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Frida, cuando el dolor es de colores

Tras sus deslumbrantes libros sobre María Antonieta y Alicia, Benjamin Lacombe se mete en las entrañas de la mexicana que hizo del sufrimiento un arte

18 dic 2016 / 18:12 h - Actualizado: 19 dic 2016 / 07:00 h.
  • Frida, cuando el dolor es de colores
    Fragmento de una de las ilustraciones del libro ‘Frida’ editado por Edelvives.
  • Frida, cuando el dolor es de colores
    Benjamin Lacombe y Sébastien Perez, en una entrevista con El Correo durante su última visita a Sevilla. / José Luis Montero

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«Frida Kahlo muestra un dolor mucho más profundo que la melancolía», cuenta, en una nueva cita con El Correo, quien pasa por ser el número uno de la ilustración mundial. El francés Benjamin Lacombe acaba de presentar, al alimón con el escritor Sébastien Perez, otro derroche de sensibilidad y de gusto bajo el sello Edelvives: Frida. «Un personaje que quería abordar porque me fascinaba como artista pero también como persona, porque era una mujer totalmente fascinante, con una capacidad de superación enorme, con una fuerza que consigue transformar un dolor en una obra, un dolor que habría derribado a cualquiera. Una persona extraordinaria».

Muchos asocian las ilustraciones de Lacombe con lo mágico y lo misterioso, y no les falta razón: los Cuentos Macabros de Edgar Allan Poe, Ondina y El herbario de las hadas son tres apabullantes razones para pensar así. Sin embargo, más todavía es un ilustrador de mujeres o, mejor dicho, de historias de mujeres particularmente especiales: Madame Butterfly, Esmeralda, Alicia, María Antonieta... Cada una de ellas como paradigma de alguna emoción o como personificación de una actitud. Los títulos que prepara para el año que viene no lo desmienten: en primavera llegará a España Alicia a través del espejo, un proyecto que había dejado aparcado momentáneamente para zambullirse en la fascinación de Frida sin pensar en otra cosa; y luego, en otoño, nada menos que Carmen, el mito sevillano. «María Antonieta fue una persona que no pudo elegir su destino», explica el artista. «Eran los demás quienes elegían por ella, pero consiguió por otro lado hacer avanzar mucho la condición de la mujer. También Frida se convirtió a pesar de ella misma en un icono del feminismo, y Madame Butterfly no tiene nada que ver, es una víctima auténtica. Las otras mujeres de mis libros tienen destinos totalmente diferentes. Con la próxima protagonista, Carmen, veremos que es totalmente lo contrario: una mujer fatal que si la tocas, mueres. Son personajes totalmente diferentes entre sí, tal y como son las mujeres. Así de sencillo».

Con respecto al libro recién presentado, «hemos tenido una acogida muy buena de Frida», dice. «Hay muchas personas que se han visto conmovidas por la historia de Frida Kahlo y por cómo ella consigue pasar ese dolor de construir una vida a pesar de vivir esas dificultades y ser un ejemplo de vida. Me dicen cuánto les ha ayudado. Eso me ha conmovido. Son ejemplos que nos hacen pensar muchas cosas. No se trata de recrearse en la pena de cada uno; Frida no piensa que haya que hacer nada de esto. Es alguien que acepta su condición, su dolor, y que a pesar de ello consigue crear un mundo para ayudar a los demás». Nadie como ella ha pintado el sufrimiento con colores tan vivos y fragantes, con una máscara tan alegre, con tanto entusiasmo. Y el propio Lacombe, que en su infancia no sucumbió a la fascinación por las obras y la personalidad de la mexicana, reconoce que fue luego, durante su etapa de estudiante de Historia del Arte, cuando descubrió, como escribe en el prólogo de su libro, que «hay pocas obras en las que la experiencia vital, las aspiraciones y las referencias utilizadas tengan tanta importancia. Sin conocer el contexto de su pintura, es fácil que nos pase inadvertida la agudeza excepcional de su trabajo. Frida es un personaje complejo. Sus autorretratos tienen una riqueza de los sentidos mucho más profunda de lo que parece a primera vista. En ellos nada es anecdótico, todo tiene un simbolismo fridiano inspirado por las tradiciones aztecas, las mitologías de la antigüedad y las creencias populares mexicanas».

«Durante mis discusiones con Sébastien Perez sobre la mejor manera de abordar este libro, enseguida se perfilaron nueve temas como columna vertebral de la obra de Frida Kahlo y de su vida. El nueve es, por cierto, un número de buena fortuna entre los aztecas», explica Lacombe. «A través de estos temas (el accidente, la medicina, la tierra, la fauna, el amor, la muerte, la maternidad, la columna rota y la posteridad), y gracias a un juego de recortes y citas, quise adentrarme, de forma literal, en las entrañas de la obra de la artista mexicana. A la propia Frida le gustaba contar su relato maquillando un poco la verdad, con el objetivo de construir su leyenda».

Meses atrás, con ocasión de otras presentaciones, Benjamin Lacombe no podía eludir alguna referencia apesadumbrada al estado de la realidad, con tragedias como la masacre de la sala parisina Bataclan, muy cerca de su casa por cierto. Ahora, los ejemplos son otros pero el malestar no ha variado. «Estoy aterrorizado. Porque estamos viviendo momentos que nos recuerdan mucho a otros momentos de la historia donde las personas se cierran en sí mismas, donde comienzan a tener miedo los unos de los otros, momentos de la historia donde realmente se da un paso atrás fundamental; la vuelta a las religiones, que dictan la forma en que tienen que vivir los hombres y las mujeres, el retorno de ideologías patriarcales... ese retorno a una especie de violencia contra los otros, a la falta de comprensión... es francamente terrorífico, la verdad; es como si un tren estuviera yendo a toda máquina y no supiéramos frenarlo. No sabemos frenarlo, nadie. Y está pasando sobre nuestra vida».

Si acaso hubiera alguna esperanza de para el mundo, a la vista de la situación, en ella no podrán faltar los libros. «Yo creo que sí es importante dar libros a esta generación; libros con un espíritu abierto sobre el mundo, sobre las otras culturas, sobre la diferencia. Mis personajes hablan de las diferencias, de encontrar nuestro lugar en el mundo. Ese es el mensaje que espero que trascienda y creo que es muy importante: no se trata de proselitismo en modo alguno, no; no se trata de imponer una idea, es simplemente al contrario: mostrar un espíritu abierto. Cuando nace un niño es alguien totalmente abierto, pero es la educación la que hace que se cierre puertas, la que le inculca esos estereotipos. Y yo espero y deseo que el libro lo que haga sea abrirles las mentes. Creo muchísimo en el poder de la literatura».


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