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El flamenco que el franquismo quiso ‘blanquear’

La catedrática Cristina Cruces analiza en el congreso Investigación y Flamenco la instrumentalización de lo jondo en la historia del NO-DO

08 jun 2018 / 08:52 h - Actualizado: 08 jun 2018 / 08:55 h.
  • El bailaor sevillano Curro Vélez, en una actuación junto a Antonio Gades y Pilar López. / El Correo
    El bailaor sevillano Curro Vélez, en una actuación junto a Antonio Gades y Pilar López. / El Correo
  • Imágenes del NO-DO en los archivos de RTVE. / El Correo
    Imágenes del NO-DO en los archivos de RTVE. / El Correo

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El congreso Infla, Investigación y Flamenco, que concluye hoy en la ETS de Ingeniería de la Universidad de Sevilla con participación de múltiples especialistas –desde foniatras a musicólogos– se detuvo ayer en un aspecto histórico singular: la instrumentalización del flamenco durante el Franquismo, a través de su presencia en los medios de propaganda, especialmente el NO-DO (acrónimo de Noticiarios y Documentales).

La catedrática de Antropología Social Cristina Cruces ha analizado la evolución de este medio respecto al arte jondo, empezando por una primera etapa posbélica, la de los años 40, en la que se trabaja una idea compacta de patria, y donde tienen cabida figuras como Lola Flores –que aparece por primera vez en pantalla en el 43– o La Gitana Blanca.

Sin embargo, en los años 50 se pasa a una presencia dominante del baile español. «La Sección Femenina, con los repertorios populares interpretados por los coros y danzas, van a hacer que el flamenco se blanquee. El baile flamenco, gitano, desaparece en beneficio de figuras más o menos afines al régimen como Pilar López, Antonio, Rosario o Mariemma», explica Cruces.

Así, en la década siguiente, como parte de la estrategia desarrollista en lo económico y aperturista en lo político, el flamenco vuelve tímidamente a oscurecerse. «Se habla de flamenco con todo su campo semántico, cuadro flamenco, bailaores, gitanos, que antes casi no existía, porque solo se mencionaban los bailes españoles, danzas típicas, bailes del país, típicas danzas españolas...».

Son los 60 en los que María Rosa y Lucero Tena «se nos muestran en escenarios internacionales, en Alemania, en la URSS, con escenas de aplausos y admiración hacia lo español. El reconocimiento de ese público era un reconocimiento del régimen», apunta la catedrática. Imágenes de Antonio frente al presidente estadounidense Kennedy, o de Lucero Tena en Rusia, «acompañadas de comentarios como la conquista de los artistas del respetable extranjero, o el modo en que los espectadores de cualquier rincón del mundo quedan subyugados por el flamenco, convierten este arte en un asunto épico, que encierra una lectura simbólica», dice la catedrática.

Es también el punto en que empiezan a mostrarse los cuerpos. «El control se relaja mucho», afirma Cruces. «vemos piernas, espaldas desnudas, brazos limpios, travellings hasta los pies. España es otra cosa, y los medios lo reflejan».

Baile ‘typical’

«A esto se une el turismo, y el flamenco se convierte en un producto mercantilizable. Se dan cuenta de que el flamenco es lo que mejor se exporta, pero también lo que mejor se vende a los visitantes. Y aunque todavía lo sigan llamando folklórico o andaluz, ven cómo suscita el interés de los públicos y lo convierten en bandera de la nación. Por eso lo que más ofrece el NO-DO es el flamenco cañí, typical, sobre todo rumbas, seguidillas con palillos, y en menor medida sevillanas y soleares. En todo caso, ya se ven las técnicas flamencas que hoy reconocemos como tales».

«El franquismo aquilató una estética, una manera de fijar la música desprovista de todo patetismo», asevera Cristina Cruces. «El cante no sale en el NO-DO hasta los años 70. Hasta ese momento, solo se mostraba el baile, que es un espacio blando, feminizado, muy visual y definitivamente exento de cualquier peligrosidad. Pero no se hace, por supuesto, referencia alguna a las clases sociales, ni a Andalucía en términos identitarios, ni casi a los gitanos. Es un flamenco aún blanqueado en lo social, en lo formal y en lo étnico», subraya.

¿Qué vino después? Lo que esta especialista llama «la revalorización del neojondismo», de la mano de estrellas como Vicente Escudero, Pastora Imperio, Matilde Coral y Rafael El Negro, «con fuerte presencia gitana en el NO-DO y más baile. Ya en la Transición va a producirse una renuncia por parte de los sectores progresistas al nacional-flamenquismo, pero también va a haber artistas de esa tendencia que usen el flamenco para defender políticas de izquierda».

No obstante, hay en la historia del NO-DO una figura que se deja ver desde las primeras emisiones del noticiero –arrancó en 1942– hasta 1981, y es la citada Lola Flores. «Lo que ocurre es que pasa a formar parte de una especie de star-system nacional, y así, pasamos de tenerla sobre las tablas en el 43 con niño Ricardo a la guitarra, a verla en los 60 en bikini, posando con toda su familia en Marbella. El NO-DO supo cambiar al ritmo que iba cambiando el país».


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