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Fotografía

«El género solo importa al médico»

El fotógrafo sevillano Ángel Pantoja expone sus ‘Mitologías del presente’ en defensa de la vida

17 may 2017 / 11:47 h - Actualizado: 17 may 2017 / 11:50 h.
  • Ángel Pantoja (segundo por la izquierda) en la inauguración de la muestra, a la que acudió, entre otros el concejal de Cultura, Antonio Muñoz. / El Correo
    Ángel Pantoja (segundo por la izquierda) en la inauguración de la muestra, a la que acudió, entre otros el concejal de Cultura, Antonio Muñoz. / El Correo
  • ‘Aria para tormenta’, una de las piezas que conforman la serie ‘Basura’ de la muestra. / El Correo
    ‘Aria para tormenta’, una de las piezas que conforman la serie ‘Basura’ de la muestra. / El Correo

Ahora ya no hay dioses caprichosos que jueguen a ser humanos ni centauros malditos por contravenir algún designio del Olimpo, pero sí hay humanos que juegan a ser dioses y que en su veleidad provocan cataclismos, además de criaturas que son hombre y mujer a un tiempo, o lo que quiera que sea que a nadie le importe. Mitologías del presente es el nombre de la exposición con la que el fotógrafo sevillano Ángel Pantoja intenta encontrar en la sala Atín Aya –calle Arguijo, frente a Bellas Artes– lo que Eric Idle denominó the bright side of life en la inolvidable canción de La vida de Brian. Existe el lado luminoso y amable de la vida, pese a encontrarse esta sometida al calvario del dogma machacón y penitente, como en el caso –insiste el autor– de las imposiciones de género. «El género solo le importa al médico. ¿Qué me importará a mí lo que tú seas o quieras ser. Qué tontería, si nos hacemos hombres o mujeres diez días antes de nacer. El día que miremos a la gente a la cara y veamos personas y no género, seremos mucho más felices todos. Cuánto dolor ha creado eso. Si después lo que nos enamora son las personas».

La elección de un culo espectacular como tema central de esta página va más allá de lo meramente llamativo. El desnudo femenino, envuelto en un tornado de bolsas de plástico como cénit del principio consumista, también tiene una lectura neomitológica. «El cuerpo femenino y las bolsas: yo las veo como unas Venus consumidoras que generan mucha basura, por eso intento usar el cuerpo femenino para hacer una cosa atractiva», explica Pantoja. «La parte de la basura es una ironía también. Imágenes muy coloridas, como un cuadro de Monet, pero después miras y son bolsas de plástico. Es usar la imagen publicitaria para hacer atractiva una cosa que no lo es. Es como si en el futuro las bolsas de plástico hubieran cogido toda la atmósfera y viviéramos en medio de unas tormentas de bolsas de plástico. Es fantasear para que no pase. Junto a ello, la Gran Vía, convertida en una montaña de desechos, supone imaginar cómo este capitalismo atroz y esta forma de producir basura necesita un mensaje muy ecologista. Tengo la Giralda hecha de basura, la Tate Gallery... como si las cosas que más amamos se vieran llenas de basura, cómo nos sentiríamos: es fantasear para evitar ese extremo»

La exposición está compuesta por varias series diversas, además de la titulada Basura, que ocupa toda la planta alta. Hay una especialmente conmovedora que se llama Hojarasca y donde los protagonistas son animales y osamentas. «Es imaginar un futuro en el que el hombre ya ha dejado de existir, quedan los detritus de su paso por el planeta mientras la naturaleza vuelve a crecer. Entonces, del tórax de un perro ahorcado y del que solo quedan los huesos, que es una violencia extrema, va a surgir la vida con el panal de abejas, que traen la miel, el futuro. Es un vanitas barroco, muy Valdés Leal: las grandes preguntas de la vida, de dónde venimos, adónde vamos, tempus fugit, hay que vivir el presente... yo es que soy muy barroco., je, je. Pero es que parece que vivimos una época muy apocalíptica, de mucho cambio y regeneración».

Muy llamativa y chocante para algunos puede ser la serie titulada Bustos, que está integrada por fotocomposiciones de estatuas que combinan cabezas masculinas y torsos femeninos. «Es una visión irónica sobre los géneros, pero con un punto poético y tierno, aunque en este caso pueda tener una apariencia histriónica», cuenta el artista, que expresa un anhelo: «Me gustaría que la gente saliera de aquí dialogando, pensando en cómo mejorar las cosas, cómo crear felicidad a los demás, en cambiar la escala de valores y ser menos materialista. En ser más altruista, generar menos dolor en los demás. Yo intento aplicarme esa receta. Es el pequeño poder que tenemos los artistas, y que yo aprovecho para eso». Y si con ese fin tiene uno que inspirarse en los clásicos, pues va y se inspira. «En los clásicos está todo. Se han hecho las grandes preguntas antes que nosotros. Son una maravilla. Para eso están».


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