lunes, 16 septiembre 2019
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César Brandon no es la nueva poesía española

Rosa Berbel, Raquel Vázquez o María Martínez Bautista son algunos de los nombres reunidos en Sevilla que certifican la renovación de la lírica más allá del ‘famoseo’

17 jun 2018 / 22:13 h - Actualizado: 17 jun 2018 / 22:13 h.
  • El director de Casa de los Poetas, José D. Serrallé, junto a Begoña M. Rueda, María Martínez Bautista, Óscar Díaz, Miguel Floriano y Christina Linares, la semana pasada en Sevilla. / El Correo
    El director de Casa de los Poetas, José D. Serrallé, junto a Begoña M. Rueda, María Martínez Bautista, Óscar Díaz, Miguel Floriano y Christina Linares, la semana pasada en Sevilla. / El Correo

La poesía, género tradicionalmente minoritario y marginado por los grandes sellos editoriales, vive un momento de efervescencia gracias a fenómenos superventas como el cantautor Marwan o la estrella televisiva César Brandon. Sin embargo, quienes pretendan tomar esas vistosas referencias como guía para saber qué se está haciendo en este momento en la lírica española, correrá el riesgo de despistarse. Un ciclo celebrado recientemente en Sevilla bajo los auspicios de la Casa de los Poetas y las Letras ha puesto de manifiesto que la nueva poesía tiene poco que ver con esos éxitos comerciales, aunque convivan con ellos. Pedimos a varios de los invitados que analicen la situación.

Cristian Alcaraz, malagueño de 1990, premio Pablo García Baena y Andalucía Joven, cree que «lo primero que tendríamos que hacer es eliminar del pensamiento del ciudadano de a pie la idea de que la poesía no es para todos», comenta. «La poesía, la de Marwan, la de Bukowski, la de Lorca, nos plantea un filtro para observar y leer el mundo, una especie de reconocimiento. Existen tantas poéticas como personas, por eso es interesante no reducir el círculo a la poesía de la inmediatez».

Para el malagueño, «el lector adolescente busca ahora lo instantáneo, la frase de pocos caracteres que logre identificar su estado de ánimo o sus conflictos, pero hay que abrir el espectro. La persona que lee, que se siente afortunada al hacerlo, debería leerlo todo y seguir ampliando con autores y tendencias. Es triste lo de reducir el conocimiento o la lectura a lo consumible, a lo que está de moda... Pienso que nunca se deben cerrar las vías para seguir aprendiendo; un libro te lleva a otro y este a otro y no termina nunca».

«Ese ciudadano de a pie tiene que encontrar en esta sociedad hiperconsumista la paciencia y el lugar de calma para situarse frente a otros libros de poesía que emprenden nuevos viajes a través de diferentes formas, estructuras, temas. Es solo paciencia, rascar un poco sobre lo que hay y no dejarse llevar por el marketing y las empresas», concluye Alcaraz.

Rosa Berbel (Sevilla, 1997), cree por su parte que «quizá no hay que hacer tanto hincapié en la oposición nosotros-ellos o buenos-malos o venden-no venden. Pienso que el lector no es tonto y que tiene el derecho a leer lo que quiera y a gastar su tiempo, dinero, etc., en lo que le llene más sin esa culpabilidad que se le suele atribuir», dice. «Más que como una oposición hay que presentarlo como una convivencia, una diversidad. Están ellos y también estamos nosotros. Pienso que no es una cuestión de espacios: ellos tienen el suyo y otros poetas menos comerciales también lo siguen teniendo».

Una opinión que concuerda con la de María Martínez Bautista (Madrid, 1990), autora del libro Primera noche en las ciudades nuevas. «Es cierto que actualmente la poesía de autores como los que mencionas llega a un público numerosísimo, algo extraño en un género como este. Sin embargo, este fenómeno convive con una gran efervescencia en editoriales independientes, más arriesgadas en sus propuestas pero también más vinculadas a una tradición poética y editorial en su modo de hacer. Además, no existe en mi opinión un estilo poético dominante ahora mismo, y un lector curioso encontrará un gran abanico de propuestas al margen de las que triunfan económicamente. Ventas y calidad no están necesariamente reñidas, pero tampoco van siempre de la mano».

Algo más crítica se muestra Begoña M. Rueda (Jaén, 1992), autora de títulos como La canción del bardo y Princesa Leia. «Esos personajes, Marwan, César Brandon, son fenómenos televisivos o productos. A mí me parece que debemos diferenciar entre el poeta producto y el poeta artista. El primero es una persona que escribe pero que no es escritora, una evidente consecuencia más del capitalismo con el que pretenden lucrarse a toda costa algunas editoriales y que nada aportan a la literatura. Por otro lado estamos los poetas a los que de verdad nos nace la palabra de dentro, los invisibles en las estanterías del Corte Inglés, los que aunamos autoexpresión de nuestra sensibilidad y técnica. Creo que esta diferencia le cuesta mucho verla a una gran cantidad de gente en España ya que no es un país en el que se lea mucho y de ahí la tendencia a consumir fast poetry».

Raquel Vázquez (Lugo, 1990), autora de media docena de poemarios y ganadora de premios como el Gloria Fuertes, opina que «hasta hace poco la poesía era un género minoritario, sin más; ahora el éxito previo en otras disciplinas y plataformas (Twitter, TV, música...) ha llevado a que también en ella surja esa vertiente que sigue un modelo de arte de consumo que existía ya por ejemplo en la novela. Pero los autores y editores que apuestan por la verdadera poesía siguen ahí, no se han ido nunca. Y tal vez, conscientes de que el buen criterio literario es el mejor argumento para resistir fuera del escaparate de los medios, con mayor esmero y compromiso con la calidad que antes», apunta.

