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La Bienal abrirá con una fiesta flamenca y no cerrará por tonás

La Bienal podría también ocuparse de quienes están investigando

01 jun 2018 / 10:40 h - Actualizado: 01 jun 2018 / 10:41 h.
  • Monumento al flamenco ubicado en la Plaza del Altozano de Triana. / El Correo
    Monumento al flamenco ubicado en la Plaza del Altozano de Triana. / El Correo

La Bienal va a comenzar con una gran fiesta flamenca en Triana, donde según algunos investigadores comenzó todo, en aquella fiesta celebrada en la calle Castilla, en 1838, que contó Serafín Estébanez Calderón en su Escenas andaluzas, con el título de Un baile en Triana. Diez años antes ya cantaban en los teatros Antonio Monge El Planeta y su sobrino Lázaro Quintana. Pero es verdad que siempre que se habla de los orígenes del flamenco nos vamos a aquella fiesta en Triana donde estuvieron El Planeta, El Fillo, Juan de Dios, La Perla y El Jerezano, entre otros, porque en ella ya se describen cantes y bailes y aparecen nombres que luego serían fundamentales.

Este tipo de fiestas eran frecuentes en el arrabal sevillano y no todas eran simples festejos familiares, sino organizados para agasajar a autoridades locales o foráneas, viajeros románticos o, sencillamente, aficionados con poderío económico que querían disfrutar del arte de la tierra. Incluso había personas dedicadas a organizar este tipo de reuniones, como era un tal Péicker, de origen francés, del que ya he escrito en otras ocasiones. Por tanto, si eran fiestas por las que se pagaba para asistir, los artistas invitados iban contratados o cobraban por actuar, aunque si nos vamos al padrón de vecinos de la época y buscamos a aquellos artistas, nadie constaba como tal sino como jornaleros, herreros, carpinteros, costaleros, alfareros o matarifes.

No es mala idea comenzar la Bienal con una gran fiesta en Triana, porque costaría entender este arte sin la importancia del arrabal en sus orígenes. Puede ser buen reclamo para que a partir del festival las autoridades locales se interesen de una vez por todas por el flamenco en el barrio más castizo de Sevilla, donde nacieron artistas fundamentales de aquel tiempo y vivieron algunos de otras partes de Andalucía, como San Fernando (El Fillo y su hermano Curro Pabla), Frasco el Colorao (Puerto Real), Antonio Frijones y su prima y La Sarneta (Jerez de la Frontera) o el mismísimo Planeta, quien si bien es cierto que nunca fue vecino de Triana –no ha aparecido aún algún documento que lo acredite–, es verdad que estuvo muy vinculado al barrio por motivos profesionales y sentimentales.

La Bienal podría ocuparse de apoyar a quienes están investigando en serio, algo que no estaría reñido con esa anunciada fiesta para subir el telón del que es, sin duda, el festival de flamenco más importante del mundo. Se cumplen 180 años de aquella célebre fiesta celebrada en la calle Castilla y hubiera sido un buen motivo para publicar algún libro que diga de una vez por todas la verdad de cómo fue aquello y, en general, el nacimiento del flamenco en el arrabal. Sobre todo para desmentir todo lo que hay que desmentir sobre cómo comenzó todo y dejar claro que aquellas figuras que hasta hace poco tiempo se tenían por trianeras de cuna, llegaron con años de vida y dedicados ya al arte jondo, llevando con ellos unas formas cantaoras que fueron vitales para que se formara la llamada escuela trianera. Lo digo para quienes han escrito tanto sobre las tonás, seguiriyas y soleares trianeras o por los que han dicho que todo el cante jondo viene de Triana.

La Bienal, pues, comenzará con una fiesta, cuando las fiestas son para el final. Podrían haber dejado para cerrar una buena ronda de tonás, deblas y martinetes, pero tendremos a Dorantes tocando el piano en el puerto de Sevilla, un capricho que le ha concedido su pariente, el director del festival, el amigo y compañero don Antonio Zoido Naranjo.


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