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«Subtitular telenovelas me hizo mejor escritor»

El escritor sevillano Carlos Frontera debuta a lo grande con ‘Andar sin ruido’, que hoy se presenta en Casa Tomada

05 sep 2017 / 21:54 h - Actualizado: 05 sep 2017 / 22:57 h.
  • El escritor sevillano Carlos Frontera. / Isabel Wagemann
    El escritor sevillano Carlos Frontera. / Isabel Wagemann

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Si hay alguien que pueda presumir de haber cumplido su sueño este comienzo de curso, ese es Carlos Frontera. Nacido en Jerez (Cádiz) en 1973, pero trasladado a Sevilla cuando tenía tan solo un año, Frontera acariciaba –como tantos otros– la idea de publicar algún día un libro. Lo que no imaginaba es que lo haría por todo lo alto, en su sello favorito, Páginas de Espuma –«en mi librería, además de polvo, lo que más hay son libros de esta editorial», confiesa–, y con la bendición de algunos de sus autores de cabecera. La criatura se titula Andar sin ruido y se presentará hoy (20.00) por todo lo alto en Casa Tomada.

«Solo había publicado hasta ahora en alguna revistilla, había ganado algún concurso de microrrelatos... Pero no tenía el valor de lanzarme a publicar», recuerda. Claro que entre sus primeros pinitos y este lanzamiento han pasado 20 años de mucho ensayo-error, incluyendo algún «cuento redondo», como él llama a los que acaban hechos una bola de papel en la basura. «Yo comparaba lo que hacía con lo que leía, y me preguntaba, ¿qué sentido tiene publicar esto? Si lo haces solo por vanidad, o para que tu madre se ponga contenta, no tiene ninguno. Hasta que algunas personas empezaron hace cuatro o cinco años a pincharme, y aquí estoy».

Andar sin ruido se compone de diecisiete historias breves donde el lector hallará rupturas sentimentales, desencuentros familiares, leyes de la física misteriosamente suspendidas, silencios clamorosos y palabras de doble filo. «En todas las historias está presente no tanto la incomunicación, como la incomprensión del otro. Curiosamente, todas las historias suceden en el núcleo doméstico, que siempre me ha parecido un escenario muy interesante. Es ahí donde somos más cabrones y también más cariñosos. Algunos personajes intentan entender y hacerse entender con los otros, pero los códigos son distintos, y no hay forma de que lo logren. También me interesa cuando una relación amorosa deja de ser lo que era y se transforma en algo diferente», agrega.

Pero, más allá del germen argumental de las piezas escogidas, lo que da verdadera cohesión al volumen es el estilo de Carlos Frontera, caracterizado por una absoluta libertad formal, un talento desbordante para sorprender al lector y una guasa muy, muy personal. «En el momento en que algo se va a romper, puede entrarnos la risa nerviosa o podemos desmoronarnos por completo», explica. «En mis cuentos, casi siempre es la risa tonta la que se impone ante una situación jodida. Es el antídoto para asumir esas situaciones. Me interesa siempre el humor, porque en nuestra vida cotidiana está siempre presente, y más en Andalucía. La verdad es que me llaman la atención los libros que no contienen nada de humor. Vale, en Auschwitz tal vez sea más difícil, pero en la vida cotidiana, ¿por qué no?», se pregunta.

El absurdo también es una herramienta habitual: «Mi cabeza funciona así, de una forma un poco loca. Nunca sé cómo voy a terminar. me viene una frase o una imagen potente, y la dejo reposar dos o tres semanas. Si al cabo de ese tiempo me sigue rondando, me pongo a escribir de forma automática: la mayoría de las veces salen idas de olla sin ningún valor, pero a veces surgen buenas ideas».

Por otro lado, en la forja del estilo de Frontera tiene no poco peso su profesión: se gana la vida subtitulando películas. «Estudié Turismo, pero acabé cansadísimo de los turnos y los salarios bajos. Entonces un colega me habló de este oficio, y a ello me dedico desde entonces, desde hace seis años. Como escritor aprendes mucho subtitulando, sobre todo telenovelas», afirma con sorna. «Pero creo que lo mejor es la audiodescripción para ciegos, ahí sí te ejercitas de verdad. Hay que insertar un texto, hacer que se comprenda la trama, todo con dos o tres detallitos. Esa concisión obligatoria es una buena escuela para un escritor de relatos».

Junto a todo esto, dos magisterios sucesivos y fundamentales: «Hasta los 18 años leía solo cómics, pero luego vino la lectura de Julio Cortázar primero, después la de Hipólito G. Navarro, cuyos cuentos conectaron conmigo de una forma increíble, los releí mil veces», añade el autor.

«Me gustan los juegos de palabras, el hecho de que cambiar la simple pronunciación de una palabra dé un sentido diferente a toda la frase. Es algo que tiene mucho potencial literario, y sin embargo se usa poco», prosigue Frontera, quien suele ejercitarse también en estos juegos en las redes sociales. «Me surgen de forma automática, les dedico poco tiempo. Internet es un salón de juegos fantástico, pero es tan raro... La cosa más brillante que imagines no tiene repercusión, y luego la chorrada más grande tiene un montón de clics. Pero a mí sobre todo me ha dado el cariño de los lectores, tanto que ahora estoy un poco desbordado». ¿Expectativas? «Mi madre lo ha leído y le ha gustado. ¿Qué más puedo pedir?», apostilla.


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