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Igual que otras músicas

El flamenco se convirtió en grado hace apenas una década. Sin embargo, en Sevilla sólo se puede cursar el grado medio o profesional

09 nov 2017 / 08:08 h - Actualizado: 09 nov 2017 / 08:08 h.
  • Hasta hace apenas una década no existían los estudios profesionales de flamenco. / Manuel Gómez
    Hasta hace apenas una década no existían los estudios profesionales de flamenco. / Manuel Gómez

Quizás le suenen los nombres de Manuel Cuevas, Julián Estrada, David Hornillo, Bernardo Miranda, Elena de Carmen o Javier Patino. Cantaores y guitarrista con renombre –las saetas de Cuevas son memorables– en el mundillo flamenco, profesionales asentados que, sin embargo, tras años sobre las tablas, están estudiando ahora en el Conservatorio Profesional de Música Cristóbal de Morales de Sevilla. Lo hacen «por tener papeles que acrediten esa profesionalidad porque en muchos sitios, por muy bueno que seas, si no tienes papeles no estás respaldado. Así tienen el título homologado», explica el profesor de guitarra flamenca Manuel Herrera, y porque hasta hace apenas una década no existían los estudios profesionales de flamenco.

De hecho, Sevilla sólo tiene el grado medio de cante y guitarra; para el superior, los interesados deben trasladarse a Córdoba –desde hace dos años– y el elemental, de momento, sólo está disponible en Jerez, Córdoba y, recientemente, en Jaén, de un total de 50 conservatorios que hay en Andalucía. «Ya nos hemos reunido incluso con el vicepresidente de la Junta para reclamar que también el Conservatorio de Sevilla ofrezca el elemental», apunta el profesor.

Para acceder al grado medio o profesional, los interesados deben superar dos pruebas. «Hay algunos alumnos que son brillantes tocando la guitarra, de diez. Han aprendido en academias o de forma privada. Pero cuando hacen la prueba teórica fallan porque no tienen la base musical que da el grado elemental», detalla Manuel Herrera, que ha acompañado con su guitarra a Fosforito o a Cabrero, por lo que insiste en la necesidad de que este estudio se incorpore a la oferta del Conservatorio de Sevilla, aunque depende del visto bueno de la Junta.

Entretanto, la única vía que tienen los estudiantes es estudiar el grado elemental de música o de otro instrumento, como la guitarra clásica, durante cuatro años –normalmente entre los 8 y los 12 años– y después hacer la prueba. Esto hizo Manuel Márquez. Este manriqueño empezó a estudiar canto lírico en el conservatorio de Sanlúcar la Mayor hace diez años porque «ni siquiera sabía que existía el grado de cante flamenco», al cabo de tres años un profesor le comentó que en Sevilla había empezado a andar el grado profesional de flamenco, se presentó a las pruebas de acceso y tuvo la «grandísima suerte» de aprobar. Y dice bien, porque las plazas son tan escasas que a los conocimientos adquiridos y la destreza y aptitudes personales hay que sumar un poco de suerte. El curso pasado, por ejemplo, se ofertaron sólo nueve plazas de guitarra flamenca y se presentaron 20 aspirantes. Para cante también había nueve plazas «aunque otros años se han ofertado hasta 13», recuerda Herrera, que explica que va en función del número de profesores y de los horarios, puesto que las clases de instrumentos suelen ser individuales.

Manuel Márquez, que hace casi un año entró a formar parte de la Compañía La Cuadra de Salvador Távora e interpreta la obra Quejío, pese a que empezó a estudiar ya adulto el grado profesional, agradece compartir con compañeros de muchas edades estos estudios. «En coro podemos coincidir gente de entre 25 y 45 años, pero cuando empezamos muchos eran niños y hemos crecido juntos musicalmente», señala. Pero esto también supone que muchos alumnos deben compatibilizar estos estudios con su trabajo: «Yo tuve que dejar clientes y rechazar trabajos para sacar tiempo para las clases y para estudiar» por esto reivindica el compromiso de los estudiantes de flamenco: «Los flamencos tenemos fama pero los estudiantes somos muy disciplinados. Es la única forma de sacar todo para adelante». Y también a la «flexibilidad» en el horario de los profesores, que se ajustan a sus «necesidades». Nombra a Laura Vital, Manuel Quincalla, Javier Rivera, Juan Reina, Miguel Ortega...

Muchos de estos profesores tampoco tienen estudios superiores de flamenco, «porque hasta ahora no existían, lograron la plaza por puntos». Igual ocurría con la guitarra: los primeros años impartían estas clases los profesores de clásica, ahora ya hay profesionales de flamenco al frente de estos estudios. No en vano, la gran conquista es que el flamenco haya entrado en el Conservatorio, que «nos podamos equiparar a otros músicos», subraya Márquez. «Hasta ahora se estudiaba la guitarra clásica y otras músicas que nos llegaban desde el norte de Europa pero no la nuestra», señala Herrera. «Antes sólo era posible estudiar la música clásica occidental, pero el flamenco, con un lenguaje musical diferente, es paralelo y merecía su sitio», concluye Márquez.

