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Las aventuras de Sevilla en el país de las maravillas

Diez días de tomo y lomo. La Feria del Libro de Sevilla llega hoy a la Plaza Nueva con 39 casetas y más de 200 actividades diversas orientadas a animar el negocio y fomentar la lectura, dos misiones de audaces

18 may 2017 / 06:18 h - Actualizado: 18 may 2017 / 17:08 h.
  • La Pérgola, espacio central de la feria, llena de niños durante la presentación, en la edición del año pasado, de los libros del sevillano Antonio Rodríguez Almodóvar. / El Correo
    La Pérgola, espacio central de la feria, llena de niños durante la presentación, en la edición del año pasado, de los libros del sevillano Antonio Rodríguez Almodóvar. / El Correo

Dice el aserto popular que cada uno cuenta la feria según le va en ella, y esto vale también para las ferias de libros. La de Sevilla, que es una feria de plaza mayor, o sea pequeñita y popular, tiene, como sus libros, muchas lecturas. Está la faceta meramente mercantil, aunque algunos le quitarían el adverbio a esta expresión después del destrozo que la crisis económica y la abominación de la intelectualidad han hecho y siguen haciendo en un sector que sobrevive de milagro a sus quijotescos afanes. Para otros, es sobre todo un acontecimiento cultural, la ocasión de manosear libros nuevos delante de sus mismísimos autores y llevarse a casa un ejemplar firmado y la sensación renovada de pertenecer a una clase en extinción. Las autoridades locales, además de las dos utilidades anteriores, encuentran que sirve para hacer calle, esto es, para cuajar imagen de Sevilla y dinamizar la ciudad, que es un verbo que les encanta. Y así, sobre estas tres patas condenadas a formar un banco, se sustenta una cita anual que tras celebrar a Cervantes el año pasado se ha propuesto esta vez una misión digna del Caballero de la Triste Figura, lanza en ristre contra los molinos: nada menos que fomentar la lectura. Alguien repondrá que si los libros no sirven para fomentar la lectura, ya dirán ustedes para qué otra cosa valen. Pero claro, hace falta explicar, comparar, recuperar los títulos que todo el mundo debería leer por su propio bien, debatir sobre cómo se ve el mundo percibido con ojos de lector, desempolvar a autores que quizá no estén de moda o no vendan miles de libros... La pregunta es si se trata de fomentar la lectura a base de novedades. Todo eso y mucho más se verá a partir de hoy en la Plaza Nueva, escenario de una edición de la Feria del Libro de Sevilla que tiene como anagrama un ojo de papel y como lema Leer es ver más allá de las páginas, para quien no tenga el gusto.

Lo mejor con diferencia que se puede decir de la cita librera y editorial sevillana es que casi siempre está llena de niños, que despliegan por entre las casetas un frenesí lector y un entusiasmo contagiosos y ejemplares. La organización, que no es ajena en absoluto a este fenómeno, desarrolla a lo largo de los once días que dura la cosa –del 18 al 28 inclusives– un amplio programa de actividades infantiles que son sin la menor duda la sal de esta cita, por más que sobre las losas de la plaza se paseen los autores del momento del brazo de sus agentes y en tal o cual escenario se hable de algo muy importante y definitivo por parte de personalidades de aquilatada cualificación. Este chiquillerío, que casi se asfixia de emoción entre los títulos más flamantes y vistosos de la literatura hecha para ellos, será el que determine si volverá a haber un acontecimiento así dentro de treinta años, o bien para entonces habrán desaparecido todos los de su especie. Y aquí es donde los responsables de esta y todas las ferias del ramo deben aplicarse el lema.

De momento, el programa de la Feria del Libro de Sevilla 2017 hace ya semanas que llegó a las redacciones de los periódicos como las caravanas de los circos entraban antaño por las calles de los pueblos: deslumbrando al paisanaje con su porte de maravillas, rarezas, colores y prodigios. Solo con la relación de los autores que pasarán por la plaza en estos días, ya suena a fenómeno de bombo y platillo: Fernando Aramburu, Manuel Vicent, Albert Espinosa, Sami Naïr, Dolores Redondo, Javier Sierra, Miguel Brieva, Juan Madrid, Ian Gibson, Luz Gabás, Fernando Delgado, Julio Muñoz el Rancio, Christian Gálvez, José María Guelbenzu... La caza del autógrafo, el intercambio de zalamerías y la proximidad física de lo que hasta entonces solo había sido (en el mejor de los casos) contacto emocional en la distancia –la que hay entre escritor y lector, donde las palabras hacen de frontera más o menos poco vigilada– y, por supuesto, esos niños de los que se hablaba antes, ayudarán a darle a este encuentro esa estampa pintoresca y festiva tan deliciosamente complementaria del hecho íntimo, reservado y litúrgico de ser lector.


