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Escuchar siempre al espectador sin perder la esencia

Radiografía al teatro. Aunque el mapa de las salas de teatro sevillanas se ha visto diezmado en los últimos años, el público respalda con su presencia su esfuerzo por llevar a escena sueños y denuncias

27 ene 2017 / 18:24 h - Actualizado: 27 ene 2017 / 18:51 h.
  • Imagen de archivo del montaje ‘Así que pasen cinco años’, de Amparo Marín y Manuel Monteagudo, en la sala La Fundición. / El Correo
    Imagen de archivo del montaje ‘Así que pasen cinco años’, de Amparo Marín y Manuel Monteagudo, en la sala La Fundición. / El Correo

Como en los chistes, el teatro sevillano ha tenido estos últimos días una noticia buena y una mala. La buena es que el recién clausurado feSt ha registrado una afluencia de público espectacular, con más de 17.500 espectadores; la mala, los rumores –todavía no confirmados, pero verosímiles– del cierre de la histórica sala La Imperdible, cuyo director, José María Roca, ha preferido no participar en este reportaje.

«Nos preguntan cuál es el secreto del feSt, y la respuesta es: trabajar, trabajar mucho. La casualidad no existe», afirma Ángel López, de Sala Cero. «Todo sale como resultado de un gran esfuerzo, también gracias a la experiencia, que siempre ayuda. En cualquier caso, el feSt ha demostrado que cuando tenemos medios, no solo económicos, hacemos programaciones más potentes»

A pesar del azote de la crisis y de unas políticas fiscales despiadadas, la Cero celebra que «llevamos un año llenando todo. Es la prueba de que el público quiere ir al teatro, y que hay espectadores para todos los gustos. Esto es una satisfacción para todos, para ellos mismos, para los artistas y las compañías, para las salas y las instituciones», dice López.

Pero no ha sido tan fácil llegar hasta ahí: «Las circunstancias nos han obligado a redefinir la línea programática. Y la mejor manera de programar es escuchar mucho al público, sin perder lo que somos, una sala dedicada a la comedia contemporánea y al humor».

Pedro Álvarez Ossorio, de La Fundición, celebra los números del feSt, «pero no creo que haya una demanda tan clara: al público hay que conservarlo constantemente, mimarlo, ofrecerle cosas muy atractivas, siempre. Pero sí, hemos conseguido un público sólido», comenta. «Lo curioso es que el público por sí solo no mantiene una sala, porque los precios son muy bajos, y apenas dan para cubrir una parte de los gastos. Podemos tener la sala llena y morir de éxito».

En este sentido, Álvarez Ossorio no duda en dirigir sus cañones contra las administraciones públicas. «La crisis es permanente, pero cuando andábamos en nuestras cifras más bajas, el recorte del 60 por ciento de las ayudas establecidas nos dejó en una situación muy difícil», recuerda.

El director de La Fundición reconoce que, tras la desaparición de la sala Fli, la precaria situación del teatro Távora y el posible cierre de La Imperdible –«al final hemos quedado tres», lamenta–, la Junta de Andalucía ha empezado a intentar corregir la situación, pero no parece haber recetas mágicas para ello. Sobre todo, lamenta la actitud del Ayuntamiento, que no duda en calificar de «el peor que hemos tenido. Lo suyo es un abandono total de las artes escénicas».

«Es cierto que este año ha subido su aportación al feSt», prosigue Álvarez Ossorio, «pero las condiciones que ha puesto para esas ayudas han sido el abrazo del oso. Por otra parte, la ayuda anual a cada sala –10.000 euros– es absurda, tratándose de la administración sobre la cual debería recaer el mayor peso», agrega.

Y concluye: «Creíamos que Antonio Muñoz sería un buen delegado de Cultura, pero se ha convertido en un multidelegado que a la cultura la atiende más bien poquito. Es la tercera temporada que gobiernan, y la ineptitud de su equipo no se corrige. Al PP no le aguantábamos con tanta tranquilidad los errores».

Ricardo Iniesta, de Atalaya TNT, está a punto de cumplir diez años «al frente de la única sala del extrarradio de Sevilla», y reconoce haber experimentado un crecimiento a pesar de los tiempos difíciles que corren: este año han superado la barrera del centenar de funciones en sus dos salas, una de 120 espectadores y otra de 300.

Iniesta celebra «el cambio de la Junta, que este año parece haber estado a la altura de las circunstancias, y solo se le puede reprochar que se contemple igual una sala de conciertos y una de teatro. El teatro es más frágil, y ya decía Lorca que un pueblo sin teatro es un pueblo muerto. Por lo demás, chapó», dice en defensa de la consejería que gobierna Rosa Aguilar.

Como su colega Álvarez Ossorio, no tiene la misma opinión del Ayuntamiento que preside Juan Espadas. «Además de las ayudas, que son ridículas, creo que lo importante es que la ciudad, la municipalidad, apoye con una logística a las salas, que lance campañas en defensa del teatro que se hace aquí. No se ha dado el cambio que esperábamos», dice.

A por el público joven

En el horizonte, una preocupación: la edad media de los espectadores, que cada vez es mayor. «Tenemos que pensar cómo enganchamos al público joven, de 18 a 25 años. Parte del problema es económico, claro: las familias están como están, le das 20 euros a un chaval para salir y no va a gastarse 10 en el teatro. Tal vez hay que programar más cosas que puedan interesarles, buscar un lenguaje que conecte con ellos», afirma Ángel López.

Por su parte, Ricardo Iniesta se muestra de acuerdo en la necesidad de apostar por todo el espectro de público, «pero sobre todo tenemos que hacer una apuesta permanente por la calidad. Es importante ofrecer a la gente cosas que no puedan ver en la tele, en el Club de la Comedia. No solo brindar risas, sino también interrogantes. Hay que emocionar y hacer pensar».


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