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Una poderosa Argentina

De voz impecable y muy flamenca, dotada para el ritmo y el compás, profesional de una talla importante, le falta emoción jonda a su cante y esto es algo que no se puede adquirir en una escuela

11 sep 2018 / 08:24 h - Actualizado: 11 sep 2018 / 10:02 h.
  • Momento de la actuación de la cantaora en el Real Alcázar. / Manuel Gómez
    Momento de la actuación de la cantaora en el Real Alcázar. / Manuel Gómez

Huelva es una tierra cantaora y de grandes voces, como, al parecer, la de aquella mítica Dolores Parrales Moreno, La Parrala, que era de Moguer y que le metía las cabras en el corral al mismísimo señor Silverio Franconetti en su propio café cantante. Su hermana María también fue cantaora profesional. Además de estas dos pioneras del cante onubense, luego salieron dos o tres genios que metieron ya del todo a Huelva en el mapa de lo jondo, cantaores como el también moguereño José Rebollo, el onubense Antonio Rengel, el también choquero Paco Isidro y el alosnero más universal de todos, Paco Toronjo.

En esa tierra, Huelva, la de Juan Ramón y María la Conejilla, la de Juan María Blanco y el genio de la guitarra Manolo de Huelva, de Riotinto, nació Argentina María López, Argentina en los carteles, una cantaora poderosa que lleva ya el nombre de su tierra por todo el mundo en leal competencia con Arcángel y Rocío Márquez. Esta artista estuvo anoche en la Bienal y dio un recital de los que dejan huella y no solo en los periódicos, sino en el público, que por cierto llenó a rebosar el precioso Patio de la Montería.

La última vez que vino a la Bienal fue en 2010, en este mismo sitio y compartiendo cartel con José Menese. No fue una gran noche de la cantaora onubense, pero anoche se desquitó dando un recitalazo de una docena de palos, entregada desde los tanguillos hasta los fandangos de Huelva con los que cerró poniendo el público en pie. Esto es lo objetivo, lo que no se puede negar, pero en la Bienal hay que analizar los conciertos y Argentina es una cantaora muy técnica que a veces parece que no está en el escenario. Como diría un cabal, se agarra poco a los machos o no le echa mano a los manojos.

De voz impecable y muy flamenca, dotada para el ritmo y el compás, profesional de una talla importante, le falta emoción jonda a su cante y esto es algo que no se puede adquirir en una escuela o comprar en un curso de esos que tanto abundan. O se tiene el don o no se tiene, y Argentina no lo tiene. Por eso llega a poca hondura cuando la escuchas sobre un escenario, donde, además, se suele tapar siempre con dos o tres guitarras –tres, anoche– y varios palmeros, aunque sean Los Mellis y el maestro Torombo, canela fina. Me gusta más cuando se enfrenta sola con la guitarra, como hizo anoche en los estilos levantinos, las alegrías o las seguiriyas. El cante jondo desdeña tanta orquesta.

Lo que más me gustó fue su valentía en ponerse en ese escenario a cantar más de media docena de palos ante un público que, aunque forofo, era de la tierra donde más se sabe de esto, que es Sevilla. Domina la voz como pocas y pocos. Tiene poderío, lo que le permite evocar a La Paquera en muchos cantes y formas de colocar la voz. Y sabe de cante, supongo que porque es tan buena artista que le gusta salir a un escenario con la tareas hechas.

Se trajo a tres grandes guitarristas, como son El Bolita, Eugenio Iglesias y el isleño Jesús Guerrero. Un lujo. No obstante, no vi muy bien eso de que entraran y salieran cada diez o doce minutos. Salvo estas puntualizaciones, la cantaora estuvo pletórica y resuelta. Y nos regaló un coro de Almonaster la Real que fue una delicia, aunque a estas rondas hay que verlas en su salsa.

Ficha:

Reales Alcázares. 10 de septiembre. Hábitat. Artista invitada: Argentina. Acompañantes: Jesús Guerrero, Eugenio Iglesias y El Bolita. Palmas y coros: El Torombo y Los Mellis. Entrada: Lleno. Calificación: Cuatro estrellas.


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