miércoles, 20 marzo 2019
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Chiquetete, de los últimos grandes

Manuel Bohórquez @BohorquezCas /
16 dic 2018 / 09:31 h - Actualizado: 16 dic 2018 / 09:33 h.

Con la muerte de Antonio Cortés Pantoja, Chiquetete, se ha ido uno de los últimos grandes del cante andaluz. Pocos llegaron más lejos que él en el cante y la canción. Como cantaor revolucionó los festivales de verano en los setenta junto a Camarón, Lebrijano, Enrique Morente, José Menese y La Paquera, entre otros intérpretes. Pero antes de eso ya había formado parte de Los Chavalillos del Tardón, con Manuel Molina y Manuel Domínguez El Rubio. Luego llegaron los tablaos, en los que destacó como un gran cantaor de cuadro, siendo el preferido de algunos de los más grandes bailaores y las más famosas bailaoras de la época. Me refiero a Farruco, Rafael el Negro, Matilde Coral y Manuela Carrasco. Pero cuando apareció su primer elepé, su fama creció como la espuma y, con Paco Cepero a la Guitarra, comenzó su particular revolución en el cante con un estilo que no se parecía al de nadie. Tenía un sello que le permitió colocarse pronto entre los grandes de su tiempo. Una voz fresca, acompasada y dulce, sin dejar de ser flamenca, que supuso un golpe de timón del viejo cante jondo, para gozo de muchos e irritación de otros tantos, los puristas, que no celebraron su estilo de corte comercial. Aunque eso llegaría más tarde, porque en sus inicios, Chiquetete era un cantaor de corte clásico trianero, destacando en las soleares del Zurraque y en los estilos festeros como los tangos y las bulerías. Nunca fue un cantaor de gran jondura, pero su voz llegaba a miles de personas y eso fue lo que le animó a pisar terrenos más comerciales, dedicándose a las sevillanas, género en el que triunfó de manera rotunda, para más tarde hacer baladas gitanas, convirtiéndose ya en un cantante de fama mundial. Se hizo rico, pero quizá no supo asimilar el cambio y poco a poco fue decayendo como artista y entrando en una etapa de su vida un tanto triste, con problemas personales que minaron su salud y su economía. Pero a pesar de la dureza de ese cambio, el artista no dejó jamás de serlo, aguantando con enorme dignidad los malos tiempos. Con él se ha ido un gran artista y, lo que es aún más importante, una gran persona muy querida por sus compañeros del arte. Un artista que ya es historia de este país. Un día triste para Sevilla.


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