lunes, 17 diciembre 2018
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¡Los milagros existen!

Cuando de la nada surgen las cosas, a eso le llamo milagro, milagro del cielo por medio de instrumentos humanos. De ahí que no haya dudado en afirmar que en Sevilla tenemos un ARPA con sonido celestial.

08 dic 2018 / 06:30 h - Actualizado: 07 dic 2018 / 10:33 h.
  • Una sesión en ARPA. / Jesús Barrera
    Una sesión en ARPA. / Jesús Barrera

Recuerdo que siendo niño, a mi abuela Enriqueta la tuvieron que intervenir quirúrgicamente, realizándole una traqueotomía. En la memoria se me quedaron grabados aquellos eternos días en los que ella no podía mencionar palabra, o aún intentándolo no salía de su boca expresión alguna. Fue entonces cuando me di cuenta del valor tan importante que es el poder comunicarse con otras personas. Comprendí que el lenguaje es el modo más natural de expresarse, aunque no siempre el ser humano lo utilice de manera adecuada y en tantas ocasiones seamos herméticos. Posteriormente, he ido haciendo uso de este poder comunicativo que nos da el lenguaje, y sin darle mayor importancia lo he convertido en instrumento de mi labor cotidiana, exteriorizando en palabras la profundidad de mi pensamiento.

Este "descubrimiento" no es sólo mío. Nuestro maestro, el gran don Marcelo, supo también emplear el lenguaje como instrumento comunicativo. Para que se hagan una idea: ¿saben ustedes cuántas páginas configuran sus enseñanzas manuscritas? Conservamos más de 16.000 folios de su puño y letra. ¡Vamos, todo una biblioteca! Con razón se le consideraba uno de los grandes comunicadores de su época.

En la medida en que he ido creciendo y asumiendo responsabilidades, "me he percatado" decía mi abuela, de la suerte que tengo de poder comunicarme. Y dirá quién me esté leyendo, ¡pues vaya descubrimiento! Pues sí, saben una cosa, que "no apreciamos lo que tenemos hasta que lo perdemos", ¡a que no saben quién me decía estas cosas!

Hace un par de semanas tuve la suerte de visitar las instalaciones de ARPA (Asociación de Rehabilitación y Prevención de Afasia), y sinceramente me quedé asombrado del buen ambiente que allí se respira. Me sirvió para tomar conciencia de aquello que, por medio de mi abuela, comencé a comprender de niño: que el poder comunicarme y expresarme es una delicia. Y todo gracias al descubrimiento de la labor que en esta asociación se realiza.

La afasia es una alteración del lenguaje que tiene su origen en un daño cerebral, producido por un ictus, un traumatismo, una infección, algún tumor o enfermedad neurodegenerativa. La consecuencia más significativa que produce la afasia es la incapacitación parcial o total para la comunicación con otras personas, aunque suele mantener inalterado el lenguaje interior y otras muchas capacidades físicas, psíquicas y espirituales del individuo.

Para un nutrido grupo de profesionales de la medicina, la recuperación del paciente afásico roza la utopía. ¡Vamos un puro milagro, en el sentido más primitivo del término! Existe poca información y preparación médica al respecto. Además, es muy limitada la ayuda que estos enfermos reciben por parte de la administración pública. La persona que es diagnosticada de afasia sufre mucho al sentirse impotente sin saber qué hacer al respecto, ya que apenas puede comunicarse. Pues miren, yo les doy la respuesta: pónganse en contacto con ARPA Sevilla (www.arpaafasia.es), y conozcan su sede, los medios y recursos con los que cuenta, la ayuda que ofrecen y las actividades que organizan. Pero, sobre todo, conozcan a las personas que en esa asociación se mueven. Desde los profesionales, ¡chapó por todos ellos!, hasta los pacientes y familiares, que día tras día luchan por sacar adelante a tantas personas que padecen afasia.

Curiosamente, don Marcelo tenía una muy alta estima y preocupación por las personas enfermas, sea cual fuera su malestar. Siendo capellán de la iglesia de la Merced, en Sanlúcar de Barrameda, entró en contacto con una antigua Fundación, que bajo el nombre de confraternidad de Nuestro Padre Señor San Pedro, se dedicaba a la atención de los enfermos más desasistidos del pueblo. Esta institución, además de dádivas y limosnas, poseía algunas tierras de cuyas rentas se beneficiaban dichos enfermos. El responsable último, el padre mayor, lo llamaban, era siempre un sacerdote del pueblo que presidía la asociación anualmente. Don Marcelo fue elegido varias veces para ostentar el cargo y durante su regencia, la hermandad experimentó un considerable aumento de ingresos, por consiguiente, fueron favorecidos muchos más pacientes. Según los anales, durante esos años se asistieron a más de mil ochocientos enfermos, ¡que se dice pronto!, no olviden que hablamos de los años 1865 al 1871. Cuando de la nada surgen las cosas, a eso le llamo milagro, milagro del cielo por medio de instrumentos humanos. De ahí que no haya dudado en afirmar, que en Sevilla tenemos un ARPA con sonido celestial.

Se me quedaron grabadas las imágenes de mi querida abuela cuando fue operada y no podía soltar palabra. En estas últimas semanas, el recuerdo me ha actualizado el valor de la comunicación. Todo gracias a que en Sevilla hay una Asociación que se ha propuesto continuar en la línea de nuestro maestro, con su misma filosofía humana, haciendo posible que muchas personas recobren la esperanza, que se sientan comprendidas y puedan comunicarse. Tenía razón mi abuela cuando yo le pregunta por qué no me decía nada, tras aquella operación de garganta. Su respuesta escrita era siempre la misma: "ten paciencia y persevera, que al final recupero el habla". Y, ¿saben ustedes cuál fue la primera frase que de sus labios escuché tras una larga rehabilitación y espera? "Os amo, os quiero, gracias por estar junto a mi lado". Como escarpias se me pone el vello de sólo pensarlo. Les aseguro que hace un par de semanas presencié un milagro: el que brota del corazón humano cuando ama y trabaja por el bien de los enfermos. ¡Qué delicia escuchar el sonido del ARPA sevillana!


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