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Alex Rigola: como hacer teatro sin teatro

Rigola lleva a cabo una versión más que libre de la obra de Ibsen que prescinde de la dramatización

10 nov 2018 / 18:07 h - Actualizado: 10 nov 2018 / 18:10 h.
  • Alex Rigola: como hacer teatro sin teatro

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Una versión más que libre de una de las obras más controvertidas de Ibsen, que elimina la cuarta pared hasta hacer que el público se implique directamente en la historia. Es lo que nos propone Rigola con esta nueva propuesta, en la que sigue con su búsqueda de un teatro esencial que prescinde de la dramatización.

Así, más que actuar, los intérpretes se limitan a contarnos la historia, como si estuviéramos en un acto asambleario que gira en torno a determinar la verdad y la mentira de la democracia y el sufragio universal en nuestra sociedad, donde derechos fundamentales como la libertad de expresión se ven continuamente condicionados por los intereses económicos, políticos e incluso personales. Desde luego, todo ello forma parte de la obra de Ibsen y conecta con nuestra realidad actual. Todos los días nos encontramos con casos de corrupción que, aunque salen a la luz, no acaban de corregirse. Y con respecto a la libertad de expresión, cada vez tenemos más ejemplos de su violación en nuestro país. Pero en su empeño por llevar a los espectadores a un juego de autocrítica que les convierte a todos en cómplices de esos los males de la democracia, Rigola opta por prescindir de la puesta en escena y convertir a los personajes en meros narradores cuya función primordial es vapulear nuestras consciencias de una forma tan directa como simple y falsa.

Y es que, a pesar del tratamiento realista extremo, la obra no es más que un juego de provocación que deja entrever su hecho ficticio. No hay más que ver cómo los actores cuentan los votos, o la cancioncita del final. Aunque lo peor es que a fuerza de no dramatizar Rigola prescinde de las emociones y acaba banalizando la historia. El ritmo se pierde por completo en la parte en la que se le da la palabra directamente al público. Entonces el teatro se torna en una improvisada tertulia, tan banal como tediosa, que acaba sin más cuando los intérpretes deciden retomar la obra para derivarla hacia un discurso tan moralizante como poco constructivo.

Obra: Un enemigo del pueblo

Lugar: Teatro Central, 9 de noviembre

Autor: Henrik Ibsen

Versión libre y dirección: Alex Rigola

Dramaturgista: Ferran Dordal

Intérpretes: Nao Albert, Israel Elejalde, Irene Escolar, Óscar De la Fuente y Francisco Reyes

Calificación: **


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