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Valentía por partida doble

Juanlu Corrientes en su papel de Teseo imprime un ritmo álgido a su recorrido por el laberinto, incluso en los momentos en los que el texto se concentra en la expresión de sus miedos y deseos más recónditos

12 ago 2018 / 17:51 h - Actualizado: 12 ago 2018 / 18:13 h.
  • Valentía por partida doble

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Una revisión del mito de Teseo que indaga sobre su humanidad, tanto del protagonista como de la bestia, que al fin y al cabo es mitad humana. Es lo que nos propone esta obra con la que la compañía Aseismanos Producciones da el salto del teatro infantil al de adultos.

En ese sentido cabe destacar la valentía que representa dicho salto con una obra de estas características, a caballo entre el drama psicológico y la tragedia clásica. Todo un reto ya que, excepto el protagonista, todos los personajes son interpretados por títeres y para ello la producción solo cuenta con tres manipuladores. Dos de ellos, Mario Copete y Sergio Fernández, forman parte de la compañía y cuentan con una amplia trayectoria trabajando como actores-manipuladores. No así Aurora Casado, conocida por su trabajo como actriz en la compañía sevillana Atalaya Teatro, con la que llegó a adquirir una reconocida maestría en tratamiento de la voz y las técnicas de declamación características del coro de la tragedia clásica. Todo ello lo vuelca en esta propuesta.

Juanlu Corrientes en su papel de Teseo imprime un ritmo álgido a su recorrido por el laberinto, incluso en los momentos en los que el texto se concentra en la expresión de sus miedos y deseos más recónditos. Y eso que en esas escenas el discurso abusa un tanto de la duración y la reiteración. Todo lo contrario que ocurre con el Minotauro, al que Raposo perfila como poderoso y despiadado, pero también afectivo y vulnerable. Y es que, el laberinto es a la vez su reino y su cárcel. Una idea sumamente interesante que refleja muy bien la puesta en escena gracias, fundamentalmente, al espacio escénico de Valentín Donaire. De todas las obras que han pasado por este festival, ésta es la que mejor ensalza la magnificencia y el halo romántico de nuestro Teatro Romano. Para ello Donaire solo necesita unos grandes paneles con cuadros huecos que, a manera de un gran malla, describe la idea del laberinto y permite la interacción entre los personajes, ahondando en su impronta trágica y heróica.

Pero por desgracia, salvo el Minotauro, los personajes no acaban de adquirir la espectacularidad que cabria esperar. Y es que, a pesar de su magnitud, sus llamativos ropajes y el efectismo de sus máscaras, el espectador tarda en reconocer su condición de muñecos animados debido a que, por un lado su movimiento tiende a un naturalismo que no acaba de casar con el texto y el tratamiento de la voz, y por otro el diseño de iluminación, a cargo también de Donaire, resulta demasiado intimista para un espacio tan abierto como el del teatro Romano. Así, a pesar de su riqueza de matices no deja apreciar con claridad la imagen de los títeres. Quizás ese es uno de los mayores problemas de esta propuesta. Probablemente en el marco de un teatro cerrado resultaría mucho más impactante, pero fue creada exclusivamente para este festival, y como la mayoría de las obras que pasan por él no tiene más recorrido. Un sinsentido que los responsables de este festival deberían corregir.

Obra: El laberinto del Minotauro

Lugar: Teatro Romano, 11 de agosto/ Festival Teatros Romanos de Andalucía

Producción: Aseismanos Producciones/GNP Producciones

Autoría y dirección: Antonio Raposo

Diseño del espacio sonoro: Mario Díaz

Actor: Juanlu Corrientes

Manipuladores: Mario Copete, Sergio Fernández y Aurora Casado.

Calificación: Tres estrellas


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