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«El viento subterráneo provoca el terremoto»

Vuelve a las librerías la primera enciclopedia escolar ilustrada de la historia, el ‘Orbis Sensualium Pictus’ de Comenius

21 ago 2018 / 07:00 h - Actualizado: 20 ago 2018 / 20:58 h.
  • Las páginas del libro, como en el original, vienen en lengua vernácula y latín, cosa que se hizo para facilitar el aprendizaje de este idioma por los escolares. Las ilustraciones son las mismas que las de la primera edición, publicada en Núremberg (Alemania) en 1658.
    Las páginas del libro, como en el original, vienen en lengua vernácula y latín, cosa que se hizo para facilitar el aprendizaje de este idioma por los escolares. Las ilustraciones son las mismas que las de la primera edición, publicada en Núremberg (Alemania) en 1658.
  • «El viento subterráneo provoca el terremoto»

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En la editorial Libros del Zorro Rojo son muy madres y siempre tienen algún adjetivo exquisito con el que elogiar a sus niños ante los extraños –con razón, hay que decirlo– pero esta es la primera vez –que uno recuerde– que se le dedica a uno de ellos la expresión «pequeño tesoro». No cuesta mucho comprenderlo: eso es exactamente Orbis Sensualium Pictus, de Johannes Amos Comenius (1658), la primera enciclopedia ilustrada de la historia, el primer pie en la Luna que puso la Pedagogía, y que 360 años después de su nacimiento regresa a las librerías para deleite de los muy cafeteros, deslumbramiento de necios –como los coches deslumbran a los conejos de noche, con las largas– y regocijo de los aficionados al asombro. Por ilustrarlo con un ejemplo, vaya por delante una de sus enseñanzas, extraída del capítulo XLI dedicado a los Sentidos externos e internos: «Los sentidos internos son tres. Sentido común, tras la frente, aprehende las cosas percibidas por los sentidos externos. Fantasía, bajo la coronilla, juzga esas mismas cosas, las piensa, las sueña. Memoria, bajo el occipucio, guarda y saca cada cosa; algunas las pierde, y esto es el olvido». Y más: «El viento subterráneo provoca el terremoto».

Como en su edición original, el texto viene en lengua vernácula –español, en este caso– y en latín: la idea del autor era que los escolares encontrasen un aliciente y una facilidad para el aprendizaje de esta lengua madre, que entonces estaba tan extendida como ahora los emojis –para que los millennials se hagan una idea–. Pero alto ahí: quien haya creído intuir cierto tufillo rancio en esta obra, que se repase discretamente las verijas, porque este libro –siendo antiguo– es uno de los más revolucionarios que han salido jamás de una imprenta. No porque llamase a las barricadas ni porque enardeciese a las masas ni por ninguna otra ordinariez semejante, sino porque daba un gran salto adelante en el tiempo en el modo de entender la escuela y la enseñanza. En el prólogo, Alberto H. Rodríguez explica que la docencia era para Comenius «el oficio más noble de todos», y que a su juicio los maestros debían ser, «ellos mismos, los modelos para sus estudiantes» y el estímulo de su aprendizaje y de la búsqueda activa del conocimiento, de ahí que fuese «uno de los pioneros en desarrollar una cultura de la imagen y de la imaginación».

Comenius, nacido en Moravia (actual Chequia) en 1592 como Jan Amos Komensky, fue teólogo, pedagogo y filósofo durante la época convulsa de las guerras de religión, en un tiempo abocado a la Modernidad en el que Europa volvía a parirse a sí misma entre terribles y agónicos dolores. Fue en esta transición cuando gestó su proyecto pedagógico. «Es –sigue Rodríguez– un innovador al intercalar textos e imágenes en los libros didácticos y al llevar el teatro a las aulas. Lucha fervientemente por una escuela práctica y sin malos tratos; postula que todos los seres humanos tienen un don innato hacia el conocimiento; y que el saber no debe estar restringido a una élite. De esta forma crea el proyecto de una escuela popular de gran cobertura y a la que cualquier persona tenga acceso».

Más aún, «desaprueba los métodos fundamentados en el castigo y la amenaza, que solamente despiertan el rechazo hacia el conocimiento y obstruyen la creatividad y el ingenio. Propone un modelo práctico de aprendizaje en el que los conceptos se inculquen apaciblemente en las almas, que conduzca al entendimiento de la verdadera esencia de las cosas, en detrimento de la memoria». De hecho, el lema del libro es: Todo fluye por sí mismo, la violencia es ajena a las cosas. Y lo aclara el propio autor, pues sus primeras palabras son: «El antídoto de la rudeza es la enseñanza». El único reproche que se le puede hacer a este precursor es que, 360 años después, siga siendo necesario recordarlo.

Naturaleza, geografía, sociedad, anatomía, astronomía... «Del vapor sulfuroso se origina el trueno», se indica. «El ámbar se recoge junto al mar, sobre todo en Prusia». El Orbis Sensualium Pictus que ahora rescata Libros del Zorro Rojo es, además de todo, un precioso retrato de la época. En el capítulo dedicado a las siete edades del hombre, se ofrece la siguiente clasificación: «El hombre primero es infante, luego niño, después adolescente, después hombre [adulto], posteriormente anciano, finalmente anciano decrépito». Hay una lección titulada Deformes y monstruosos, donde se explica esto: Monstruos y deformes son aquellos cuyo cuerpo se aleja de la forma común, como son: el desmesurado gigante, el diminuto pigmeo, el siamés, el bicéfalo y otros de este género. Algunos agregan asimismo al cabezón, narigón, bezudo, bocón, bizco, cuellituerto, escrofuloso (con paperas), giboso, pediblando, cabeza puntiaguda, también al semicalvo». No se puede tener más arte ni ser más del siglo XVII.

Pero la principal lección que da no Comenius, sino la historia, es que hay que saber sobreponerse a las épocas, y si algo merece conservarse de esta obra es la intención que el propio autor fija al comienzo: que el libro sirva «para atraer con su contenido las mentes y no conciban la escuela como un martirio sino como algo placentero. Pues es bien sabido que los niños (normalmente desde sus primeros años) gustan de las pinturas y deleitan sus ojos contemplándolas. Ya es hazaña haber desterrado los fantasmas de los pequeños huertos de la inteligencia».


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