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Una mirada diferente del universo teatral de Chéjov

Daniel Veronese exprime el potencial emotivo de Chéjov con esta singular versión de Tío Vania

02 feb 2019 / 16:56 h - Actualizado: 02 feb 2019 / 17:01 h.
  • Una mirada diferente del universo teatral de Chéjov

Obra: Espía a una mujer que se mata (a partir de Tío Vania)

Lugar: Teatro Central 1 de febrero

Compañía: Producciones teatrales contemporáneas

Autor: Anton Chéjov

Versión y dirección: Daniel Veronese

interpretación: Pedro G. de las Heras, marina Salas, Susi Sánchez, Malena Gutiérrez, Ginés García Millán, Jorghe Bosch, Natalia Verberke

Calificación: ****

Cuántos de nosotros, al llegar a determinada edad, no nos hemos preguntado, con una buena carga de decepción, qué hemos hecho con nuestras vidas y dónde se fueron nuestros sueños. Es la cuestión que destaca Veronese con esta singular versión de una de las obras más populares y representadas de Chéjov: 'Tío Vanía'.

Aunque en la obra original el insigne autor ruso incide en perfilar a los personajes como seres frustrados y hastiados, incapaces de rebelarse y salir del tedio de una vida rutinaria y mediocre, aquí Veronese les otorga una cierta carga de rebeldía que ahonda en su tormento interior. En ese sentido, lo primero que llama la atención es la apuesta del director argentino por un espacio escénico sumamente intimista y conceptual. Una pequeña ventana al fondo, una mesa, unas cuantas sillas, vasos y una botella de vodka. Es todo cuanto el director necesita para evocar el salón de una casa rusa donde los intérpretes, más que pretender reflejar un entorno y una época muy concreta, se dirigen a mostrar un espacio universal de vida real en el que las emociones, al principio contenidas, acaban adueñándose del espacio y de ellos mismos. Y es que, fiel a su estilo, Veronese aspira a dejar a un lado la condición de representación del teatro elevando las emociones a un primer plano. Para ello, aunque respeta el argumento de Chéjov, se atreve a fundir dos personajes en uno y a sintetizar la historia prescindiendo de cualquier elemento de situación, mientras añade un curioso juego meta-teatral introduciendo algunas escenas de Jean Genet y su obra 'Las Criadas'.

Se trata, sin duda, de un curioso planteamiento con el que el dramaturgo y director argentino afirma su dominio del lenguaje del teatro contemporáneo y, sobre todo, su admiración a los actores y su capacidad para dirigirlos. Porque este montaje no sería posible si no contara con un reparto de lujo que derrocha maestría y dominio. Pedro G. de las Heras borda la egolatría y mediocridad de su personaje y Ginés García Millán, pasa de dotar Tío Vania de una cierta superficialidad que nos desconcierta a transmitir al final toda su frustración y tormento con una memorable actuación.


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