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Lobos atroces que devoran las almas de los inocentes

«Me gustaría agradecer sinceramente a los trabajadores de los medios que han sido honestos y objetivos, y que han tratado de desenmascarar a estos lobos y de dar voz a las víctimas»

16 feb 2019 / 08:00 h - Actualizado: 16 feb 2019 / 08:00 h.
  • El papa Francisco. / EFE
    El papa Francisco. / EFE

El papa Francisco siempre nos sorprende, aunque algunos no quieran reconocerlo. En el tradicional discurso que dirigió a los miembros de la Curia romana para felicitarles la navidad de este año pasado, ha querido dejar muy clara su postura frente a los abusos de poder, de conciencia y sexuales cometidos por miembro de la Iglesia. Partiendo del texto de san Pablo, "la noche está avanzada, el día está cerca: dejemos las obras de las tinieblas y revistámonos con las armas de la luz", Francisco ha señalado que la Iglesia no puede quedar al margen del resplandor que viene de Cristo. La luz ilumina y permite ver con claridad; por el contrario, la tiniebla nos impide reconocer la verdad, y permite que el mal se desarrolle.

A mi abuela Enriqueta le gustaba decir que la oscuridad no era otra cosa que la carencia de luz. De esto tomé conciencia cuando leí la obra, "Mi visión del mundo", del físico alemán Albert Einstein, en la que afirma que “la oscuridad no existe, sino que es, en realidad, ausencia de luz”. Creo entender que por esta senda camina el papa Francisco, cuando sostiene que en la comunidad eclesial la tiniebla del pecado es ausencia de la Luz divina. Dicho de otra manera: que la maldad cometida por sus miembros es carencia del bien supremo y, por tanto, ausencia de Dios en sus vidas. Y, por mucho que se llamen cristianos, o que ejerzan responsabilidades en la Iglesia, no son “representantes” auténticos de Cristo.

Spínola toma del evangelista san Juan una comparación muy expresiva que nos ayuda a entender el pensamiento del papa Francisco, en su empeño de reformar la Iglesia. Me refiero a la diferencia que existe entre el día y la noche, o entre la luz y la tiniebla. Según don Marcelo, los pastores de la Iglesia están llamados a ser luz del mundo con su testimonio de vida. Esta idea la repite en multitud de ocasiones. Les pongo varios ejemplos de "pastores refulgentes" que con sus vidas han iluminado a muchas personas. Luz del mundo fue Alberto Magno, que además de ocupar grandes responsabilidades en la Iglesia, fue un gran filósofo, geógrafo y químico. También lo fueron, Roger Bacon, precursor del método científico moderno; Georges Lemaitre, astrónomo y profesor de física que propuso la teoría de la expansión del universo y del Big Bang; José Celestino Mutis, importante botánico, matemático, geógrafo, médico y profesor de la Universidad del Rosario, en Bogotá. En el ámbito de los derechos y de la justicia social no podemos olvidarnos de ejemplos como el de Miguel Hidalgo, que dirigió política y militarmente el inicio del movimiento independentista de México frente al imperio español.

De la misma manera que muchos pastores han sido con sus vidas ejemplares, estelas en el firmamento del mundo; los hay que se han dedicado, y por desgracia siguen dedicándose, a propagar la tiniebla con sus miserias personales. “Un día cayó sobre nosotros repentinamente un rayo esplendoroso de luz que alumbró nuestras tinieblas, y con su claridad vimos con espanto el monstruo horrendo del pecado”. Así explica esta terrible experiencia del pecado nuestro querido don Marcelo.

Lo explica Spínola y lo denuncia enérgicamente Francisco, como ha hecho en el discurso navideño, anteriormente mencionado. Tras incidir en la necesidad de una Iglesia en permanente estado de renovación y de reforma, el papa hace sobresalir su convicción "de que la luz es siempre más fuerte que la oscuridad". Sin embargo, no es difícil percibir la tiniebla, introducida en la Iglesia por el antitestimonio y los escándalos de quienes han provocado las heridas de los abusos. Empeñado activamente en erradicar los abusos de poder, de conciencia y sexuales que hacen sufrir a tantas personas en el mundo, el papa termina afirmando que estos males convierten en corruptos a las personas que los hacen. Francisco denuncia la situación de quienes, ocupando algún cargo de responsabilidad en la Iglesia, "ocultan descaradamente a un lobo atroz listo para devorar a las almas inocentes".

