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Bordar la música y la emoción

Un viaje estremecedor a partir de la fuga inicial, en el que los cinco intérpretes convocados lograron insuflar nitidez y emoción en alto grado

10 sep 2017 / 10:58 h - Actualizado: 10 sep 2017 / 11:10 h.
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La feliz idea de reunir a varios y varias solistas en torno a un mismo escenario, y hacer que trabajen en conjunto, olviden sus posibles egos y compartan ideas y experiencias para sacar adelante las obras encomendadas, es uno de los grandes atractivos de un festival que merece consolidarse y convertirse en evento de referencia. Es así como la afortunada melomanía sevillana comulga con versiones tan sensacionales como las ofrecidas el pasado sábado en el Espacio Turina, en torno a una de las grandes obras del compositor que le da nombre, arropándola con autores que ayudan a situarla en el espacio y el tiempo, París a principios del siglo XX, donde Turina vivió su ineludible periplo estudiantil y conoció algunas de las claves que definirían su estilo.

Cristina Gómez, natural de Linares, es uno de esos milagros surgidos de la Fundación Barenboim-Saïd. Puede que su enorme talento hubiese quedado en el anonimato si no fuera por el empuje que le ha dado la Academia del Diván, que le ha llevado con toda justicia a la Staatskapelle de Berlín. Su exquisito fraseo al oboe, paladeando cada nota, un prodigioso dominio del legato y la respiración y un encantador estilo para dotar cada acorde de una singular expresividad, lograron una interpretación de la Sonata de Saint-Saëns luminosa y atenta a cada detalle, desde el airoso andantino al espiritual final, pasando por un bucólico y pastoril allegretto, con la inestimable ayuda de la pianista armenia Sofya Melikyan, entregada a abrigar la interpretación de Gómez sin excesos ni arrogancias. Habiendo sido Gary Hoffman la sensación de la pasada edición, esta vez es Philippe Graffin la gran estrella del festival. El violinista francés bordó con mordiente y agresividad, ataques contundentes y crispados, la Sonata de Poulenc, una obra considerada decepcionante por muchos pero que encierra un espíritu rebelde y rabioso muy atractivo, quizás por estar dedicada a Lorca seis años después de su criminal pérdida. Lifits ofreció el contrapunto con un estilo arrebatado y rapsódico, en perfecto equilibrio y sintonía con la exuberante exhibición de Graffin.

El Quinteto nº 1 de Turina es una obra monumental, cuya interpretación en París motivó un cambio de rumbo en la carrera del compositor, debido al consejo de Falla y Albéniz, presentes en la audición, para que creara un estilo propio con elementos andaluces. Lo cierto es que el Quinteto, aún bebiendo de fuentes ya trasnochadas como Brahms o Franck, es una pieza de espíritu europeísta, prodigiosa de texturas densas y una fulgurante expresividad. El violinista alemán Tobias Feldmann lideró una interpretación brillante y perfectamente ensamblada de esta pieza clave en el catálogo de Turina, un viaje estremecedor a partir de la fuga inicial, en el que los cinco intérpretes convocados lograron insuflar nitidez y emoción en alto grado, dejando para el recuerdo el más digno y delicado homenaje que a la música de un sevillano inmortal se pueda dedicar.

FESTIVAL TURINA ****

6º Festival Internacional de Música de Cámara Joaquín Turina. Cristina Gómez, oboe. Sofya Melikyan y Michail Lifits, piano. Philippe Graffin, Tobias Feldmann y Olatz Ruiz de Gordejuel, violín. Cristina Santos, viola. Salvador Bolón, cello. Programa: Sonata para oboe y piano Op. 166, de Saint-Saëns; Sonata para violín y piano FP 119, de Poulenc; Quinteto Op. 1, de Turina. Espacio Turina, sábado 9 septiembre 2017


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