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No se prestan, no se compran, no se leen

Los libreros y las encuestas coinciden: la lectura es de todo menos un hábito. Raro es el negocio que no tiene una cafetería, organiza talleres o vende juguetes para subsistir

23 abr 2017 / 17:39 h - Actualizado: 23 abr 2017 / 06:40 h.
  • Solo el 28 por ciento de la población española lee a diario, y pese a ello el libro sigue resistiendo. Sobre todo en papel, contra quienes presagiaban la primacía del soporte electrónico. / El Correo
    Solo el 28 por ciento de la población española lee a diario, y pese a ello el libro sigue resistiendo. Sobre todo en papel, contra quienes presagiaban la primacía del soporte electrónico. / El Correo
  • No se prestan, no se compran, no se leen
  • No se prestan, no se compran, no se leen
  • Miguel Escalera, responsable de la emblemática librería Rayuela, de Sevilla. / El Correo
    Miguel Escalera, responsable de la emblemática librería Rayuela, de Sevilla. / El Correo

Hace ya más de cuarenta años que murió en Heliópolis un genial cascarrabias, por más señas escritor, músico y periodista, que entre los objetos de su biblioteca acristalada tenía el siguiente tabú en forma de azulejo cerámico: No pidáis libros os ruego, / que los libros son muy caros / y además, que son muy raros / quienes los devuelven luego. Probablemente, solo un amor así explica que los libros hayan sobrevivido a todas sus muertes anunciadas. Incluso ahora, cuando se supone que la democratización brutal del acceso a la cultura gracias a internet tendría que haber expandido esa pasión y haberse traducido en una multiplicación del número de lectores, la bibliofilia sigue siendo un sentimiento minoritario y una práctica esporádica. Este miércoles pasado, como colofón de una encuesta propia, Signo Editores concluía que «en España la lectura no es un hábito». Con ello viene a confirmar los datos del último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en el que se preguntaba por estos asuntos –otoño pasado– y que establecía que solo el 28,6 por ciento de la población lee todos los días.

Las cosas no van precisamente mejor por el sur. «Aquí siempre vamos más en la cola que en otras comunidades. Influye la renta per cápita. Y la forma de vida», comentaba esta semana el director de la Casa del Libro en Sevilla, Rafael García Organvídez. Pero milagrosamente, en los dieciséis años que lleva en pie ese establecimiento de la calle Velázquez, él y sus compañeros han visto pasar por delante los ataúdes de muchos que vaticinaban el fin de los libros. También han contemplado desde entonces los bandazos que vienen dando las tendencias, los gustos y el mercado editorial. Y la única gran conclusión que parecen tener clara es una que le pidieron prestada al semiótico y escritor Umberto Eco, quien en su día proclamó –como recordaba Rafael García– que «el libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez se han inventado, no se puede hacer nada mejor. El libro ha superado la prueba del tiempo... Quizá evolucionen sus componentes, quizá sus páginas dejen de ser de papel, pero seguirá siendo lo que es». Con todo, y aun viniendo de quien viene, la afirmación no deja de ser un desiderátum absolutamente subjetivo y discutible. Por más que hasta ahora se esté cumpliendo la profecía.

Otras, por contra, se han estrellado. Como la que vaticinaba un estallido del libro en formato digital y el hundimiento progresivo del soporte papel. «De hecho», precisa el director de la Casa del Libro de Sevilla, «la cuota del libro electrónico es menor de lo que se creía hace cinco años». Mientras tanto, «en papel es cierto que las cosas no están como antes, pero sigue sobreviviendo». Sin embargo, sí hay algo que según él está haciendo mucho daño a las librerías a través de internet: la venta electrónica. Sobre todo, en materia de best sellers o superventas, que es una adquisición que no suele ir necesariamente vinculada al hábito de lectura. Ahí, sí que está siendo serio el mordisco a las librerías físicas, dedicadas sobre todo ahora al llamado libro de fondo. En lo concerniente a gustos, «Sevilla no es muy distinta del resto y los títulos más vendidos coinciden en la lista nacional y en la local», encabezadas ambas desde hace tiempo por Patria, de Fernando Aramburu. «Lo que sí hay aquí», matiza García, «es mucho interés por los libros de temas sevillanos. Los que más se venden siguen siendo los dos más clásicos de José María de Mena: Tradiciones y leyendas sevillanas e Historia de Sevilla».

Pero no importa mucho cuáles se vendan más si todos se venden poco. «Solo tenemos buenos días de venta en Navidad y en la Feria del Libro», confiesa desde un costado de la Encarnación Miguel Escalera, de la librería Rayuela, dedicada al libro ilustrado y al segmento infantil y juvenil. «Si no fuera por la campaña de Navidad... que no es un extra, es solo lo que nos ayuda a tapar agujeros. Y la Feria del Libro va bien, pero tampoco es un pelotazo. No es la de Madrid», comenta. Muchos establecimientos pequeños y especializados, en particular del centro, han acabado por incorporar cafeterías, talleres diversos y ocurrencias múltiples para hacer viable el negocio, «porque el libro solo no da», dice. En Rayuela, de toda la vida han vendido también juguetes y artículos por el estilo. «En el Gato en Bicicleta han abierto una cafetería y el taller de Raquel, que es ceramista», pone como ejemplo, por citar lo más cercano. «Las compras institucionales se han ido, que eran precisamente las que generaban beneficios. Antes había muchas compras de la Junta de Andalucía para las bibliotecas escolares; ahora, muchísimo menos, y solo para aquellos centros que tienen un proyecto lector. Sería importante también que el Ayuntamiento comprara en las librerías de cercanía, cosa que no sucede porque para la compra de libros se establecen concursos y ahí las pequeñas librerías no tienen nada que hacer», lamenta el veterano profesional.

Es de suponer que su visión de los hechos será coincidente con la del conjunto del gremio, a la vista de la situación general. Algo aliviará el Día del Libro, ya que según un estudio hecho entre sus usuarios, el portal Tiendeo asegura que el 55 por ciento de los andaluces tienen previsto comprar algún libro con motivo de esta celebración, gastando una media de 28 euros, un ocho por ciento más que la media nacional. Entre las conclusiones de ese trabajo destaca que tres de cada cuatro andaluces prefieren libros a soportes electrónicos tanto por comodidad como por el gusto de coleccionarlos. Y por ahora (al menos), el 79 por ciento de los encuestados prefieren las librerías físicas a la compra por internet.

De vuelta al informe de Signo Editores que se citaba al comienzo, el retrato robot del español lo presenta como un tipo que prefiere el papel, detesta que no le devuelvan los libros prestados, se irrita si le interrumpen la lectura o le desvelan el final, atribuye a la falta de tiempo la pérdida del hábito lector y asegura que el postureo literario está de moda». De hecho, «el 90 por ciento opinan que en alguna ocasión todo lector alardea de haber leído un libro simplemente para mantener las apariencias, fingiendo coincidir con los gustos literarios de la mayoría».

Señala la encuesta que entre los que se declaran lectores, las obras predilectas son las novelas escritas en castellano. «Pese a las ventajas funcionales de los dispositivos electrónicos, la nostalgia se impone: el contacto con las hojas, la facilidad para retroceder en la lectura y el olor que desprende son los principales motivos que esgrimen el 86 por ciento de los encuestados». Todavía está por ver que no hagan en serie azulejos como el del señor de Heliópolis.


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