Además de emplear palabras muy duras y contundentes a la hora de condenar esta lacra, el papa hace un comentario que no me gustaría pasar por alto, y que contrasta con la visión del tema que tienen muchos dirigentes y pastores de la Iglesia. Curiosamente, mientras muchos salen en defensa de la Iglesia, ante las diversas campañas de algunos medios de comunicación social que ponen al descubierto los casos de abusos que se están juzgando, siempre con la presunción de inocencia que ha de ser reconocida en todo ser humano y que nunca puede faltar; Francisco no se defiende de tales "acusaciones", sino que además, agradece el bien que hacen los profesionales de la información al "desenmascarar a estos lobos y dar voz a las víctimas". ¡Curiosa y desconcertante para algunos, esta manera de actuar del papa!

No podemos pasar por alto esta forma de proceder de la máxima autoridad de la Iglesia católica, cuyas palabras más controvertidas transcribo a continuación, para que sean leídas por quienes se defienden “a capa y espada” de tales campañas mediáticas: "algunos dentro de la Iglesia, se alzan contra ciertos agentes de la comunicación, acusándolos de ignorar la gran mayoría de los casos de abusos, que no son cometidos por ministros de la Iglesia -las estadísticas hablan de más del 95%-, y acusándolos de querer dar de forma intencional una imagen falsa, como si este mal golpeara solo a la Iglesia católica. En cambio, me gustaría agradecer sinceramente a los trabajadores de los medios que han sido honestos y objetivos y que han tratado de desenmascarar a estos lobos y de dar voz a las víctimas. Incluso si se tratase solo de un caso de abuso -que ya es una monstruosidad por sí mismo- la Iglesia pide que no se guarde silencio y salga a la luz de forma objetiva, porque el mayor escándalo en esta materia es encubrir la verdad". ¡Qué distintas formas de entender un mismo tema encontramos dentro de la comunidad cristiana! ¡Qué distantes del pensamiento del papa se encuentran las opiniones de muchos dirigentes de la Iglesia!

Decía mi abuela, que todos necesitamos estar siempre en permanente cambio, "aprendiendo a ser mejores". La Iglesia ha acuñado un axioma clásico que recoge esta idea: Ecclesia semper reformanda, la Iglesia siempre necesita de reforma, de conversión y de purificación, y Francisco se ha empeñado en continuar esta tarea iniciada por el Concilio Vaticano II, en la década de los sesenta del siglo pasado. La Iglesia no puede permanecer anclada en un momento histórico determinado. Ha de vivir inserta en las realidades temporales y aprender de ellas. Su actitud ha de ser de reconocimiento y diálogo cordial con todas las realidades temporales y no de superioridad y dominio. Por eso, no ha de tener miedo a las aportaciones que le vengan de la reflexión secular. Siempre constituirá un verdadero enriquecimiento para ella. Su reforma permanente ha de tener en cuenta los actuales desafíos de la globalización y de las aportaciones de otras disciplinas seculares como la historia, la ciencia, la antropología, la sociología, la medicina, la biología, la filología, la filosofía, la psiquiatría, etc.

Ciertamente, el papa Francisco no deja de sorprendernos, y todos esperamos como agua de mayo la celebración de la Cumbre anti pederastia que se celebrará en los próximos días 21 a 24 de febrero en el Vaticano, cuyo objetivo es buscar soluciones para prevenir los abusos sexuales en la Iglesia. Dios quiera que sirva para tomar conciencia de esta grave atrocidad cometida por miembros de la comunidad eclesial y para que ésta adopte nuevas medidas en su lucha contra los abusos de poder, de conciencia y sexuales que siguen cometiéndose en el interior de la Iglesia.


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