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Prohibido olvidar a los apaches

El dolor, la tristeza, la muerte, la soledad... también forman parte de los aprendizajes esenciales de la infancia. Algunos libros colaboran hoy en esa tarea

14 abr 2018 / 15:11 h - Actualizado: 15 abr 2018 / 12:53 h.
  • Greg Ruth es el autor de las ilustraciones, como esta que se muestra arriba. Se trata de un prolífico artista que desde 1993 ha trabajado en diversos libros y cómics.
    Greg Ruth es el autor de las ilustraciones, como esta que se muestra arriba. Se trata de un prolífico artista que desde 1993 ha trabajado en diversos libros y cómics.
  • Fragmento de una de las páginas de la obra.
    Fragmento de una de las páginas de la obra.
  • Portada del libro ‘Indeh’ publicado por la editorial Oberon.
    Portada del libro ‘Indeh’ publicado por la editorial Oberon.

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Suele ser buena señal –pero solo a efectos culturales– que un libro provoque una conmoción en el lector. Eso sucede con esta pequeña epopeya de la muerte titulada Indeh, escrita por el actor Ethan Hawke, ilustrada por Greg Ruth y publicada por el Grupo Anaya bajo el sello Oberon. De la lectura de esta novela gráfica se desprenden toda clase de lamentables reflexiones sobre la especie humana, esa que se ha hecho famosa en el mundo entero por su intolerancia al escarmiento. Pero junto a ello, se deduce asimismo la importancia de pertenecer a un orden de criaturas capaces de deprimirse por tamaña torpeza, lo cual permite albergar ciertas esperanzas. Todo esto, que así dicho puede parecer un tanto oscuro, se aclara al ir pasando las páginas de este tomo que narra una pequeña porción de las Guerras Apaches; un episodio tan ignorado por los libros de texto como paradigmático de la brutalidad, la insensatez y la habilidad para infligir sufrimiento de esa panda de impresentables cuyo nombre genérico es humanidad.

Que nadie se alarme: el libro desprende la belleza de las cosas auténticas, aunque sean tristes; la poesía de la fatalidad. El propio Ethan Hawke explica más adelante la razón de ser de la obra, pero ya en el prólogo, el indio apache Douglas Miles Sr. destaca cómo guionista e ilustrador juntos han sabido relatar con reveladora justicia no ya los acontecimientos de aquella época, sino incluso de favorecer la comprensión de lo que ahora sucede en el mundo, donde «la xenofobia está en su máximo histórico». Ya es hora de decir que Indeh es el nombre que los apaches dan a la Muerte, así, con mayúscula. «Durante décadas, la cultura popular americana ha intentado hablar de nosotros a través de las películas, los libros y la televisión», recuerda Miles. «A menudo estas historias conducen al estereotipo, la tragedia, la lástima, el salvajismo o la explotación». En cambio, «Indeh no arremete contra nadie sino que proporciona al lector una visión honesta de la desesperada y sangrienta historia del pueblo apache durante la década de 1860, que finaliza con la rendición de Gerónimo». Sus pinceladas, añade, «captan la inevitable tragedia apache, creando un vivo retrato de un pueblo ignorado, que fue obligado a ser audaz y a entrar en guerra sin perder su humanidad». Con todo lo bueno, lo regular y lo malo que encierra esta palabra tan solemne.

Ante esta obra y otras del mismo tenor, el lector se pregunta cómo es posible que las personas hayamos perdido la oportunidad de contar nuestra historia real, la subjetiva, que es la del dolor, que es la de la superación, la comprensión, la empatía, la belleza, la evolución, el pensamiento, el arte, la paz, el arrepentimiento, la alegría, la lástima, la piedad, la locura, la debilidad y la fortaleza, el miedo y la valentía, la perseverancia y la contradicción. Y a cambio, nos hayamos quedado con la estúpida, artificiosa y estéril historia objetiva, la de los hechos, de los datos, de los nombres, de las guerras, de los hitos, de las conquistas, de la aniquilación, que es la historia del odio y de la repetición, y que ha impedido la mejora de la raza humana con sus aberrantes estereotipos de éxito y de fracaso. Presenciando este libro –esta Muerte escrita y dibujada–, uno se asoma a la descomunal destilería del odio humano a través de los siglos, y comprende cómo las tragedias de un tiempo son exactamente iguales a las de cualquier otro en lo esencial. Mientras los cronistas buscan fechas, poblaciones y nombres de militares, los lectores emocionados encuentran el paralelismo letal que la idiotez establece para todas aquellas situaciones en las que el hombre no ha entendido nada. Es, así considerado, un libro cruel. Con solo un poco de lápiz, tinta y pincel, más el fondo de la hoja, pinta un bodegón en apabullante blanco y negro de una guerra que vale por todas las guerras, de un desgarro que las noticias y los reportajes, en su afán por mantenerse pulcros, han sido incapaces de traducir al lenguaje corriente del consumidor. Estremecedores silencios, estremecedoras miradas. Una simbología contundente entre las criaturas del cielo y las bestias de la tierra. Esta narración cabalga entre ambas formas de explicarse el mundo, comulga con la belleza del águila y con la divinidad de la existencia, pero también con la sed de venganza y con la brutalidad de la soledad, con los dragones dormidos.

A raíz de cierta impactante anécdota que se recoge en el libro, el constructor de este relato, Ethan Hawke, se obsesionó desde muy joven por conocer los entresijos de los apaches, cómo vivieron y cómo perecieron. Fue, como apunta, una «pasión» auténtica la que se despertó en él por la llamada Historia Nativa Americana. Cuanto más leía, más ganas tenía de hacer una película sobre el asunto. Pero Hollywood no terminaba de verlo y al final el proyecto se convirtió en un cómic largamente trabajado y deseado. «La historia tiene que ser contada una y otra vez hasta que los nombres de Gerónimo y Cochise sean tan familiares para los jóvenes oídos americanos como Washington y Lincoln», escribe Hawke. «En verdad, sabía que realmente no era mi historia, pero mi corazón se sentía obligado a contarla».


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