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La Gazapera

Manuela Carrasco recibirá por fin la Distinción Compás del Cante

Se ha hecho justicia con la bailaora sevillana de Triana, una de las más grandes de la historia

23 nov 2018 / 06:30 h - Actualizado: 23 nov 2018 / 06:30 h.
  • Manuela Carrasco en una imagen de archivo. / EFE
    Manuela Carrasco en una imagen de archivo. / EFE

Resulta muy triste que hayan tardado tantos años en darle el Compás del Cante a la bailaora sevillana Manuela Carrasco, pero la buena noticia es que ya lo tiene y que se ha hecho justicia con ella, una de las bailaoras más grandes de la historia. Esta tardanza no es achacable a la empresa cervecera Cruzcampo, que se limita a nombrar un jurado competente y que cada miembro vote con libertad, que es como se ha hecho siempre, y lo sé bien porque formé parte una vez del jurado, el año que se le concedió al ya desaparecido cantar granadino Enrique Morente.

Recuerdo que formábamos el jurado Luis Caballero, Imperio Argentina, Fosforito y José Manuel Caballero Bonald, y que cada uno propusimos a un artista distinto. Fui yo quien propuso a Morente y tras un largo e interesante debate elegimos al maestro de Granada, quien recibió la noticia con sorpresa y alegría a la vez, porque pocas veces le habían reconocido su magisterio en Sevilla. Por eso sé que la empresa no propone, sino que elige el jurado que cree conveniente para cada edición.

Manuela Carrasco estaba algo enfadada con Cruzcampo por este motivo y alguna vez lo demostró en las entregas de la distinción a otros artistas. Ella sabía que era importante recibir una estatuilla que tenían ya Pilar López, Matilde Coral y Farruco, tres pilares fundamentales del baile flamenco. Para más inri, lo recibieron luego Milagros Mengíbar, Merche Esmeralda y La Yerbabuena. Se le seguía resistiendo a Manuela de una manera inexplicable. Pero por fin lo tiene y suponemos que estará contenta y que en primavera lo va a recibir con todos los honores, como corresponde a tan gran artista.

La gran bailaora de Triana es la número uno para muchos críticos, aficionados y artistas. En su estilo, la escuela gitana, no hay ninguna duda. Cuando apareció fue una verdadera revolución porque no había precedentes de esa manera de bailar tan gitana y flamenca a la vez, quizá con la excepción de Carmen Amaya. En el inicio de los setenta, Manuela era el diamante en bruto, una artista que atraía a miles de aficionados al baile cuando era anunciada en los carteles de los más prestigiosos festivales andaluces, los de verano, que fue donde se hizo bailaora, para a partir de ahí comenzar a ser reconocida fuera de Andalucía y de España.

Tuvo mucho mérito lo de la bailaora trianera, la hija de El Sordo, porque cuando salió había un ramillete de bailaoras muy importantes, entre otras, las indiscutibles Matilde Coral y Trini España, reinas del baile flamenco en aquellos años. Por no hablar de Isabel Romero, totalmente olvidada hoy. Pero Manuela pudo meter la cabeza entres las más grandes y abrir una nueva etapa del baile por derecho. Donde quiera que la anunciaran, ya fuera un festival de verano, un tablao o un teatro, se llenaban de gitanos y gitanas que no se querían perder a la que llamaban La Diosa.

El empuje de Rancapino Hijo.

La distinción flamenca por excelencia desde hace años, el Compás del Cante, reconoce también a una nueva figura del cante jondo, Alonso Núñez Fernández, conocido ya en medio mundo con el remoquete flamenco de Rancapino Hijo. En efecto, es uno de los hijos del gran cantaor chiclanero y, aunque canta desde niño, es en los dos o tres últimos años cuando se ha venido consolidando como una de las mejores voces de la nueva hornada de intérpretes del cante. Cantaor de buen gusto y de pellizco, seguidor del cante de su padre, pero también de Panseco, Camarón o Chiquetete. Una voz que dejó ya de ser una promesa para convertirse en una hermosa y esperanzadora realidad.


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