaba la edad y que dependía económicamente de mí».

Para los menos puestos en el mundo taurino, alrededor de un matador de toros gira normalmente una cuadrilla –o equipo de trabajo– de tres banderilleros, dos picadores, un mozo de espadas, un ayuda del mozo, el chófer y el apoderado o representante. Es decir, nueve personas cuyos salarios dependen del matador de toros. Mientras este haga mejor su trabajo, tendrán más contratos y por lo tanto, ganarán más dinero. Como una empresa. Y como todo grupo humano, el líder debe tener a todas las personas motivadas, otro factor fundamentalmente en un equipo de trabajo si quieres que las cosas salgan bien. «El compromiso debe empezar con uno mismo. Si ellos ven que tú eres el primer en motivación, seguirán la misma línea. Pero si ven que yo voy a cumplir, que no me entreno, me cuido poco y no me pongo de verdad delante del toro, al final de forma consciente o inconsciente, harán lo mismo». Y la consecuencia de esto en la vida del torero supondrá que bajará su nivel delante del toro y no triunfará, el público no irá a verlo, tendrá menos contratos y se reducirán sus ingresos y los de su equipo de trabajo. Al final, el eterno debate entre los empleados de una empresa: ¿El jefe debe trabajar o solo mandar? Queda claro que lo primero.

Dentro de los equipos de trabajo, también existen paralelismos entre la empresa y el mundo del toro. Hay que saber gestionar el talento y los recursos humanos, otra de las enseñanzas que Dávila ha ido adquiriendo a lo largo de su carrera y que ahora traslada a los empresarios a través su faceta como coach. «Uno de los días más duros fue la primera vez que tuve que despedir a una persona de la cuadrilla. Era un picador que por diferentes razones no estaba al cien por cien, pero no me atrevía a decírselo. No sabía cómo afrontar esa situación y fue mi madre la que me convenció. Si no das el paso ahora, no lo darás nunca, me dijo. Y así fue». Esta experiencia, aprendida en la vida y no en la escuela, también le sirve a Dávila para justo lo contrario: explotar el talento de quienes trabajan con él y ayudar a crecer a los nuevos valores. «He tenido banderilleros por los que aposté cuando eran jóvenes. Les veía algo distinto y creí en ellos. Hoy día están ahí arriba, triunfando. Hay que saber apostar por los jóvenes talentos aunque sepas que algunos días fallarán. Son jóvenes e inexpertos y es lo normal. Eso también lo enseñamos en el campo con los valores del mundo del toro».

Quienes realizan la actividad de Bull Team aprenden las nociones básicas del toreo, cómo coger una muleta y un capote para enfrentarse a una pequeña becerra y darle algunos pases. También desarrollarán otras actividades del mundo del toro en la que los directivos ven cómo sus empleados trabajan en equipo, quién toma las decisiones y quién se limita a contemplar. «Metemos ganado en los corrales y les pedimos que vayan moviendo las puertas para pasar una vaca a un lado y otras a otro. Requiere destreza y compenetración. También, les damos el peto de un caballo de picar y deben ponérselo al animal. No es fácil, pero si trabajas bien en equipo se consigue», recuerda Dávila.

Pero todo ello hay que transmitirlo con pasión, Dávila lo hace y así cree que deben hacerlo los directivos. «La pasión es vital. Normalmente hay dos caminos. Uno cómodo y otro difícil, pero este último será el que dé más satisfacciones. «Reaparecí para matar la corrida de Miura y rendir homenaje a mi familia. Pude haberlo evitado pero siempre viviría con ese resquemor. Aposté por el camino complicado, pero la satisfacción fue enorme. Ha sido la tarde más importante de mi carrera, no la mejor pero sí la más importante». Otro ejemplo más de que el mundo del está muy ligado al empresarial. Y si no lo creen y además quieren mejorar, vayan al campo con Dávila Miura y prueben el Bull Team. El camino será complicado, pero no se arrepentirán.

TOREAR UNA VACA, ACTIVIDAD ESTRELLA

La actividad estrella que realizan con este coaching taurino es torear, propiamente dicho. Tras unas nociones básicas, deberán vencer su miedo y darle algunos pases a una becerra. «La decisión y la confianza son otras actitudes que se descubren en esta actividad», cuentan Rafael Peralta e Ignacio Moreno de Terry, los socios de Dávila Miura. Entre los tres idearon el Curso de Aficionados Prácticos Taurinos, un actividad a través de la cual los amantes del toro tienen la oportunidad de torear en tentaderos en las principales ganaderías. Ya han pasado por el CAPT más de 3.000 personas. «Ellos aprenden de nosotros pero yo de ellos. Es muy gratificante», sentencia Dávila Miura.


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