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101 años de la era Dadá

El céntrico espacio cultural El Gallo Rojo acogió en víspera de Reyes una optimista y militante celebración del movimiento dadaísta para clausurar el Mercado de Invierno de libros de artista

08 ene 2017 / 22:12 h - Actualizado: 08 ene 2017 / 22:57 h.
  • Barroso, impartiendo una lección de ética al público. / I. G. C.
    Barroso, impartiendo una lección de ética al público. / I. G. C.
  • Rubén Barroso, en el centro, ha sido el responsable del Mercado de Invierno en El Gallo Rojo y del 101 aniversario del Año Dadá. / Manuel Gómez
    Rubén Barroso, en el centro, ha sido el responsable del Mercado de Invierno en El Gallo Rojo y del 101 aniversario del Año Dadá. / Manuel Gómez

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Algunas cosas en el arte contemporáneo siempre van a contramano. Es así porque sí y porque tiene que ser así. El pasado 4 de enero, en vísperas de Reyes Magos, el céntrico espacio El Gallo Rojo acogía a las fuerzas vanguardistas (y vivas) de la ciudad para festejar el comienzo del 101 año Dadá. O lo que vino a ser la celebración y la vigencia de aquel movimiento cultural, transgresor y profundamente experiencial que se fundó en el Cabaret Voltaire en Zúrich en 1916.

Pero las cosas no se hacen solas. Y alguien tiene que empeñarse; empeñarse hasta desfallecer si hace falta. Y ahí volvía a estar Rubén Barroso, al frente del fasto, sabedor de ser él mismo faro y guía de una manera distinta de hacer Sevilla, que es haciéndola y maldiciéndola a la vez. Es así que mientras que centenares de sevillanos circundaban el espacio, algunos (pocos) reparaban en la (aparente) extrañeza de lo que allí se contemplaba. Barroso, a la sazón director de la veterana muestra de arte de acción Contenedores, impartía una lección de ética, con un libro pegado –literalmente– a su cara. De vez en cuando, una espontánea pelaba un plátano y otro regaba sin ton ni son las pequeñas plantas de las mesas. Más al fondo alguien vociferaba «¡no!» de manera azarosa. Puro Dadá. Desde el Más Allá –si es que algo tan relevante existiera para un dadaísta– los papá fundadores Tristan Tzara y Hugo Ball hubieran estado orgullosos de ver cómo unos pocos hispalenses ponían en pausa la Navidad para rendir homenaje a quienes hicieron de la práctica artística, antes que cualquier otra cosa, una libérrima y optimista celebración de vida. Ellos, aun con más mérito, lo hicieron además metidos en pleno fregado de la Primera Guerra Mundial.

También hubo una subasta. Se pujó por una bombilla y hasta por un palito, porque «un palito puede servir para todo pero también puede que no sirva para nada», según su dueño intelectual, Arturo Comas. Y mediante una esforzada colecta se adquirió y se repartió entre los presentes el contenido de la bolsa de cotillón del FAR (Foro de Arte Relacional), con piezas de Antonio Gala y Pepe Murciego, entre otros. Poemas, dibujos y hasta una uva fosilizada dentro de un plástico. «Algo es una tomadura de pelo o no en función de la actitud del creador», decía a este periódico Rubén Barroso en 2013. Y, en todo caso, cabría preguntarnos si, dado que el dadaísmo propicia la felicidad de algunos, ¿a qué ponerle pegas?

De lo que no hay dudas es que a las sacrosantas instituciones patrias que custodian el arte contemporáneo el centenario del dadaísmo les ha importado bien poco. Pero ante quienes vuelven la espalda, Barroso, al que un político bien avispado debería conceder la gracia de dirigir un espacio de arte contemporáneo, pero del contemporáneo de verdad, del fetén, se ha pasado 2016 rindiendo merecida atención.

Hizo nacer el efímero Club Dadá de Sevilla, dedicó sus Contenedores al asunto, invitando por medio al jefe del arte conceptual patrio, Valcárcel Medina, orquestó en Santa Clara la Feria del Libro de Artista EX-, se movió (mucho) con su escuela portátil para convencer a los pequeños de que, pese a lo que dicen algunos profes, el arte no se acabó con Sorolla y, a los postres, hasta montó un Mercado de Invierno. En ese, abierto hasta hace solos unos días, se admiraron y se vendieron obras de gente que, si no fueran andaluzas, habría que importarlas de Kuala Lumpur, de ser preciso. Aure Gallego, Arturo Comas, Las Liebres Muertas o José Iglesias Arenal son algunos de ellos. Artistas fetén, como Fetén es el nombre de la revista que también ha tenido tiempo de alumbrar Barroso. De nuevo, ¡viva Dadá!


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