«La lógica mercantil tiene ocupadas todas las conductas posibles», interviene, por último, Miguel Floriano (Oviedo, 1992), autor de Quizá el fervor y Claudicaciones, entre otros títulos. «En fin, yo no me quejo. Publico en una editorial de prestigio y tengo bastantes lectores. Supongo que el tiempo pondrá las cosas en su sitio», apostilla.

La poesía, género tradicionalmente minoritario y marginado por los grandes sellos editoriales, vive un momento de efervescencia gracias a fenómenos superventas como el cantautor Marwan o la estrella televisiva César Brandon. Sin embargo, quienes pretendan tomar esas vistosas referencias como guía para saber qué se está haciendo en este momento en la lírica española, correrá el riesgo de despistarse. Un ciclo celebrado recientemente en Sevilla bajo los auspicios de la Casa de los Poetas y las Letras ha puesto de manifiesto que la nueva poesía tiene poco que ver con esos éxitos comerciales, aunque convivan con ellos. Pedimos a varios de los invitados que analicen la situación.

Cristian Alcaraz, malagueño de 1990, premio Pablo García Baena y Andalucía Joven, cree que «lo primero que tendríamos que hacer es eliminar del pensamiento del ciudadano de a pie la idea de que la poesía no es para todos», comenta. «La poesía, la de Marwan, la de Bukowski, la de Lorca, nos plantea un filtro para observar y leer el mundo, una especie de reconocimiento. Existen tantas poéticas como personas, por eso es interesante no reducir el círculo a la poesía de la inmediatez».

Para el malagueño, «el lector adolescente busca ahora lo instantáneo, la frase de pocos caracteres que logre identificar su estado de ánimo o sus conflictos, pero hay que abrir el espectro. La persona que lee, que se siente afortunada al hacerlo, debería leerlo todo y seguir ampliando con autores y tendencias. Es triste lo de reducir el conocimiento o la lectura a lo consumible, a lo que está de moda... Pienso que nunca se deben cerrar las vías para seguir aprendiendo; un libro te lleva a otro y este a otro y no termina nunca».

«Ese ciudadano de a pie tiene que encontrar en esta sociedad hiperconsumista la paciencia y el lugar de calma para situarse frente a otros libros de poesía que emprenden nuevos viajes a través de diferentes formas, estructuras, temas. Es solo paciencia, rascar un poco sobre lo que hay y no dejarse llevar por el marketing y las empresas», concluye Alcaraz.

Rosa Berbel (Sevilla, 1997), cree por su parte que «quizá no hay que hacer tanto hincapié en la oposición nosotros-ellos o buenos-malos o venden-no venden. Pienso que el lector no es tonto y que tiene el derecho a leer lo que quiera y a gastar su tiempo, dinero, etc., en lo que le llene más sin esa culpabilidad que se le suele atribuir», dice. «Más que como una oposición hay que presentarlo como una convivencia, una diversidad. Están ellos y también estamos nosotros. Pienso que no es una cuestión de espacios: ellos tienen el suyo y otros poetas menos comerciales también lo siguen teniendo».

Una opinión que concuerda con la de María Martínez Bautista (Madrid, 1990), autora del libro Primera noche en las ciudades nuevas. «Es cierto que actualmente la poesía de autores como los que mencionas llega a un público numerosísimo, algo extraño en un género como este. Sin embargo, este fenómeno convive con una gran efervescencia en editoriales independientes, más arriesgadas en sus propuestas pero también más vinculadas a una tradición poética y editorial en su modo de hacer. Además, no existe en mi opinión un estilo poético dominante ahora mismo, y un lector curioso encontrará un gran abanico de propuestas al margen de las que triunfan económicamente. Ventas y calidad no están necesariamente reñidas, pero tampoco van siempre de la mano».

Algo más crítica se muestra Begoña M. Rueda (Jaén, 1992), autora de títulos como La canción del bardo y Princesa Leia. «Esos personajes, Marwan, César Brandon, son fenómenos televisivos o productos. A mí me parece que debemos diferenciar entre el poeta producto y el poeta artista. El primero es una persona que escribe pero que no es escritora, una evidente consecuencia más del capitalismo con el que pretenden lucrarse a toda costa algunas editoriales y que nada aportan a la literatura. Por otro lado estamos los poetas a los que de verdad nos nace la palabra de dentro, los invisibles en las estanterías del Corte Inglés, los que aunamos autoexpresión de nuestra sensibilidad y técnica. Creo que esta diferencia le cuesta mucho verla a una gran cantidad de gente en España ya que no es un país en el que se lea mucho y de ahí la tendencia a consumir fast poetry».

Raquel Vázquez (Lugo, 1990), autora de media docena de poemarios y ganadora de premios como el Gloria Fuertes, opina que «hasta hace poco la poesía era un género minoritario, sin más; ahora el éxito previo en otras disciplinas y plataformas (Twitter, TV, música...) ha llevado a que también en ella surja esa vertiente que sigue un modelo de arte de consumo que existía ya por ejemplo en la novela. Pero los autores y editores que apuestan por la verdadera poesía siguen ahí, no se han ido nunca. Y tal vez, conscientes de que el buen criterio literario es el mejor argumento para resistir fuera del escaparate de los medios, con mayor esmero y compromiso con la calidad que antes», apunta.

«La lógica mercantil tiene ocupadas todas las conductas posibles», interviene, por último, Miguel Floriano (Oviedo, 1992), autor de Quizá el fervor y Claudicaciones, entre otros títulos. «En fin, yo no me quejo. Publico en una editorial de prestigio y tengo bastantes lectores. Supongo que el tiempo pondrá las cosas en su sitio», apostilla.


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