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El humor no solo sirve para reír

‘Litoral’ dedica su último número al humor en relación con el arte y la literatura

27 jun 2018 / 15:38 h - Actualizado: 27 jun 2018 / 16:16 h.
  • ‘Poema para ser lanzado’, de Antonio Gómez. / El Correo
    ‘Poema para ser lanzado’, de Antonio Gómez. / El Correo
  • El humor no solo sirve para reír
  • El humor no solo sirve para reír
  • Gómez de la Serna en el circo Price.
    Gómez de la Serna en el circo Price.

En la contracubierta del último número de la revista Litoral puede leerse una cita lapidaria de José Manuel Caballero Bonald: «La literatura sin humor es un sermón». Y al humor, y a su relación con al arte y la literatura, va precisamente dedicada esta entrega, la 265 de la veterana publicación que dirige desde hace 30 años en Málaga el escritor, artista y diseñador Lorenzo Saval.

El propósito de esta lujosa publicación es, en palabras del propio Saval, emprender «un viaje indomable hacia la alegría, en el que pensadores, escritores, poetas, humoristas gráficos, cómicos, payasos y pintores serían los pasajeros», dice. «Estas páginas, tejidas muchas veces con la mandíbula, quieren ser en su conjunto un homenaje a todos esos seres fascinantes que han sido capaces de hacernos flexionar los diecisiete músculos de la cara y reflexionar sobre la vida», añade el director.

Esta edición, de la que ha sido también responsable Antonio Lafarque, se contagia según afirman del espíritu de los hermanos Marx, Charles Chaplin o Buster Keaton, a la vez que tiene presente un vasto caudal de humor literario.

Este recorrido parte de Herodoto, visita a Apuleyo, Aristófanes, Petronio y Marcial, sigue con el Arcipreste y continúa sin tregua hasta llegar a Cervantes y El Quijote, El Lazarillo de Tormes, Lope de Vega, Góngora, Quevedo, Ramón Gómez de la Serna y la generación cómica del 27, los surrealistas franceses, los creadores y artistas de las revistas satíricas españolas o los poetas más actuales.

De forma paralela a este océano literario y cómico aparentemente distendido, cobra vida una galería artística en la que el humor gráfico se alterna con las creaciones de primeras figuras de la historia del arte de distintas épocas, como Velázquez, Picasso, Maurizio Cattelan, José Gutiérrez Solana, Paul Klee, Salvador Dalí, Equipo Crónica, Joan Brossa, Eric Fischl o Eduardo Arroyo.

La antesala de esta fiesta literaria y artística de casi 300 páginas remite a la firma de Felipe Benítez Reyes, quien insiste en que «el humor no sólo sirve para hacer reír, sino que también resulta indispensable para interpretar la condición humana desde el rigor del realismo». Su análisis introductorio, titulado La tensión de la risa floja, va más allá «del tremendismo y del mero chiste» y sucumbe ante el doble filo del humorismo y su convivencia fronteriza con la tristeza y el mal humor. «Una risa viene a ser el resumen de nuestro estupor o de nuestro júbilo ante la vida, aunque, paradójicamente, no tengamos ningún motivo para reírnos», sostiene el escritor roteño.

Por su parte, el escritor Guillermo Busutil defiende que la literatura «no busca el chiste fácil ni de lo inconcluso. Tampoco la risa verde y bermellona que se chilla y se eructa empinándose sobre todo. Hay en la risa un trasfondo de conciencia, de moral, de convicciones e individualismo, algo de búsqueda de sentido de las cosas y de lo serio por encima de lo jocoso», afirma.

«Para muchos», subraya Alfredo Taján en estas páginas, «no puede entenderse la creación literaria sin que en esta no se incluya el sarcasmo más acerbo, sin el humor negro, sin la otra cara de la vida que es la muerte, única realidad que nos esforzamos en seducir, desde el principio de los tiempos, sin conseguirlo, y esa es nuestra gran derrota».

«De prisa, la alegría,/ atropellada, loca», escribe Pedro Salinas, mientras que Pablo Neruda, en unos célebres versos, le dice a la amante: «Quítame el pan, si quieres/ quítame el aire, pero/ no me quites tu rusa», y Carlos Edmundo de Ory añade: «Si río soy un río de risa».

También comparecen los grandes viñetistas: «¿Qué pasa?», pregunta uno de los personajes de Forges en medio de un tumulto. «Nada, que al parecer uno se ha comprado un libro», responde otro. «¡He soñado que estaba leyendo!», dice un hombre en una viñeta de Juan Ballesta, y su mujer le responde: «¡Qué horror!». En otra de Caín, una mujer que cierra una novela sentencia: «Este libro se merecía una lectora peor que yo».

«Malos tiempos para la ironía, pésimos días para la comedia, para la réplica ingeniosa, para el chascarrillo, aunque todos sepamos que es nuestro clavo ardiendo», concluye el periodista Juan Luis Cano. «Reconozcamos a quienes se dejan la vida para que la nuestra la vivamos un poco más alegres, porque al fin y a la postre, lo que más nos gusta recordar siempre es aquello que nos hizo reír», concluye.


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