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Escritores de dos mundos (como mínimo)

Los escritores latinoamericanos afincados en Sevilla celebran a su manera el Día de la Hispanidad

12 oct 2016 / 12:08 h - Actualizado: 13 oct 2016 / 07:55 h.
  • El mexicano Iván Vergara / El Correo
    El mexicano Iván Vergara / El Correo
  • Fernando Iwasaki, peruano de apellido japonés y afincado en Sevilla. / Javier Díaz
    Fernando Iwasaki, peruano de apellido japonés y afincado en Sevilla. / Javier Díaz
  • El poeta y pintor cubano José Pérez Olivares, ante una de sus obras. / Sara Buzón
    El poeta y pintor cubano José Pérez Olivares, ante una de sus obras. / Sara Buzón
  • El poeta venezolano David González Lobo / El Correo
    El poeta venezolano David González Lobo / El Correo
  • La poeta argentina Claudia Capel. / Pepo Herrera
    La poeta argentina Claudia Capel. / Pepo Herrera

José Pérez Olivares, cubano y poeta, premio Hermanos Machado con A la mano zurda, nunca conoció a su bisabuelo granadino, Francisco García Merino. «Supe de él a través de las historias de guerra que me contaba una de sus hijas, mi abuela paterna María de las Nieves. De modo que su presencia me ha acompañado siempre, prácticamente desde que nací y para mí es como si aún estuviera vivo. Mi bisabuelo peleó por la independencia de Cuba y bajó de la manigua con grados de teniente. Por eso, si los demás niños necesitaban leer historias de superhéroes en los cómics, yo podía darme el lujo de tener uno en la familia. Para mí la Hispanidad es mi bisabuelo, que era español de nacimiento y cubano de elección».

José es uno de los muchos escritores latinoamericanos que viven en Sevilla y conmemoran, cada uno a su manera, el descubrimiento de América. «Al margen de las fechas, yo celebro la Hispanidad día tras día, y hasta sin darme cuenta, porque lo más grande que los nacidos en Cuba y el resto de Latinoamérica hemos heredado del encuentro de dos mundos ha sido la lengua con la que nos expresamos. En mi caso, cuando escribo un poema, la celebro. Y cuando me bebo un vaso de agua también, pues al hacer consciente mi sed la palabra agua no la pienso en francés (l´eau) o en inglés (water), sino en español: agua. ¡Qué hermosa palabra! Nuestra Dulce María Loynaz escribió uno de sus mejores poemarios con ella: Juegos de agua, allá por los años cincuenta del siglo XX».

Para el poeta venezolano David González Lobo, autor de Dulcamara, «el concepto de hispanidad está cargado desde antiguo por tendencias marcadamente ideológicas de variadas índoles. Las culturas con que España se topó persiguiendo otros caminos. Por eso el cuento de la hispanidad debe partir y parte con los cronistas –y los coronistas– que no tienen palabras ni formas posibles, al principio, para abarcar aquel mundo».

Así, para recoger hoy «de forma serena y crítica» el concepto de hispanidad, «ahora que la mayoría de los territorios de América hablan, y viven regidos por el uso de un español híbrido, mestizo, multicultural y matizado ya por el aporte de otras lenguas y de otras culturas, aunque queden y persistan territorios minoritarios que hablan sus propias lenguas y mantengan», confirma «una gran unidad territorial y cultural, que siempre ha estado marcada por el conflicto y la reconciliación», agrega González Lobo.

«Creo que el idioma, a través de la literatura, es el mayor puente que une los dos lados del mar», asegura la porteña Claudia Capel, autora del poemario Trigramas. «Argentina ha publicado a autores españoles que no podían publicar aquí a principios del XX, y la literatura latinoamericana ha aportado un aire fresco y renovador a la poesía y la prosa española desde Rubén hasta el llamado boom de los años 60», explica.

Capel, que no celebrará hoy de ningún modo especial la efeméride, señala que «el Día de la Hispanidad, que en Argentina antes se llamaba Día de la Raza y desde hace unos años Día de la Diversidad Cultural, es una fecha para reflexionar sobre lo que nos une, la riqueza de nuestra lengua y nuestras diversas culturas».

