viernes, 23 febrero 2018

El Deportivo, cara para Guardado y cruz para Rubén Castro

El mexicano y el canario regresan a La Coruña. El mediocampista fue un ídolo en los cinco años que estuvo allí y el delantero no triunfó nunca. El otro exdeportivista, Barragán, se ‘libra’ de volver a un estadio que le es hostil: una peña que llevaba su nombre lo repudió y se lo quitó

09 feb 2018 / 07:00 h - Actualizado: 09 feb 2018 / 18:10 h.
  • Guardado y Rubén Castro, en un entrenamiento. Al lado, Guardado celebra un gol con el Dépor y Rubén, circunspecto, oye a Lotina / Manuel Gómez-El Correo
    Guardado y Rubén Castro, en un entrenamiento. Al lado, Guardado celebra un gol con el Dépor y Rubén, circunspecto, oye a Lotina / Manuel Gómez-El Correo

El Betis visita Riazor dentro de cuatro días para enfrentarse al Deportivo de La Coruña, un rival al que siempre estará asociado por aquella promoción que perdió en 1991, cuando el Dépor aún era conocido como Coruña y ni de lejos se imaginaba el futuro de esplendor que le aguardaba. Ese carácter de especial lo es más si cabe en el caso de tres protagonistas, dos en realidad porque uno de ellos se perderá el encuentro por sanción: Guardado y Rubén Castro. El castigado es Barragán. Los tres defendieron la camiseta del conjunto blanquiazul con desigual suerte, así que la bella ciudad del norte de Galicia es una segunda casa para uno, el mexicano, y todo lo contrario para otro, el canario. El lateral, curiosamente natural de un pueblo coruñés (Pontedeume) aunque sevillano a todos los efectos, tampoco puede hablar demasiado bien de su pasado deportivista.

Andrés Guardado fichó por el Dépor en 2007. No tenía ni 21 años y en teoría iba a llegar al PSV Eindhoven, pero Augusto César Lendoiro terció a última hora y se lo llevó al huerto por 7 millones de euros. Era su primera experiencia fuera de su país y de su club de toda la vida, el Atlas, y le fue muy bien. Respetó los cinco años que firmó y se ganó el cariño de la grada porque estuvo a las duras y a las maduras: vivió una clasificación europea, pero también un descenso a Segunda, y se marchó después de ascender a Primera.

Hay un par de curiosidades relacionadas con el lustro deportivista de Guardado. Uno es que su primer gol en España, no podía ser de otra manera, fue contra el Betis, en la tercera jornada de aquella campaña 07-08, al aprovechar un saque de banda de... Barragán. Y de ahí parte el otro dato: Guardado coincidió en el Dépor tanto con el ahora lateral como con Rubén Castro.

El canario, en honor a la verdad, jugó más bien poco con Guardado porque en general no jugó casi nada durante los seis años que perteneció al club de Riazor (2004-2010). De hecho, se vieron más en las pretemporadas que con el campeonato en marcha. La mejor campaña del delantero en La Coruña fue la segunda (05-06): jugó 24 partidos de Liga y marcó 3 goles, más la Intertoto (8 partidos, 4 goles). Y la otra que completó en Riazor fue la 07-08, ya con Guardado en la plantilla, aunque su balance no pudo ser más pobre: siete partidos de Liga, dos de Copa y un solo gol. Mientras tuvo contrato con el Dépor, Rubén apenas disputó 31 encuentros de Liga y anotó 4 tantos.

Durante esos seis años, el ahora pichichi histórico del Betis jugó cedido en el Albacete, el Racing, el Nástic, el Huesca y el Rayo, la inmensa mayoría de las temporadas en Segunda. Miguel Ángel Lotina casi nunca lo tuvo en cuenta y hubo temporadas especialmente traumáticas, como la 06-07: empezó en el Racing, en Primera, y en noviembre fue cedido al Nástic, ya en la categoría de plata.

La tercera pata del reportaje es Barragán. El defensa, que nació circunstancialmente cerca de La Coruña, regresó a su tierra natal en 2006 después de criarse en el Sevilla y pasar por el Liverpool. Con sólo 19 años tuvo el enorme mérito de quitar el puesto a todo un ilustre, Manuel Pablo, pero la felicidad le duró una temporada. Después fue víctima de lesiones importantes y en uno de los cierres de mercado, en mitad de una lesión de larga duración, se quedó sin ficha. Eso motivó una demanda laboral contra la entidad cuyo desenlace fue que salió con la carta de libertad... y la hostilidad del deportivismo. La prueba irrefutable proviene de su pueblo, Pontedeume. Allí fundaron una peña con su nombre, pero el conflicto jurídico con el Dépor hizo que sus responsables lo repudiasen y renombraran la asociación con el topónimo de la localidad.


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