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La voz delicada que cautivó a Battiato

La siciliana Etta Scollo, tan exquisita como inquieta en sus búsquedas, visita esta semana Sevilla con sendos conciertos, en el Cicus y en la Fundación Tres Culturas

24 jun 2018 / 20:04 h - Actualizado: 24 jun 2018 / 21:10 h.
  • La cantante Etta Scollo (centro) en un reciente concierto celebrado en Dresde,, Alemania. / El Correo
    La cantante Etta Scollo (centro) en un reciente concierto celebrado en Dresde,, Alemania. / El Correo

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No es la primera vez que Etta Scollo visita Sevilla. En la memoria de unos pocos suertudos sigue vibrando aún el recital en petit comité que dio en La Carbonería hace un par de años. La cantante siciliana está de vuelta, acompañada por la violoncelista Susanne Paul. Pero esta vez la oportunidad para reencontrarse con la calidez de su voz y la hondura de sus melodías será doble: mañana martes, 26 de junio, a las 20.00 horas en el Cicus; y al día siguiente, miércoles 27, a las 20.30 en la Fundación Tres Culturas.

Nacida en Catania en 1958, Scollo vive entre su isla natal y Berlín. Su trabajo se caracteriza por combinar unas dotes vocales extraordinarias con una notable inquietud que se traduce en múltiples búsquedas. Éstas la han llevado, por ejemplo, a rendir homenaje a la gran Rosa Balistreri en Canta Ro’ (2005), o a reivindicar la excelsa narrativa de Vincenzo Consolo en el disco Lunaria (2012), entre otros muchos proyectos. Sus últimos trabajo hasta la fecha son Tempo al Tempo (2015), grabado en colaboración con la citada Susanne Paul, y Il passo interiore (2018).

En este título, a los poemas del siciliano Sebastiano Burgaretta se alternan cantatas sobre los muertos en la travesía del Mediterráneo o sobre los obreros sepultados en las minas centroeuropeas junto con textos de Miguel Ángel Cuevas.

«¡Cuánto esmero, cuánto respeto y delicadeza encierra la música de Etta!», asevera Cuevas. «Su canto se desliza desde el susurro al grito, sin jamás rozar siquiera el chillido», añade, a la vez que destaca «una extraordinaria amplitud de registros vocales».

Los diamantes de la garganta de Scollo no pasaron inadvertidos para su paisano catanés Franco Battiato, que se sumó con ella al proyecto Il fiore splendente, una antología de poemas árabes sicilianos musicados en el que también participaron nombres como Giovanni Sollima, Markus Stockhausen y Nabil Salameh.

«Con Franco enemos una bellísima relación amistosa», confesó a este periodista en su última visita. «Lo impliqué en el proyecto de los poetas árabes y nos hicimos amigos. Es una persona muy proyectada a la mística, a la espiritualidad. Yo soy quizá más sobria, o no he llegado a sus conclusiones, pero me gusta descubrir cómo ha llegado a ciertos puntos, me siento curiosa, me descubre libros. Nuestros encuentros son siempre de comida: voy a su casa, comemos juntos y se habla de todo. Él es un referente en Italia, pero para mí es un hermano. Me interesa que esté bien, que sea feliz», agrega la artista.

Quienes tengan una idea estereotipada de la cultura siciliana se llevarán a buen seguro una sorpresa oyendo a Etta Scollo. Su registro es como la isla: puede ser delicado y hermosísimo, pero también rasgado, doliente: «Hay mucho dolor en la música siciliana, sí, pero no creas, también ironía, bromas...», dice. «Más que dolor, yo hablaría de música un tanto introvertida, y como digo individual. Incluso el canto de cunti, que cuenta la historia del país, de los paladines de Francia, es el canto de uno para los demás. Para descubrir el canto coral hay que asomarse a las fiestas religiosas, paganas, a la recogida de la aceituna, del grano, o a los carreteros que comunican la distancia con la voz, que se encuentran en un lugar, todos juntos, e improvisan. Pero son solo momentos puntuales».


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