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Hay encuentros que cambian la vida

Nos enfrentamos al mayor movimiento de personas desplazadas sin precedentes en la historia reciente. Esta problemática global transciende fronteras, razas, culturas y credos, y por tanto, a todos nos concierne

15 dic 2018 / 06:30 h - Actualizado: 15 dic 2018 / 06:30 h.
  • Un inmigrante rescatado de aguas del estrecho. EFE
    Un inmigrante rescatado de aguas del estrecho. EFE

Que hay encuentros que cambian la vida, es una experiencia personal que he descubierto con asombro. Es fácil darse cuenta, cuando uno es sensible a las necesidades ajenas, que la vida humana es valiosa no tanto por lo que dura, cuanto por sus encuentros. ¡Esos "tropiezos" con diferentes personas que transforman nuestra vida! Curiosamente, nuestra existencia puede tomar una dirección nueva a raíz del encuentro con un individuo. Una joven que se encuentra con un chico que se convertirá en su pareja; un artista que conoce al maestro que dará forma a su talento; un científico que halla a un profesor que le abre camino. En las amistades o en el mundo laboral, siempre hay un encuentro que marca la vida y que determina, de alguna manera, el futuro. Muchos de estos encuentros terminan fraguando en una honda amistad. Razón tenía mi abuela cuando decía: "Quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro".

No es fácil prever cuándo se dará un encuentro de este tipo, a veces es por sorpresa. En ocasiones se convierte en un verdadero descubrimiento personal, cuyo momento se transforma en mágico y decisivo para dar un nuevo rumbo a la vida. Me ocurrió cuando conocí a Nuria. Ella es natural de Guinea Ecuatorial y lleva en España varios años. Por motivos laborales tuvo que venirse a Europa para tener una vida más digna, o como decía mi abuela, para "abrirse camino". Nuria tiene tres hijos de edad muy temprana con los que lucha para salir hacia adelante. Ella no ha llegado a España con las manos vacías, trae consigo una fuerza interior impresionante, una riqueza humana y espiritual que asombran, y unas capacidades laborales estupendas. Al conversar con ella me siento enriquecido, su mentalidad y su cultura me hacen comprender muchas cosas. La mirada de Nuria es la de una persona emprendedora y valiente, con una trayectoria ante la que "me quito el sombrero", en expresión de mi abuela claro está, y con un espíritu de sacrificio que asombra. ¡Por cierto, entre sus muchas cualidades, Nuria canta como los ángeles!

Desde principios de año, unos 45.000 migrantes han alcanzado las costas españolas. Si a esto añadimos los datos proporcionados por la ONU a nivel global, las cifras son inquietantes: 250 millones de personas han tenido que emigrar de sus casas. Un número que continúa incrementándose a una velocidad alarmante. Nos enfrentamos, en palabras del papa Francisco, "al mayor movimiento de personas desplazadas y de refugiados sin precedentes en la historia reciente". Precisamente, si estáis al tanto de las noticias, los días 10 y 11 se ha firmado en Marrakeck el Primer Pacto Migratorio Global, que ha convocado a los representantes de 180 naciones. Se trata de un acuerdo mundial con el que se pretende responder a este inmenso flujo de personas que vagan por nuestro mundo, sin apenas respaldo y acogida. Aunque el acuerdo adoptado no sea vinculante, sí es cierto que constituye el primer intento global de aunar esfuerzos y tomar decisiones, respecto a esta problemática que transciende fronteras, razas, culturas y credos, y que por tanto, a todos nos concierne.

Reflexionando sobre el valor de la libertad, don Marcelo Spínola, con tintes modernos, afirma que "sin la libertad no existe la dicha, y que ella misma constituye una de nuestras mayores alegrías". En dicha reflexión, nuestro protagonista afirma que la persona extranjera que no es acogida, protegida e integrada en la sociedad a la que llega, "no se siente bien, porque no es libre". Estupendo pensamiento el de don Marcelo, al que debemos aspirar todos: ¡que un migrante ha de ser libre en el país al que llega! En su deseo de trabajar por los más desfavorecidos, Spínola siempre lo daba todo. Su compromiso en favor de los excluidos y estigmatizados le hacía darse por completo. Terminada la carrera de Derecho, ejerció durante dos años como abogado en Huelva. Entre los pleitos que asumía, la mayor parte eran causas de los más desfavorecidos. Esto hizo que pronto se ganase la confianza y el cariño de todos los que a él acudían, así como el reconocimiento de "abogado de los pobres". ¡Qué duda cabe, que en la actual situación migratoria, don Marcelo defendería a quienes vienen de fuera buscando una vida más digna!

Siguiendo su ejemplo y enseñanza, he descubierto que el encuentro personal con un migrante puede cambiar nuestra vida y hacernos comprender esta problemática de manera muy distinta. Solía repetir mi abuela, una frase que siempre he atribuido a santa Teresa, y que en este caso viene "como anillo al dedo". Decía mi Enriqueta: "qué distinto se entiende, lo que después de experimentado se ve". Es verdad, el trato directo con una persona y el frecuente diálogo con ella, hace que vayamos cambiando nuestra manera de pensar sobre un determinado tema. Lo he experimentado hablando con mi amiga Nuria, y con otros familiares y amigos como Israel, Daly, Mamadou, Josefa Claudia, etc. Por eso te animo a que en estas navidades te busques a un amigo migrante con el que compartir las fiestas. Te aseguro que entenderás de veras porque hay encuentros que cambian la vida.


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