Quizás le suenen los nombres de Manuel Cuevas, Julián Estrada, David Hornillo, Bernardo Miranda, Elena de Carmen o Javier Patino. Cantaores y guitarrista con renombre –las saetas de Cuevas son memorables– en el mundillo flamenco, profesionales asentados que, sin embargo, tras años sobre las tablas, están estudiando ahora en el Conservatorio Profesional de Música Cristóbal de Morales de Sevilla. Lo hacen «por tener papeles que acrediten esa profesionalidad porque en muchos sitios, por muy bueno que seas, si no tienes papeles no estás respaldado. Así tienen el título homologado», explica el profesor de guitarra flamenca Manuel Herrera, y porque hasta hace apenas una década no existían los estudios profesionales de flamenco.

De hecho, Sevilla sólo tiene el grado medio de cante y guitarra; para el superior, los interesados deben trasladarse a Córdoba –desde hace dos años– y el elemental, de momento, sólo está disponible en Jerez, Córdoba y, recientemente, en Jaén, de un total de 50 conservatorios que hay en Andalucía. «Ya nos hemos reunido incluso con el vicepresidente de la Junta para reclamar que también el Conservatorio de Sevilla ofrezca el elemental», apunta el profesor.

Para acceder al grado medio o profesional, los interesados deben superar dos pruebas. «Hay algunos alumnos que son brillantes tocando la guitarra, de diez. Han aprendido en academias o de forma privada. Pero cuando hacen la prueba teórica fallan porque no tienen la base musical que da el grado elemental», detalla Manuel Herrera, que ha acompañado con su guitarra a Fosforito o a Cabrero, por lo que insiste en la necesidad de que este estudio se incorpore a la oferta del Conservatorio de Sevilla, aunque depende del visto bueno de la Junta.

Entretanto, la única vía que tienen los estudiantes es estudiar el grado elemental de música o de otro instrumento, como la guitarra clásica, durante cuatro años –normalmente entre los 8 y los 12 años– y después hacer la prueba. Esto hizo Manuel Márquez. Este manriqueño empezó a estudiar canto lírico en el conservatorio de Sanlúcar la Mayor hace diez años porque «ni siquiera sabía que existía el grado de cante flamenco», al cabo de tres años un profesor le comentó que en Sevilla había empezado a andar el grado profesional de flamenco, se presentó a las pruebas de acceso y tuvo la «grandísima suerte» de aprobar. Y dice bien, porque las plazas son tan escasas que a los conocimientos adquiridos y la destreza y aptitudes personales hay que sumar un poco de suerte. El curso pasado, por ejemplo, se ofertaron sólo nueve plazas de guitarra flamenca y se presentaron 20 aspirantes. Para cante también había nueve plazas «aunque otros años se han ofertado hasta 13», recuerda Herrera, que explica que va en función del número de profesores y de los horarios, puesto que las clases de instrumentos suelen ser individuales.

Manuel Márquez, que hace casi un año entró a formar parte de la Compañía La Cuadra de Salvador Távora e interpreta la obra Quejío, pese a que empezó a estudiar ya adulto el grado profesional, agradece compartir con compañeros de muchas edades estos estudios. «En coro podemos coincidir gente de entre 25 y 45 años, pero cuando empezamos muchos eran niños y hemos crecido juntos musicalmente», señala. Pero esto también supone que muchos alumnos deben compatibilizar estos estudios con su trabajo: «Yo tuve que dejar clientes y rechazar trabajos para sacar tiempo para las clases y para estudiar» por esto reivindica el compromiso de los estudiantes de flamenco: «Los flamencos tenemos fama pero los estudiantes somos muy disciplinados. Es la única forma de sacar todo para adelante». Y también a la «flexibilidad» en el horario de los profesores, que se ajustan a sus «necesidades». Nombra a Laura Vital, Manuel Quincalla, Javier Rivera, Juan Reina, Miguel Ortega...

Muchos de estos profesores tampoco tienen estudios superiores de flamenco, «porque hasta ahora no existían, lograron la plaza por puntos». Igual ocurría con la guitarra: los primeros años impartían estas clases los profesores de clásica, ahora ya hay profesionales de flamenco al frente de estos estudios. No en vano, la gran conquista es que el flamenco haya entrado en el Conservatorio, que «nos podamos equiparar a otros músicos», subraya Márquez. «Hasta ahora se estudiaba la guitarra clásica y otras músicas que nos llegaban desde el norte de Europa pero no la nuestra», señala Herrera. «Antes sólo era posible estudiar la música clásica occidental, pero el flamenco, con un lenguaje musical diferente, es paralelo y merecía su sitio», concluye Márquez.


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