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«Nuestros padres no imaginan lo degenerados que somos»

Manuel Astur brilla con un libro de memoria y reflexión

28 dic 2015 / 20:24 h - Actualizado: 29 dic 2015 / 08:13 h.
  • El escritor Manuel Astur, autor de ‘Seré un anciano hermoso en un gran país’. / El Correo
    El escritor Manuel Astur, autor de ‘Seré un anciano hermoso en un gran país’. / El Correo

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Seré un anciano hermoso en un gran país es el título del brillante libro de recuerdos y reflexiones que acaba de publicar el asturiano Manuel Astur (Grado, 1980) en la editorial Sílex. Un ensayo emocional, como él mismo lo define, que empezó siendo un arrebato más o menos cívico y terminó lindando con la confesión íntima.

«Me planteé un ensayo sobre... ¡España! ¡Estamos en crisis!», recuerda con humor. «Luego empecé a pensar: bueno, eso soy yo, España soy yo. Nos avergüenza decir que somos españoles, de modo que me pareció lo más honesto hablar desde mi punto de vista personal. Y me decía, ¿tendré huevos de hacerlo, voy a ser un Chateubriand?», agrega.

El autor asegura que si no etiquetó la obra como novela, «es por el pudor que me da que el protagonista se llame Manuel Astur y lo que cuenta sea mi vida. Más que memorias, tiene más que ver con las confesiones, a lo Rosseau. Pero soy novelista hasta la médula, en mi modo de pensar, de sentir, en todo», dice.

La infancia en el mundo rural asturiano, las mudanzas familiares, la difícil adolescencia, los amores y los excesos juveniles se enjaretan en el texto con ideas del autor de toda índole, política, moral, cultural... «Intenté que fuera un pensamiento vivo, que se notara cómo evoluciona sobre la marcha», explica. «Quería que todo fluyera como un río. Y que una pequeña anécdota del presente me llevara a otras cosas».

Según Manuel Astur, el protagonista del libro es «alguien que ahora tiene 35 años y ha hecho todas las tonterías que hemos hecho todos, y también todos los aciertos», afirma. En el itinerario vital cobra no poca importancia la idea de viaje, que lleva al escritor a aseverar que «todos somos, en cierto modo, provincianos que hemos escapado del pueblo. Cuando eres niño matarías por demostrar que tu pueblo, ¡qué digo, tu cole! es lo mejor del mundo. Luego vas ampliando tu horizonte. Ahora vivo en la aldea otra vez, pero con comodidades que antes no tenía. Dispongo de ADSL y no me siento fuera del mundo, como nos sentíamos hace 15 años».

La mejor generación

También destaca en estos testimonios la devoción por la música, especialmente el grunge y el indie que se cruzaron en su camino en su primera juventud, y que incluso fueron una de sus ocupaciones profesionales. «Para mí es magia que un capullo de Seattle se ponga a gritar y otro capullo de Asturias grite lo mismo y sienta que la vida tiene sentido».

«Nuestra generación tiene una ruptura bastante grande con nuestros padres, no imaginan lo degenerados e innobles que somos», concluye el autor. «La culpa que arrastramos de ser monstruos está ahí. Éramos la generación más preparada de la Historia de este país, y acabamos borrachos, cagándonos encima en la Gran Vía».


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