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¿Qué pasa un Viernes Santo en La Casa de Max?

La holandesa Janneke van der Putten ofrece un concierto dentro de su proyecto ‘Aurora’

12 abr 2017 / 21:47 h - Actualizado: 12 abr 2017 / 21:47 h.
  • La compositora e intérprete Janneke van der Putten. / Foto: Gabriëlle Barros Martins
    La compositora e intérprete Janneke van der Putten. / Foto: Gabriëlle Barros Martins

Janneke van der Putten (Rotterdam, 1985) ha realizado múltiples viajes a Perú para interaccionar con la cultura tradicional de aquel país y, a partir de esta experiencia, crear trabajos sonoros en el ámbito de lo experimental. Este viernes (Santo) tendrá una excepcional oportunidad de hacer lo propio en Sevilla antes o después de su concierto en La Casa de Max (22.00 horas. C/ Álvaro de Bazán, 6). Llega, invitada por el Colectivo Improvisarios, en tan inusual día para presentar su proyecto Aurora, centrado en la voz como material. «En mi concierto cobran relevancia el espacio en el que lo realizo y mi propia presencia física como intérprete. Me acerco a la voz abordándola como un conjunto amplio de posibilidades, la voz como una propiedad humana y animal, y también como fuente emisora de sonidos emocionales, texturales e intensos. Mi punto de partida son mitos, poemas e historias que voy contando y transformando con mi voz; y en la que cada relato tiene una puesta en escena propia», detalla sobre su recital.

Van der Putten estudió canto Dhrupad de la India con Amelia Cuni –que a su vez ha trabajado profusamente la obra de John Cage– y Marianne Svasek. Interesada también en los trabajos compositivos de Dieter Schnebel, Meredith Monk y Diamanda Galas, la artista holandesa resta importancia al significado lingüístico de los textos que interpreta: «Me gusta sentir el sonido y comprobar cómo este puede acentuar o desdibujar la definición semántica de una palabra», reflexiona. Por eso la voz es el lugar natural de trabajo de esta creadora que, a pesar de haber crecido en un entorno familiar muy vinculado a la música, viró su trayectoria hacia las artes visuales en el año 2003.

El contacto con la India constituiría, años después, un shock cultural. «El mundo es sonido, vibración, movimiento. Primero hubo sonido, después llegaría la palabra. El canto hindú Dhrupad ha sido una importante influencia. Mi conciencia sobre mi cuerpo cambió, y me volví más consciente de un elemento cosmológico como el amanecer. Más que de una música fijada en notas se trata de cómo ir hacia este o aquel tono y usar el espacio alrededor de ese tono. Me emocionó mucho un primer ejercicio importante que aprendí. Canté la vocal ‘A’ durante media hora antes de la salida del sol, y en un tono bajo, y en tonos prolongados. Con este ejercicio comienzas a sentir las vibraciones del sonido en tu cuerpo, te das cuenta de cómo estás respirando, y empiezas a percibir los sonidos a tu alrededor», detalla Van der Putten.

«En mis presentaciones utilizo pautas e indicaciones que dan una cierta direccionalidad a la pieza; pero nada más. Jugar y escuchar es algo intuitivo para mí. Usar mi intuición puede darme la libertad de seguir el flujo del momento, en el cual podría entrar en resultados inespera- dos, dejando mi cuerpo reaccionar», plantea. Oídos abiertos ante el concierto que Janneke van der Putten ofrece este viernes, sí, Viernes Santo.


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