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Los cómics retan a los grandes lectores en otoño

Cuatro títulos de la editorial Astiberri tan novedosos como diferentes entre sí exhiben las razones más poderosas del género para hablar de tú a tú sin complejo a las demás artes

18 sep 2018 / 16:59 h - Actualizado: 18 sep 2018 / 22:49 h.
  • Una de las despampanantes viñetas de la novela gráfica ‘El jugador de ajedrez’, de David Sala sobre una novela de Stefan Zweig, recién publicada por Astiberri.
    Una de las despampanantes viñetas de la novela gráfica ‘El jugador de ajedrez’, de David Sala sobre una novela de Stefan Zweig, recién publicada por Astiberri.

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La humedad te cala los huesos. La noche hostil y desapacible te empuja hacia ningún sitio. Los edificios dibujan una abigarrada soledad. Amenazan los ruidos de los millones de déspotas que pueblan la ciudad colapsada por la lluvia. Todo parece tener ganas de pelea. Salvo la belleza gris de Europa cuando barrunta algo extraordinario o perverso. Conviene calzarse las botas de agua y abrigarse con el gusto por el asombro antes de abrir El hombre garabateado, de Serge Lehman y Frederik Peeters, una de las obras de alta joyería de la firma Astiberri que este otoño van a dejar sin argumentos a quienes aún sostengan –contra toda evidencia– que los cómics son un género artístico menor. Este libro, como algún otro del que se hablará en un momento, es un desafío a los grandes lectores para que enriquezcan su disfrute de la buena literatura con la proeza narrativa de sus autores.

Todo es un enigma en este volumen que, con planteamientos modernos, se postra ante el más clásico espíritu del cómic, el de los grandes nombres de la edad de oro. Para ello se sirve de un acertadísimo blanco y negro con el que hace frente, desde la elegancia y la maestría, al desaforado abuso actual de la paleta gráfica allá donde hace falta disimular la falta de talento. El hombre garabateado tiene, pese a su naturaleza fantástica, la verosimilitud de las obras bien trabajadas, con personajes ricos, llenos de matices y cargados de historias y de vivencias que influyen de forma natural y coherente en el desarrollo de la misteriosa trama. Guion y dibujo se realzan mutuamente. Y así, a medida que el lector va participando como un personaje más en los acontecimientos, va sintiendo la gota fría que cae del canalón a la nuca, escuchando los ecos del bramido urbano y sintiéndose parte de esa Europa húmeda y nocturna donde los mitos ancestrales dejan de ser un relato circunscrito a los relatos de chimenea.

Quien haya salido corriendo a la librería más próxima a por un ejemplar, que no olvide traerse también otro del mismo sello: El jugador de ajedrez. Al igual que el anterior, aunque en otro estilo muy diferente, una obra maestra que viene con la firma de autor del francés David Sala y con el visado de calidad de Stefan Zweig, de cuya última novela antes de suicidarse es una recreación. ¿Se hablaba antes de Europa? Si alguien puede personificar al viejo continente abocado a la decadencia, ese es Zweig con la moral hecha añicos, que en esta historia ambientada en un paquebote que va de Nueva York a Buenos Aires vomita su repulsa hacia la barbarie nazi; la misma que lo empujó en 1942 a quitarse la vida, convencido de que Hitler acabaría dominando el mundo. Como explica bien la editorial, Sala ha captado a la perfección en este libro la inquietud y la confusión que impregnan el texto del austriaco. Todo ello, con una entre encantadora y delirante estética modernista que introduce en los años cuarenta, como si fuese un sueño o una pesadilla, las modas de los años veinte y un regusto en sus líneas y colores a Klimt y a la cartelería art decó. «Solo entonces adquirí conciencia de aquel sistema para aniquilar el espíritu», cuenta el enigmático señor B. a su confidente, durante la travesía, recordando el tiempo en que estuvo preso de la Gestapo. «Pretendían que me intoxicara cada vez más con mis propios pensamientos hasta que no pudiera más y los tuviera que escupir». Está claro. Aprender a leer es para leer cosas así. El resto es palabreo.

Y si la distancia que tenía que recorrer ese buque entre Nueva York y Buenos Aires es de 8.538 kilómetros, aproximadamente el doble es lo que hay entre El jugador de ajedrez y otra novedad de Astiberri altamente recomendable: Sherlock Frankenstein. Esto, por continuar con la jerga náutica, sí que es un torpedo en la línea de flotación del amante del cómic americano puro y duro. Lleva el linaje de Black Hammer –de la que es el primer spin off o derivación–, probablemente la mejor serie de superhéroes crepusculares jamás creada, y los autores son dos auténticos monstruos de lo suyo: el ya mítico Jeff Lemire, cuyo nombre solo va asociado a solemnes pelotazos del tebeo americano, y el español David Rubín, entrevistado hace poco en estas mismas páginas y uno de los autores nacionales con mejor cartel internacional. Siguiendo la sana costumbre de la editorial, también en este libro se incluye un cuaderno final de bocetos donde los autores ofrecen algunas de las claves de su trabajo, en una especie de gran clase magistral sobre cómic.

Y es injusto que solo quede un párrafo para Rumble, el color de la oscuridad (John Arcudi y James Harren, más el color de Dave Stewart). Atentos, porque es el comienzo de algo muy grande, de una serie esencial para quienes no comprendan la existencia sin un buen montón de mitologías ancestrales dispuestas a hacer brotar sus monstruos y sus leyendas por doquier, a golpes si hace falta. Una preciosa e hipnótica forma de servir el clásico enfrentamiento entre el bien y el mal, con la humanidad en juego. Si alguien sueña luego con espantapájaros, será buena señal: el alma del cómic se habrá apoderado de él y ya no le harán falta tantas reseñas periodísticas para poder enfrentarse con éxito a las noches más hostiles y desapacibles.

Epílogo:

El otoño de Astiberri viene con Rumble 2. Una pena que es locura, segunda entrega de la serie donde el tándem formado por el guionista John Arcudi y el dibujante James Harren exprime con humor e ironía los géneros de terror y fantasía, será la primera novedad del mes de octubre, que se publicará el día 4. La semana siguiente, el día 11, llegará a librerías la nueva obra de Raquel Alzate, Navegante en tierra, un recopilatorio de las historietas de la ilustradora aparecidas durante los últimos quince años y un pulso gráfico único. El 18 de octubre verá la luz Wahcommo, la segunda obra larga de Luis NCT (ganador del premio del público en el Salón del Cómic de Barcelona por su primera novela gráfica, Sleepers), que relata aquí un viaje iniciático ambientado en un mundo salvaje y fantástico. Y el mismo día estará disponible Los doce nacimientos de Miguel Mármol, la novela gráfica en la que Dani Fano recrea la vida de un activista obrero salvadoreño nacido en 1905, que fue perseguido, detenido, torturado y amenazado durante gran parte de su vida, a quien la muerte visitó once veces y quien once veces escapó de ella, un referente de la historia de El Salvador del siglo XX.


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