Como es sabido, no todo el mundo está por la labor de celebrar el Día de la Hispanidad. O lo hacen con matices. Es el caso del mexicano Iván Vergara, escritor, músico y agitador cultural, que hoy mismo organiza el V Informe del Gabinete Salvaje –una de sus múltiples iniciativas– bajo el título No hay sangre que celebrar... «El título es engañoso, ya que si algo celebraremos será la vida que surgió de ese encuentro», explica.

«El tiempo nos ha enseñado que el camino de la violencia es lo que ha fundado sociedades y este sistema», prosigue Vergara, «pero también creo en la capacidad de empatizar y virar; la ley del más fuerte no es en verdad la correcta o la única, soy de los que creen más en la ley del bien común y creo que por ahí es donde deberíamos trabajar estos encuentros de culturas, que aunque comenzó hace cinco siglos, en verdad hoy siguen siendo algo igual de nuevo».

«Para un inmigrante hispanoamericano», prosigue el joven autor, «España sigue siendo un territorio hostil, nos siguen percibiendo con lejanía y condescendencia, aún cuando llevamos algunos ya más de diez años. Supongo que si la gente en vez de mirarnos con cierto desdén se preguntaran qué pueden aprender de nosotros, otra España estaríamos viviendo. Por ello mañana [por hoy] no seguiré el juego de hacer más grandes las fronteras y hablaré de lo que ha originado ese encuentro, ese mestizaje forzado que siempre podrá ser mejor».

El reproche también es para la actitud de la Madre Patria hacia sus hijos escritores del otro lado del Atlántico. «Hoy la lengua española se regodea de tener entre sus filas a García Márquez, Octavio Paz, Cortázar, Bolaño... Pero España sin duda no es el país que más atención pone a lo originado por su lengua en otros países y eso es tristísimo. Difundir hoy a autores de América en este país es un descalabro económico a pesar de que podemos ofrecer obra de Juan Villoro, Alberto Chimal, Dante Medina, José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska, Mario Santiago Papasquiaro, solo por mencionar mexicanos. El lector promedio español seguro no reconoce ni la mitad de esos nombres, y son personas que están refundando la obra escrita en español en estas últimas décadas. Nuestra nación es la lengua, decía Paz, pero parece que le hacemos más caso a los fines económicos, lo cual también es un reflejo de la cultura que producimos en este país. España será siempre nuestro bastión europeo y por ello es tan importante para nosotros en América, es cuestión de mirar a los demás con los mismos ojos con los que se ve a un hermano», concluye.

«Jamás me he sentido extraño en España», afirma en cambio Pérez Olivares. «Y menos ahora que me han concedido la nacionalidad. En lo que toca a mi condición de emigrado, o transterrado, que es como nos llaman un tanto más amablemente ahora, tampoco la he sentido como una tragedia. Para mí se trata sólo de un fatum, que era como los antiguos griegos concebían el destino. Por eso, donde algunos ponen una nota de ajenidad, yo pongo otra de asimilación, que no significa ni mucho menos mimetismo, sino capacidad para enriquecer mi concepto de cultura. Como martiano que soy, comprendo que esa cubanidad que hay en mí lleva ahora nuevos componentes que hacen más intensos los que ya existían».

«España y América Latina son dos lugares muy parecidos separados por el mismo idioma», dejó dicho el peruano de origen japonés y sevillano de adopción Fernando Iwasaki. «Como todo el mundo sabe, la celebración del 12 de octubre nace en América Latina, en concreto en Argentina. La República española se sumó, tratando de exaltar la existencia de un continente mestizo. Con los años, la fiesta tuvo su propia deriva, pero lo innegable es que en EEUU lo celebran por todo lo alto, y nosotros no podemos vivirlo al margen. Somos especialistas en convertirnos en aguafiestas de nuestras propias fiestas, pero sería sonrojante que no tuviéramos una postura crítica y de congratulación al respecto».


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