lunes, 27 mayo 2019

Aquí y en China

Al Betis aún le queda un trecho para ser un equipo serio, pero con Víctor la lógica se impone, dejando como si fuera un troleo en toda regla el paso por el Villamarín de Gustavo Poyet, ahora en Shanghái

04 dic 2016 / 17:52 h - Actualizado: 08 dic 2016 / 00:36 h.
  • Víctor da instrucciones a Ceballos durante el Betis-Celta. / Manuel Gómez
    Víctor da instrucciones a Ceballos durante el Betis-Celta. / Manuel Gómez

Los meritorios aficionados del Betis que desafiaron a la lluvia para acudir al Betis-Celta salían del Benito Villamarín con sensaciones encontradas. El amargor producido por el empate de Roncaglia en los instantes finales dejaba resquicios, con el paso de los minutos, a un mínimo alivio tras comprobar la primera media hora del equipo sobre el terreno de juego, en la que todo se daba por perdido. Pero en lo que no había dudas era en una reflexión generalizada: este partido con el otro entrenador se hubiera perdido. Nunca lo sabremos, pero probablemente hubiera sido así. A medida que pasan las semanas, y aunque al Betis le quede todavía un largo recorrido para ser un equipo solvente, el paso de Gustavo Poyet por el Betis va adquiriendo tintes de troleo –la palabra va en cursiva no porque no exista, sino porque es una exageración, obviamente–. No poner a Dani Ceballos, enseñarle el banquillo a Rubén Castro, prescindir de Donk y rematar todo con un desafío absurdo a la afición ha catapultado a Poyet desde Heliópolis directamente a China, a 10.500 kilómetros nada menos, aunque alguno lo hubiera mandado aún más lejos...

¿Alguien le encuentra lógica a ese tipo de decisiones? He ahí el troleo. No hacía falta que Ceballos hiciera un gran partido como el que ha realizado ante el Celta durante una hora para saber que debe ser titular siempre en este Betis pobre de talento. De Rubén Castro ni hablamos: marca y asiste. Y encima Víctor completa la faena admitiendo públicamente una primera media hora indecente de los suyos y alabando la paciencia de la afición por ello. Un mensaje directo al portátil de Poyet. El técnico uruguayo se marchó, además, lanzando una frase que también se le volverá en contra: «El tiempo dirá quién tiene razón...».

El caso es que el Betis, con Víctor Sánchez del Amo, ve la luz al final del túnel. Pero sigue en él. Es incomprensible la primera media hora del equipo verdiblanco, a lo mannequin challenge y agravada por la reacción tras el descanso: no era el Celta el culpable, era el propio Betis. De hecho, el frágil equipo de Berizzo sucumbió a un poco de garra bética y sólo rascó un punto del Villamarín por uno de los aspectos que antes debe corregir el técnico: los fallos groseros en las marcas, sobre todo en las jugadas defensivas de estrategia. Ya antes, la jugada del 2-2 fue realmente dolorosa, pues el Betis, tras remontar, aminoró su intensidad haciendo un remake de la primera parte: gol en contra casi a la primera.

La necesidad de fichar en la retaguardia es notoria y el club ya ha avanzado que, pese al poco dinero (?) se reforzará en esta parcela. Torrecilla tiene en enero la oportunidad de recuperar parte del crédito dilapidado en Poyet. Pero no todos los males defensivos se arreglan en el mercado. Una defensa compuesta por tres centrales y dos carrileros, que había dado buenos resultados defensivos en casa, se queda en nada si no va acompañada de una presión mínimamente efectiva en el centro del campo –al primer cuarto de hora de la segunda parte habría que remitirse– y un acierto en la estrategia parecido al que sí ha aportado Víctor en ataque. Valgan como ejemplo el 3-2 de Pezzella y la soledad de Roncaglia en el 3-3. El portero, el mayor baluarte defensivo del Betis, no siempre hace milagros. Tiempo necesita Víctor y tiempo hay. Además, con Ceballos y Rubén todo es más fácil. Se sabe aquí y en China. Bueno... aquí.


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