martes, 23 julio 2019
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Delicada, tierna, visualmente atractiva, elocuente y edificadora

Mamoru Hosoda, consciente de la complejidad del viaje, construye una emotiva fábula fantástica en la que logra mostrar el doble proceso de aprendizaje de personas adultas e infantes.

16 mar 2019 / 10:50 h - Actualizado: 16 mar 2019 / 10:52 h.
  • Delicada, tierna, visualmente atractiva, elocuente y edificadora

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Mamoru Hosoda es un director y animador japonés que antes de cofundar con Yuichiro Saito el estudio Chizu, ya había formado parte de la plantilla de otros estudios prestigios del campo de la animación como Ghibli y Madhouse Ltd.

A su trayectoria en Madhouse Ltd y Chizu le debemos títulos como La chica que saltaba a través del tiempo (2006), Summer Wars (2009), Los niños lobo (2012), El niño y la bestia (2015) y esta última Mirai, mi hermana pequeña (2018). Las tres primeras recibieron el reconocimiento en el Festival de Cine de Sitges con el premio a la mejor película de animación. En su año de presentación, El niño y la bestia tuvo el privilegio de ser candidata a la Concha de Oro del Festival de Cine de San Sebastián. En cuanto a Mirai, mi hermana pequeña decir que este pasado año era una de las nominadas a los premios Oscar como mejor película de animación. Entraba dentro de lo posible que no se llevara el premio, la industria estadounidense es consciente de que no se puede permitir ciertas concesiones.

La exclusividad en cuidado y atención de su padre y su madre que tiene el pequeño Kun de cuatro años va a desaparecer cuando nace su hermanita Mirai. Esto le va a provocar un sinfín de inseguridades afectivas y emocionales. Esta buena noticia no sólo va a afectar al hermano y hermana también lo hace con papá y mamá. Se abre un periodo de reajuste y readaptación, una etapa en la que cada miembro de la familia debe buscar y ocupar su lugar, un espacio de bienestar y desarrollo, necesario en esta nueva etapa de convivencia.

Mamoru Hosoda, consciente de la complejidad del viaje, construye una emotiva fábula fantástica en la que logra mostrar el doble proceso de aprendizaje de personas adultas e infantes. Para ello, baja con sabiduría la mirada hacia el sentir del niño y hace que crezcamos con él cada vez que pisa su jardín. Gracias a la fantasía pocas veces hemos logrado conectar y empatizar con el sentimiento de edades tan tempranas. Al mismo tiempo, logra elevar la vista hacia el mundo adulto, trasladándonos el placer que produce la maternidad y la paternidad.

Mirai, mi hermana pequeña es una película de hallazgos, de revelaciones y de conquistas. Delicada, tierna, visualmente atractiva, elocuente y edificadora.

Hay alternativa a los productos made in USA, para muestra todos los títulos que se señalan más arriba. Importante estas vías alternativas para la educación de menores y sobre todo, para la obligatoria educación permanente de las personas adultas.

Crítica CINE à José Serrano Rodríguez

Mirai, mi hermana pequeña ****

Japón 2018 98 min.

Dirección Mamoru Hosoda

Animación


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