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Poesía y espiritismo en Sevilla

Antonio Rivero Taravillo recrea en ‘Los fantasmas de Yeats’ (Espuela de Plata) la visita del Nobel irlandés a la capital hispalense en el significativo año 1927

23 jun 2017 / 08:42 h - Actualizado: 23 jun 2017 / 10:16 h.
  • El escritor y traductor Antonio Rivero Taravillo. / Pepo Herrera
    El escritor y traductor Antonio Rivero Taravillo. / Pepo Herrera
  • El poeta irlandés William Butler Yeats, en 1903. / Alice Boughton
    El poeta irlandés William Butler Yeats, en 1903. / Alice Boughton

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Aún quedaba para la Expo del 29, pero faltaban solo tres semanas para el célebre homenaje a Góngora y la foto fundacional de la Generación del 27 en el Ateneo de Sevilla. El gran poeta irlandés William Butler Yeats, que con el tiempo llegaría a ser premio Nobel, llegaba a la capital hispalense en compañía de su esposa. Lo que aconteció durante aquella visita es recreado en clave de novela por Antonio Rivero Taravillo en Los fantasmas de Yeats, que acaba de ver la luz en Espuela de Plata.

Rivero Taravillo, no en vano traductor al español de Yeats, empezó hace mucho a concebir la posibilidad de novelar esta peripecia. «Mientras preparaba la traducción leí mucho sobre Yeats, incluidos epistolarios y biografías, y me llamó la atención este viaje y que fuera pocas semanas antes de los actos de la Generación del 27», recuerda. «A partir de ahí, y basándome en lo conocido, que no altero, echo a volar la imaginación».

Sobre la ciudad que sirve de escenario, explica que «antes de la Exposición Iberoamericana, era una Sevilla mucho más pequeña, pero había una notable actividad cultural en torno al Ateneo y las revistas de la época. Para Yeats y su mujer, que tiene gran protagonismo, era sin embargo una ciudad algo atrasada, teniendo en cuenta que venían de Londres y Dublín».

«He sido muy meticuloso con las localizaciones», prosigue Rivero, quien ha evitado enfatizar los lugares comunes de Andalucía. «Leí mucho de la Sevilla de la época, que conocía bien por mi biografía de Cernuda, y accediendo a todo el material gráfico que me ha sido posible. Retrato una Sevilla realista, sin concesiones al tópico o al tipismo, aunque sí manifestando el extrañamiento que podía producir a ojos extranjeros».

Asimismo, comenta que «he incorporado mucho de lo que investigué sobre Yeats y los poetas del 27, y he aprendido mucho del mundo taurino de la época: Fernando Villalón y Sánchez Mejías son, de hecho, protagonistas junto a los Yeats. Pero he procurado que la información no abrume. Lo que más he aprendido es a ponerme en el pellejo de los personajes, y en particular en el de la esposa de Yeats, de gran complejidad y al que he concedido el espacio e importancia que parecía estar pidiendo. La narración no es lineal, sino a modo de mosaico, con saltos en el tiempo y en el espacio. He trabajado mucho en la estructura, al principio un poco a ciegas y luego hallando la coherencia del hilo secreto que recorría la novela».

Los Yeats llegaron por barco a Gibraltar a principios de noviembre de 1927, cruzaron Algeciras y poco después vinieron a Sevilla, donde estuvieron una semana larga. «De aquí se fue a Francia», explica el novelista. «En Algeciras escribió sobre unas aves que cruzaban el Estrecho, que le sirvieron para escribir Meditación sobre la muerte. Aquí estuvo bastante delicado de salud y salió poco, pero corrigió poemas y escribió uno nuevo sobre Santa Teresa». Fotos del viaje no hay, «pero para compensarlo hay una breve película doméstica de su estancia en Algeciras», puntualiza.

De lo que no hay rastro es de que el matrimonio y los jóvenes bardos del 27 llegaran a tener el menor contacto. «Creo que nadie se enteró aquí de quién era ese visitante, y él no hizo nada por darse a conocer. Pero este es uno de los ejes de la novela: la coincidencia en el tiempo y espacio de personas que teniendo tanto en común no saben unas de otras. Eso, y el espiritismo, que era algo que fascinaba a muchos, a Villalón sin ir más lejos».

En efecto, hay mucho de eso en la narración. «Era algo que formaba parte del aire de la época», dice Rivero. «Había muchas sociedades esotéricas como la Orden de la Golden Daan, de la que formaron parte Pessoa y Aleister Crowley, quienes también aparecen en la novela. Yeats también fue miembro, así como su amada Maud Gonne, la revolucionaria independentista irlandesa, quien transita también por el libro. En Sevilla había logias y cenáculos que frecuentaron Villalón o Rogelio Buendía».

«Estaba muy extendida la creencia en la comunicación con los muertos», agrega. «Lo propició en parte la gran mortandad de la Primera Guerra Mundial, y la charlatanería de muchos, incluida la famosa Madam Blavatsky. En Irlanda, esto conecta además con su folklore, lleno de fantasmas y de seres del Otro Mundo, que interactúan con los humanos. Una figura de ese folklore tiene importancia en la novela, porque anuncia la muerte y... No puedo dar detalles, pero hay en la novela el presagio de una muerte famosa».

Sea como fuere, la novela es una invitación a leer a Yeats: «Tiene libros y poemas oscuros, en parte por la mitología y por su mundo interior no siempre asimilable por otros. Pero tiene también algunos de los mejores poemas de amor de la lengua inglesa, y un puñado de poemas históricos en los que trasciende la peripecia que sirve de punto de partida y alcanza una gravedad moral que es toda una lección para tiempos convulsos».


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