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«Con tanta información, ¿cómo hay tanta confusión?»

Farruquito aterriza en el Teatro de la Maestranza para presentar un espectáculo titulado ‘Farruquito’, en el que hace balance del camino recorrido y repasa algunos de los mejores momentos de su trayectoria

08 sep 2018 / 07:00 h - Actualizado: 08 sep 2018 / 07:00 h.
  • Juan Manuel Fernández Montoya, Farruquito, en una imagen promocional. / Farruquito.com
    Juan Manuel Fernández Montoya, Farruquito, en una imagen promocional. / Farruquito.com

Farruquito recibe a El Correo como la mayoría de los flamencos en estas fechas, «atacado». ¿Repasando tornillos de su próximo espectáculo homónimo? «Sí, cambiando tornillos por tuercas, tuercas por arandelas... Así estoy». El bailaor sevillano pisará hoy las tablas del teatro de la Maestranza para presentar una propuesta en la que echa la vista atrás para hacer balance de su trayectoria y recordar algunas de sus exitosas producciones. Un trabajo en el que no habrá coreografías de grupo ni cuerpo de baile y donde, como promete el programa, «cada artista y cada flamenco brillará con luz propia».

—¿Cómo ha cambiado Farruquito desde aquellas lejanas Raíces flamencas?

—Eso es lo que quiero ver con este espectáculo, saber si he aprendido algo. lo que importa es tener conciencia del aprendfizaje. Siempre me he basado en ponerme retos, descubrir cosas de mí que yo mismo desconocía, saber cómo evoluciono. Por eso en el nuevo espectáculo soy yo, en este momento, aquí y ahora.

—¿Se arrepiente de alguno de sus trabajos anteriores? ¿De qué errores ha aprendido más?

—Cada espectáculo tiene lo bueno de cada momento, tratas de hacerlo siempre lo mejor que sabes, como piensas y sientes, pones en ello tu estado anímico... Siempre digo que, de lo que llevo hecho, yo no cambiaría nada, porque ese he sido yo en cada momento de mi vida, pero intentaría mejorar todo.

—¿Hacer un repaso de la trayectoria de uno supone, en cierto modo, minimizar riesgos? ¿Es este nuevo montaje un salto con red?

—No, porque suelo dejar mucho a la improvisación en mis espectáculos. A veces estructuro unos más que otros, porque me gusta siempre dejar un mensaje. En este hay un montón de ellos, y ninguno: ese es el riesgo. El caso es que ahora soy padre y eso me hace mirar atrás, acordarme de mi padre, de los caminos por los que me he movido. Es un viaje hacia mí mismo, pero poniendo el aprendizaje por encima de todo. Recordando que las enseñanzas del flamenco son siempre más grandes que cualquier cosa que puedas mostrar en el escenario.

—¿Se está olvidando eso en el flamenco, hay un exceso de exhibicionismo?

—Cuando un artista solo piensa en impresionar con sus habilidades, eso a veces hace que el flamenco no aparezca. El flamenco es como el duende o la magia: da igual lo que hayas ensayado, nadie sabe qué va a pasar en escena. Solo aparece cuando lo tratas con cariño y humildad.

—¿Qué le interesa del baile de hoy, sea o no flamenco?

—Yo ante todo soy flamenco, por más que haya otras danzas que me interesen y me gusten mucho. Por ejemplo, yo siempre he sido muy fan de Michael Jackson, que me parece un monstruo...

—¿Ha visto el documental de su último espectáculo?

—¿This is it? ¡Me lo sé de memoria!

—¿Qué otras cosas le llaman la atención?

—Me encantan Nureyev, Barishnikov... Por otro lado, pienso que en el panorama actual la información la tiene cualquiera, pero al mismo tiempo soy de los que les gusta poner las cosas en su sitio, y llamar al pan pan, y al vino vino. Ahora a todo se le llama flamenco, cuando hay mucha danza contemporánea que se hace pasar por flamenco... Y lo mismo sucede con la música, se llama flamenco a todo lo que es, como mucho, aflamencado. Eso me llama a preguntarme: si hay tanta información, más que nunca, ¿cómo es posible que se dé tanta confusión? No sé, supongo que es parte de la evolución de la vida.

—Durante mucho tiempo, ha sido usted el patriarca de la familia Farruco. Ahora han salido con mucha fuerza el Farru, el Carpeta... ¿se está ensanchando la dinastía bailaora?

—Creo que sí. Antes estaba mi abuelo, también mi tío Juan, Farruquito, en gloria esté, que murió con 18 años pero dicen que ya a esa edad bailaba casi mejor que mi abuelo, y también estaban mi madre, mi tía... No es que antes hubiese menos bailaores en la familia, sino que ahora en la familia somos más los que estamos haciendo algo interesante: además del Farru y del Carpeta, hay un montón de gente bailando ahora, está mi primo Barullo, está Polito, está mi prima África... Hay mucha gente con ganas de hacer cosas. Pero se debe más al interés de la familia por no perder las costumbres, nuestra tradición, que por tratar de tener todos el mismo éxito. Nos queremos mucho todos, no estamos pendientes de quién va más lejos, no competimos entre nosotros.

—Durante un espectáculo, ¿cuántas ocasiones tiene para acordarse de su padre y de su abuelo?

—Muchas veces. Forman parte de mi persona, es algo que no me puedo quitar cuando bailo. Fueron dos maestros para mí, en la vida y en lo profesional. A la hora de subir a un escenario, cuando uno pone el corazón abierto en canal en lo que hace, lo primero que le viene es el recuerdo de los que no están contigo, y a la vez están más que nunca. Y yo creo que esas personas son capaces de mandarte una energía increíble, allí desde donde estén.


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