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Donde habita el duende

Cuando el teatro pasa a ser un juego con el que aprender a crecer

Pequeños a escena. Sea en actividades extraescolares o en talleres específicos, subir a un escenario es una decisión que cada vez encandila a más pequeños llamados por las tablas

18 oct 2016 / 10:49 h.
  • Cuando el teatro pasa a ser un juego con el que aprender a crecer
    El Teatro Alameda recibe cada semana a centenares de escolares sevillanos. / Antonio Acedo
  • Cuando el teatro pasa a ser un juego con el que aprender a crecer
    Niños actuando en una ópera en el Teatro de la Maestranza. / El Correo.

Ya sea como espectadores o como actores, el teatro infantil potencia muchas cualidades en los niños. Sólo hace una década la actividad teatral estaba sin embargo considerada una dedicación de los adultos. Hoy, en países europeos que son una referencia en educación (Alemania, Holanda, Bélgica...) el teatro forma parte habitual de las actividades extraescolares, y en determinados países nórdicos (Finlandia, Dinamarca) incluso ha comenzado a participarde lo que aquí denominaríamos educación reglada y evaluada; al mismo nivel que materias como las matemáticas o la geografía.

No es en absoluto necesario que un niño posea unas características especiales para disfrutar de este género, es más que suficiente con que desee jugar y divertirse utilizando la imaginación como motor principal. Ahora bien, como sucede con la música, habrá que observar si la aptitud del pequeño –o la pequeña– es proclive a este tipo de manifestación u otra. Es al menos lo que recomiendan los expertos.

«El hecho de que el niño empiece a hacer teatro no quiere decir que él se convertirá en un actor. Los niños, en el teatro infantil, no hacen teatro ni aprenden teatro. Ellos juegan a crear, inventar y aprenden a participar y a colaborar con el grupo. Las clases de teatro infantil son terapéuticas y socializadoras», asegura el psicopedagogo Javier Cantero. Por esta razón cada vez son más las academias y escuelas que ofrecen cursos pensados por y para los más pequeños.

En Sevilla, Dos Lunas es pionera en este sentido. «Es fundamental que cada niña y niño encuentre su lugar, su espacio donde sentirse cómodo y a gusto. Respetando sus tiempos, sus capacidades, su carácter. Primero conocerlos, ése es el punto de partida; luego, crear un espacio de diversión y confianza que los invite a participar», cuentan desde la escuela de la calle Relator. «El teatro es una magnífica oportunidad para convivir. Es una actividad que permite descubrir nuestras voces, nuestro movimiento, esos mil personajes que viven dentro de nuestra imaginación. Y al final, la ilusión de montar juntos una obra y actuar en un Teatro», añaden.

Según Pablo Leira Doce, docente de este curso, «en el teatro, en los grupos, en el trabajo con niños y niñas escuchar es esencial. Un taller que funciona es un lugar donde los peques pueden proponer, aportar sus ideas, decir ‘adelante’, ‘yo quiero’ o ‘yo no quiero’ y ser escuchados. Al mismo tiempo que se les anima a superarse, a dar pasos, a valorar el esfuerzo, a hacerse un poquito más responsables. Para que, cuando suba el telón, hagamos una función que a nosotros y nosotras, que somos los más importantes, nos haga sentir contentos y orgullosos».

No existe una estadística oficial que cuantifique el número de niños y niñas que en España cursan talleres y estudios teatrales y lo que optan por disciplinas musicales. En todo caso, según Cantero, «ambos mundos han entrado, en el siglo XXI, en fuerte competencia. Muchos de los niños que comienzan jugando en el escenario o con un instrumento acaban yendo más allá y reciben una formación en la adolescencia. Se hacen actores o se hacen músicos, de hecho nunca ha habido en España una cantera mayor de jóvenes artistas». En todo caso esta radiografía constituye un problema añadido, dar salida profesional a toda esta ingente cantidad de profesionales. Pero ese es otro asunto.

«Cuando pensamos que un niño o niña puede disfrutar y ser apto para una disciplina artística no podemos caer en el error de pensar que ese será su futuro. Muchos padres se toman con una severidad inapropiada este tipo de actividades, proyectan en sus hijos lo que ellos quisieran haber hecho y no hicieron. Eso es un error enorme; porque en vez de que los pequeños vivan con pasión y relajo unos mundos que están descubriendo lo asociarán directamente con la actividad escolar, propiciando más el rechazo que la adhesión», argumenta la psicóloga Elena Alcañiz.

En la trianera escuela Viento Sur los niños cada vez son más importantes dentro de su volumen de negocio. En el origen no estuvieron, pero pronto aparecieron y se convirtieron en una prioridad. La escuela cuenta con cursos por niveles de edad o experiencia. Asimismo, niños, adolescentes y adultos contarán con tres niveles progresivos (iniciación, avanzado y laboratorio) para ofrecer una formación que permite la experiencia con todas las materias que hacen falta para la formación completa de un actor o director de teatro.

«Hace ya algunos años percibimos que de algún modo la gente –y en ella incluyo también a los niños– se había cansado de ser espectadora y quería actuar, necesitaba actuar. Además ya hay muchos sitios para programar a compañías al uso, por eso nosotros quisimos reconvertirnos en actores sociales, implicando de manera participativa a la gente del barrio», cuenta el responsable de Viento Sur, Jorge Cuadrelli.

Luego está la otra perspectiva. Aunque esa siempre ha estado ahí. O al menos lleva con el espectador mucho más tiempo, aunque tampoco demasiado. El teatro infantil es un género que cada vez adquiere más importancia. Incluso hoy día, una organización como la Red de Salas Independientes de Sevilla reconoce que además de una «vocación» los pequeños hacen tanta o más taquilla que los adultos, singularmente por una premisa; ningún niño acude solo al teatro.

«El teatro ofrece un inmejorable abanico lleno de ventajas, es una increíble forma de dejar volar la poderosa imaginación de nuestros hijos; además es un buen comienzo para disfrutar con ellos del teatro en familia», concluye Cantero. Un mundo (el de la escena) y otro (el de la platea) están ahora más conectados que nunca; y los trasvases forman parte de la realidad cultural y educativa de nuestros días. El teatro es una herramienta más con la que contar para crecer en armonía.


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