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‘Lo inútil’ está en un piso del Polígono

El artista Arturo Comas reflexiona sobre el absurdo en una colección que presenta en una galería del barrio de San Pablo

23 ene 2018 / 16:57 h - Actualizado: 23 ene 2018 / 23:30 h.
  • El creador sevillano Arturo Comas, fotografiado estos días en su exposición en el Espacio Olvera. / Jesús Barrera
    El creador sevillano Arturo Comas, fotografiado estos días en su exposición en el Espacio Olvera. / Jesús Barrera
  • Detalle de la exposición. / Jesús Barrera
    Detalle de la exposición. / Jesús Barrera

A veces suceden cosas extrañas. Acontecimientos que sacuden los cimientos de la lógica en la cultura; ahí donde las estructuras son férreas y las inercias, de hierro. De repente sabemos que en el corazón del barrio del Polígono San Pablo ha abierto una galería de arte contemporáneo. Lo ha hecho además en un tercer piso. Más exactamente en la calle Siracusa número 8 3ºD, paralela de Bizancio y no lejos de Jericó. Sí, ahí mismo.

En ciudades como Chicago, Nueva York, Berlín o París la periferia es cool, mola. Hasta se cotiza. Pero aquí, en la Sevilla eterna, una galería debe estar donde debe estar; pues en Santa Cruz, la Alfalfa, el Arenal o, haciendo una locura, en Los Remedios. Pero Rubén y Óscar, emprendedores del Espacio Olvera decidieron saltarse a piola las reglas no escritas. Decir que el suyo es un lugar alternativo es quedarse cortos. Pasmados se quedaron los vecinos del segundo cuando supieron que, sobre sus cabezas, un piso modelo años 60 había mudado su piel derribando muros y creando un diáfano espacio blanco para que artistas emergentes como Beatriz Castela, Nuno Sousa y María Bueno expusieran sus creaciones.

El último en ocupar el lugar es Arturo Comas (Sevilla, 1982) con su exposición-proyecto Lo inútil, que puede verse hasta el 31 de enero. El suyo es el triple salto mortal, el más difícil todavía. Plantear una colección de objetos inservibles, incompetentes, estériles, improductivos, incapaces... que logran atraernos de una forma muy instintiva. Y hacerlo además en un contexto tan de supervivencia, de llegar a fin de mes, como es un barrio obrero. «Pensé que por su peculiaridad este era el lugar perfecto para presentarlos», dice el artista, cuya obra comienza a estar cada vez más visible en colecciones y exposiciones.

«Me interesa el azar, el error, las cosas que se hacen para nada, lo insignificante, el ridículo, lo absurdo...», enumera Comas. Un señor que, si se queda con él, conviene citarle con unos minutos de antelación. «A veces voy a los sitios por el camino más largo, lo considero una pequeña transgresión que me reconforta», dirá. En las obras que presenta en el Espacio Olvera «se juega al despiste usando elementos y materiales que son pensados de manera útil (madera, bisagras, asas, empuñaduras...) y que yo transformo en artilugios inútiles que no sirven para nada», explica.

Los referentes son inmediatos y muy potentes: Duchamp, Zaj, los dadaístas... pero Comas, que los reconoce y venera en su justa medida, los pone en segundo plano «como esas aplicaciones del teléfono móvil que sabes que están ahí pero no usas». Sigue su instinto. Lee, lee mucho incluso («mi trabajo artístico es un accidente de mis reflexiones, pude haber sido filósofo») y, lo más importante, tiene una ideología que sigue casi religiosamente y que no traiciona. «Lo absurdo es mi proyecto de vida. Hay quienes no asumen el sinsentido de la vida y se suicidan, otros se refugian en la apatía y no hacen nada; yo en cambio doy forma a cosas artísticas», argumenta.

Una repisa que solo sirve, a duras penas, si una persona la pone en equilibrio, un rectángulo de madera abierto con dos asas en el que podemos meternos y alzarlo pero no nos servirá para nada, dos muletas tan cortas que no llegan al suelo... «Lo ilógico incomoda a la sociedad; estamos programados como humanos para hacer cosas útiles, yo en cambio no». Sin embargo, en su discurso, y en su obra, no hay asomo alguno de impostura. «Hago lo que hago porque siento que tengo que hacerlo. Nada más. Intento ser lo más honesto posible conmigo mismo», nos confirma.

En medio de un panorama en el que el arte contemporáneo parece ensimismado en reflexionar sobre los grandes asuntos que ocupan las portadas de los periódicos y los telediarios, Arturo Comas, sin premeditación alguna, nada en sentido contrario al de la corriente y mira a las vanguardias. O no las mira, pero se pone al abrigo de ellas. Su arte despierta asombro e interrogantes. Estimula. Se mira con complicidad. También provoca a quien quiera sentirse provocado. «El arte tiene que crearnos sensaciones», dice. Como sensaciones provoca un grabado de Picasso, una escultura de Miguel Ángel, un óleo de Murillo o un objeto absurdo de Arturo Comas. Esa es la deliciosa utilidad de lo inútil.

UN BARRIO TOCADO POR EL ARTE CONTEMPORÁNEO

En el año 2010 varios artistas de diferentes países realizaron grandes murales en los edificios del Polígono San Pablo. El Espacio Olvera lleva ahora casi dos años poniendo en convivencia el arte de vanguardia con la vida del barrio. La entrada a la galería es gratuita y el horario puede consultarse en www.espacioolvera.com.


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