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Sevilla y el Alcázar viajan a 1920 en una nueva serie

La nueva producción de TVE, ‘La otra mirada’, grabó ayer las escenas de los primeros capítulos en los jardines del Alcázar y volverá en abril para cerrar la primera temporada

22 feb 2018 / 20:39 h - Actualizado: 23 feb 2018 / 08:22 h.
  • Patricia López Arnaiz, Celia Freijeiro y José Emilio Vera junto al equipo de grabación interpretando una escena en los jardines del Alcázar de Sevilla para el quinto capítulo de ‘La otra mirada’. / Jesús Barrera
    Patricia López Arnaiz, Celia Freijeiro y José Emilio Vera junto al equipo de grabación interpretando una escena en los jardines del Alcázar de Sevilla para el quinto capítulo de ‘La otra mirada’. / Jesús Barrera

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«Motor. Rueda. Acción», las tres palabras que más resonaron ayer entre los muros del Alcázar. Eso, y el incansable piar de las cotorras que le costó al equipo de sonido más de un quebradero de cabeza. La nueva producción de TVE y Boomerang TV lleva toda la semana grabando en distintos enclaves de la ciudad de Sevilla. Ayer La otra mirada se presentó en el Alcázar para captar los exteriores del que será el capítulo cinco. Mañana, regresarán a Madrid para continuar con las escenas en interiores. Volverán en abril.

«Elegir Sevilla ha sido fácil. La ciudad es un espectáculo. Pones la cámara y no tienes que hacer más. Su luz natural es suficiente», relata entusiasmado Josep Cister Rubio, el director de ficción de Boomerang TV. La serie, que aún no tiene fijada fecha de estreno, ha tomado a la capital hispalense como el escenario idóneo en el que contar la historia de una academia para mujeres. Una historia que cambiará de rumbo cuando aparece Teresa, el personaje de Patricia López Arnaiz.

La personalidad rebelde y controvertida de Teresa quedó congelada en los objetivos de las cámaras de grabación. Sevilla como escenario. Los jardines del Alcázar en primer plano. En escena, Patricia López, Celia Freijeiro y José Emilio Vera. Manteniendo una distancia prudente, la suficiente para no estorbar, podían escucharse algunos diálogos. «Me dice que tiene una sospecha sobre mi hija sin que ella se lo haya confirmado», reprochaba María Antonia a Teresa.

La escena, de apenas unos segundos, se alargó toda la mañana. Figurantes vestidos de época aprovechaban los cortes para hacer bromas de su facha. Hombres con esmóquines a rayas y bigotes milimetrados. Mujeres con tocados y guantes a juego. Si uno se concentraba, por un momento, podía imaginarse cómo hubiese sido Sevilla en 1920. Las parejas caminaban sin prisa por los alrededores de los verdes jardines. Con pequeñas sombrillas, las mujeres cuidaban que su cutis no se broncease por el sol del sur. El tiempo se detiene por unos instantes. Sólo un «corten» hace que todo vuelva a fluir al ritmo contemporáneo. A veces, también lo lograban las incesantes cotorras del parque.

La propuesta surge de la idea de aunar la figura de la mujer con la de la educación. Sin perder esto de vista, el equipo de Boomerang se puso a trabajar con TVE. Decidieron tener especial cuidado con la elección del reparto principal. «Queríamos los mejores perfiles y las mejores actrices. A la vista está. Pero, además, tenemos un elenco de chicas jóvenes que van a dar mucho que hablar», revela Josep Cister.

La Plaza España es otro de los lugares que en unos meses colmarán las televisiones del país. La producción ha decidido apostar por cuidar todos los detalles. «En los años 20 esta plaza se estaba empezando a construir. En posproducción tendremos que recrear estas condiciones», afirma el director de ficción de Boomerang.

Todos los actores que deambulaban por el set de rodaje coincidían. Lo más interesante de la propuesta, lo que más va a llamar la atención de la serie, la mirada femenina. En un guiño al nombre de la historia, las entrañas de la grabación confirman las sospechas. Toda la atención se centra en la vida de cuatro mujeres, las principales, que van a vivir conflictos internos y externos. La lucha de cualquier persona por hacerse un hueco en el mundo. Pero aún más interesante por pertenecer a un colectivo que durante tanto tiempo ha estado a la sombra de los hombres.

«Siempre hemos sido la pareja de, la hija de. Nuestra historia empezaba en casa de nuestro padre para pasar inmediatamente a la de nuestro marido», reivindica Celia Freijeiro. Ahora, la industria audiovisual está tomando parte de la lucha por visibilizar otro tipo de historias. Dar a las producciones la variedad que realmente existe en nuestros días. Dotar a los personajes femeninos de múltiples aristas, de contradicciones, de profundidad. Retratar no sólo conflictos sobre el tradicional amor romántico. Aportar y, simplemente, humanizar a las mujeres en la pequeña y la gran pantalla.

Sevilla vuelve a ser protagonista. Es una suerte ser inspiración para todo tipo de historias. Pero más aún lo es que otra mirada empiece a ganar el estado de cosas. Con el permiso de las cotorras.


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