VARIEDAD DE ACTIVIDADES

Dirigida por último año por Javier López Yáñez, la Feria del Libro de Sevilla 2017 pregona de sí misma que será una auténtica fiesta: animaciones, cuentacuentos, mesas redondas, presentaciones, firmas, espectáculos de títeres, música, exposiciones y talleres intentarán escenificar en la medida de lo posible el gozo de leer y de compartir lo leído, es decir, de hacer de todo esto un acontecimiento social. Las más de 200 actividades programadas con ese criterio así lo pretenden, con la implicación, además, de instituciones, entidades y administraciones –Festival de Cine, Legado Expo, Bienal de Flamenco, Emasesa...– que establecen relaciones entre la lectura y otras pasiones más o menos concomitantes.

Se mantiene este año la cifra de 39 casetas, donde se verán las caras tanto los grandes grupos editoriales y las tiendas más potentes como las librerías especializadas y los editores independientes de la ciudad, todo ello dispuesto alrededor del solemne escenario de la Pérgola y otros, donde la Sevilla lectora ejecutará su juego de sociedad con la excusa de los grandes temas. Los que hacen la feria destacan que este año, «más que nunca», abundan las actividades propuestas por las editoriales y librerías pequeñas, donde cabe la poesía y el aforismo, el taller y la pequeña mesa redonda que dan voz a los noveles y a otros que, sin serlo tanto tal vez, presencian desde fuera el baile de los astros. Lo minoritario, lo específico y lo visualizable cobran vida en estos expositores: Triskel, El Paseo, La Isla de Siltolá, Athenaica, Renacimiento, Maclein y Parker...

El programa es tan extenso y variado que la mejor forma de conocerlo es leer todos los días el periódico para ver lo que pasará y lo que está pasando. Pero a modo de menú degustación, o de anticipo a cuenta, vaya aquí un ramillete de ocurrencias de lo más recomendables: este viernes, de nueve a diez de la noche en la Pérgola, Catherine Meurisse presenta su libro La levedad. Para quien no la conozca, esta mujer sobrevivió milagrosamente –no le sonó el despertador– a la matanza de Charlie Hebdó, y de resultas de aquella masacre terrorista perdió la memoria, perdió el dibujo y casi se perdió a sí misma en el vértigo de un abismo del que solo la rescató su providencial apuesta por la belleza. La levedad, con el sello de Impedimenta, es el testimonio de ese dolor, de ese desastre, de esa remoción brutal, de esa resurrección, y sin la menor duda uno de los libros más emocionantes publicados este año. Un libro muy gráfico, claro. O un cómic, para quien prefiera llamarlo así.

Tampoco se puede dejar de visitar la exposición del patio central del Ayuntamiento, Sátiras de papel, donde el Centro de Estudios Andaluces, a través del comisariado del periodista Juan Luis Pavón, ha cuajado una antología indispensable de 150 años de humor gráfico español con firma de autores andaluces. Todo un máster en el ejercicio siempre arriesgado de la libertad de expresión, práctica en la que más de uno de los representados en la muestra se jugó el sueldo, la paz y hasta el tipo por convertir en risa la denuncia y en broma la verdad.

Juan Cruz, que es un periodista al que conviene escuchar siempre que habla porque rara vez dice una tontería, lo cual es toda una novedad en el mundo del estrellato mediático, acude el día 22 a la Pérgola a presentar su libro Un golpe de vida, que es una prolongación de sus pensamientos al respecto del oficio y de la edad; y un día después hace lo propio Sami Naïr, voz de la lucidez y la erudición en todo cuanto huela a Mediterráneo, con trasfondo de encuentro, diálogo, refugiados, conflictos varios y, en definitiva, el porvenir que se presenta. Para no ser menos, a la misma hora, las nueve de la noche, pero ya el miércoles 24, da cuenta de su obra más nueva Manuel Vicent, firmante de uno de los títulos más fascinantes de la temporada: La regata, lleno de levante, de mar, de misterio, de sexo, de miserias de millonario y de paradojas varias, pero sobre todo de talento narrativo.

Pero además de todo esto y de incontables atractivos más, anda el gallinero especialmente revuelto con una convocatoria que parece tener su puntito gamberro y rebelde. Dice así: «Bajo la consigna ¡Con los libros siempre! la Feria del Libro de Sevilla 2017 convoca el próximo domingo 28 de mayo una Manifestación Lectora a las 12 horas en la Plaza Nueva (frente al Ayuntamiento de Sevilla) con el objeto de contribuir al fomento de la lectura entre todos los ciudadanos y reivindicar su capacidad de transformación social. Así, el logo de la #FLS17 se pone por primera vez en pie para hacer un llamamiento a lectores, libreros, escritores, editoriales, administraciones públicas, medios de comunicación y público en general que sirva para reclamar juntos la importancia de las letras». A las barricadas. Qué literario.


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