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Al gimnasio con Heracles

CaixaForum Sevilla acoge hasta el 17 de junio la exposición ‘La competición en la antigua Grecia’, con decenas de obras maestras prestadas por el British Museum

20 mar 2018 / 21:57 h - Actualizado: 21 mar 2018 / 00:10 h.
  • Al gimnasio con Heracles
  • <p>Dioses y mortales se mezclan en la muestra. </p><p>/ Reportaje </p><p>gráfico: Manuel Gómez </p>

    Dioses y mortales se mezclan en la muestra.

    / Reportaje

    gráfico: Manuel Gómez

  • Rafael Herrador, Lesley Fitton, Elisa Durán, Peter Higgs y Moisés Roiz. / M. Gómez
    Rafael Herrador, Lesley Fitton, Elisa Durán, Peter Higgs y Moisés Roiz. / M. Gómez
  • Estatua de mármol romana del siglo I después de Cristo.
    Estatua de mármol romana del siglo I después de Cristo.
  • Fragmento escultórico del Mausoleo de Halicarnaso.
    Fragmento escultórico del Mausoleo de Halicarnaso.
  • Busto de Apolo, dios de la música.
    Busto de Apolo, dios de la música.
  • Ánfora encontrada en Etruria y proveniente del Museo Británico.
    Ánfora encontrada en Etruria y proveniente del Museo Británico.

¿Puede una exposición ser más épica que Ben-Hur y más guerrera que 300? Es más, ¿puede un puñado (largo, todo hay que decirlo) de esculturas y objetos milenarios resultar más atractiva que toda la parafernalia de Hollywood? Hasta el 17 de junio si visita el CaixaForum Sevilla descubrirá que la respuesta a la cuestión es rotundamente afirmativa. Aunque su mensaje quiera ser edificante, en la muestra La competición en la antigua Grecia corre la sangre. «Los griegos fueron el pueblo más belicoso de toda la historia», afirmó ayer el comisario de la exposición, Peter Higgs.

Y aunque no solo de mamporros y javalinas viven los ojos que contemplan este despliegue del Museo Británico en Sevilla, lo cierto es que de lo que se trata aquí es de comprender la magnitud que para la antigua Grecia tenía la idea de competición, en la que héroes, atletas y guerreros ilustraban una rivalidad que dominaba todos los aspectos de la vida, también la creación artística. «Los griegos aspiraban a alcanzar la excelencia mediante el equilibrio entre el cuerpo y el espíritu, por un lado, mediante el deporte y, por el otro, a través de la filosofía, las artes y las ciencias», abundó ayer Higgs. Bajando a la tierra o, más bien a las vitrinas que aquí se nos presentan, lo cierto es que hay que pellizcarse. Objetos, esculturas, bustos, vasijas, joyas, tablas funerarias, máscaras, armas, instrumentos musicales, ánforas que datan de muchos siglos antes de Cristo y que nunca antes han salido del museo que custodia este tesoro en la ciudad del Támesis.

El recorrido se jalona de capítulos que hacen referencia al deporte, el teatro, la música, la guerra, la sociedad, la vida y la muerte. Y, de repente, se nos presenta Heracles, uno de los personajes más singulares de la antigüedad. «Fue el único héroe griego que se convirtió en dios, hijo de Dios y una mortal, la diosa Era, enfurecida, le envío a Heracles cuando era un bebé unas serpientes para que lo mataran. Este las estranguló. Ahí comenzó su leyenda», rememoró Higgs. La amplia selección, formada por más de 170 piezas antiguas del Museo Británico, comprende desde una decena de estatuas de grandes dimensiones hasta pequeñas figuras, desde sellos exquisitamente grabados hasta monedas. «Frente al individualismo que domina muchos aspectos de la vida actual, en la antigua Grecia la competición representaba la personalidad colectiva y era un elemento de cohesión social», añadió el comisario. «Como humanos que somos estamos continuamente enfrentándonos con situaciones que suponen un desafío. Y no hemos debido aprender mucho del pasado porque hoy, en muchos ámbitos, seguimos llevando la competición al extremo», reflexionó Higgs en la conclusión de su apasionada intervención.

El visitante, con un poco de atención (y con la ayuda, si la requiere, de la audioguía, del catálogo de la exposición de los guías del centro) podrá admirar en el CaixaForum un conjunto de obras que van desde las modestas canicas y dados que utilizaban los niños de hace 2.200 años, hasta un fragmento del friso del Mausoleo de Halicarnaso, una de las siete maravillas del mundo antiguo. Los certámenes teatrales y musicales también atraían a miles de espectadores. Escritores como Esquilo, Eurípides, Sófocles o Aristófanes participaron en estos concursos; y de todo ello se da cuenta aquí.

Otro ámbito en el que se manifestaba el espíritu competitivo era la guerra. Los estados y reinos griegos vivieron en un conflicto casi constante entre sí y con sus vecinos. Las escenas de batallas, tanto reales como imaginarias, son habituales en el arte griego: desde pequeñas gemas, hasta grandes esculturas arquitectónicas y monumentos conmemorativos en honor de soldados caídos.

Como ocurre hoy en día, la gente de diferentes clases y entornos sociales competía en la vida civil, aunque en este caso el campo de batalla eran los espacios públicos y los cementerios. Los poderosos rivalizaban por lograr mayor presencia pública y más reconocimiento. Esta lucha se traducía en un gusto por los objetos de lujo y, más allá de la muerte, en tumbas y mausoleos suntuosos.


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