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Sencillamente formidables

El conjunto abordó las Seis piezas de Webern con la misma estética casi cinematográfica que se aplicaría al resto del programa

01 abr 2017 / 11:54 h - Actualizado: 01 abr 2017 / 11:56 h.

Poco se prodigan estos jóvenes de la Sinfónica Conjunta para lo mucho que nos hacen disfrutar. A su director, Juan García, le debemos la fuerza arrolladora con la que afrontan cada cita, y la férrea disciplina a la que se someten sus intérpretes. Es además artífice de unos programas exquisitos y bien articulados para que no sólo disfrutemos los espectadores, sino también que la plantilla, en su mayoría estudiantes, entre en contacto con la buena música y la experiencia de tocar ante un auditorio lleno de gente piezas que no se alejen más allá de un siglo, quitándole así esa pátina de polvo y caspa que suelen tener estas iniciativas, y haciendo que los jóvenes entren en contacto con la música de nuestro tiempo. Un programa que tuvo a la muerte como leit motiv, significativamente en manos de unos intérpretes tan llenos de vida y futuro.

El conjunto abordó las Seis piezas de Webern con la misma estética casi cinematográfica que se aplicaría al resto del programa. Con mucha atención al matiz y el detalle, García aplicó buenas dosis de expresividad a esta revolucionaria página, en la que si se alcanza a ensanchar el espacio sonoro y conmocionar con su marcha fúnebre, dedicada a su madre, como así fue, la interpretación resulta todo un éxito, dejando claro que de todas las plantillas que ha ofrecido esta orquesta a lo largo de sus seis temporadas, ésta es la que cuenta con una mejor sección de metales. No teníamos constancia de las virtudes del saxofonista utrerano Manu Brazo hasta que lo escuchamos en una prodigiosa versión del Concierto del francés Henri Tomasi, en la que su fraseo cristalino y su talento para modular se vio extraordinariamente acompañado de un conjunto que hizo posible apreciar todas las texturas y detalles de una orquestación brillante, desde el misterio de la introducción hasta la vigorosa estética urbana de los pasajes centrales, con cadencias vertiginosas del solista maravillosamente punteadas por Mavi Diego al arpa. Unas variaciones sobre el gregoriano Dies Irae completaron la brillante participación del saxofonista en el concierto.

Profundo y melancólico resultó el poema sinfónico El Bardo de Sibelius, donde Diego sirvió de guía a una plantilla que se movió con fluidez y adecuada lentitud, elocuentes silencios y ocasionales explosiones de intensidad dramática, esbozando sus motivos melódicos antes de un final en el que el arpa intuye la propia muerte del autor. La Sinfonía da Requiem de Britten es una de las páginas sinfónicas de mayor envergadura del siglo XX; una misa de difuntos meramente orquestal, inspirada en la guerra y dedicada a sus padres, en la que impera el dolor, la compasión, el espanto (sensacionales de nuevo los metales, y un endiablado solo de trompeta) y la esperanza en el descanso eterno, sin solución de continuidad y con cambios de registro y color a los que la plantilla se amoldó con impecable flexibilidad, en una noche intensa y emocionante que se cerró con una bellísima interpretación del Vals triste de Sibelius.


OSC ****

VI temporada, concierto II de la Orquesta Sinfónica Conjunta Universidad de Sevilla-CSM Manuel Castillo. Manu Brazo, saxofón. Juan García Rodríguez, director. Programa: Seis piezas para orquesta Op. 6B, de Webern; Concierto para saxofón y orquesta, de Tomasi; El Bardo Op. 64, de Sibelius; Sinfonía da Requiem Op. 20, de Britten. Auditorio de la ETS de Ingeniería, viernes 31 de marzo de 2017


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