jueves, 22 agosto 2019

La única recuperadora física de la Liga española está en el Betis

En el primer equipo verdiblanco hay 22 jugadores y 16 técnicos. Raquel Urbano es la única mujer del grupo y su misión es cuidar de que los lesionados dejen de estarlo. Es un caso único en Primera División. «En la carrera éramos diez chicas y 120 chicos. El porcentaje en el deporte profesional se irá equiparando con el paso del tiempo», dice

08 mar 2018 / 06:30 h - Actualizado: 08 mar 2018 / 20:23 h.
  • Raquel Urbano posa junto a los paneles de tres grandes leyendas del Betis / Manuel Gómez
    Raquel Urbano posa junto a los paneles de tres grandes leyendas del Betis / Manuel Gómez
  • La readaptadora del Betis, dentro del vestuario del primer equipo en el Villamarín / Manuel Gómez
    La readaptadora del Betis, dentro del vestuario del primer equipo en el Villamarín / Manuel Gómez
  • Raquel Urbano posa junto a la efigie de Benito Villamarín / Manuel Gómez
    Raquel Urbano posa junto a la efigie de Benito Villamarín / Manuel Gómez
  • La recuperadora física verdiblanca junto a uno de sus ‘pacientes’ más habituales, Tonny Sanabria / Betis
    La recuperadora física verdiblanca junto a uno de sus ‘pacientes’ más habituales, Tonny Sanabria / Betis

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Raquel Urbano, que es hija de maestros, decidió que quería ser profesora de educación física cuando tenía 6 años, pero hoy en día no trabaja en un instituto. Un accidente de tráfico a una semana de la Selectividad, del que por cierto se trató con unos fisioterapeutas ciegos que hay en Dos Hermanas, y la inesperada recuperación de una lesión de hombro de su madre la alejaron de la teoría y la condujeron hacia la práctica. Ahora, con 30 años, es la readaptadora del Betis. Recupera a los lesionados. Y es la única mujer que hace eso en la Liga española.

En 2º de carrera, con 20 años recién cumplidos, Raquel trató a su primer deportista: Leandro Fernández-Aramburu, capitán de la selección española de rugby. Cuando se licenció en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte por la Olavide, en 2010, ya había sido preparadora física en el Balonmano Dos Hermanas y el Ciencias y había tratado a varios futbolistas: el primero fue Juanma; luego le siguieron Munitis, Garay o Colsa, entre muchos otros. Trabajaba para VF Sport, donde habían curado a su madre, y esa empresa tenía vínculo con Marcelino García Toral, de ahí que le llegasen esos jugadores, entonces a las órdenes del asturiano.

Al Betis llegó en 2012 para ocupar una vacante de readaptador en la cantera. «En 2015, David Gómez me solicitó como readaptadora y analista de datos. En 2016, Marcos Álvarez me dijo que fuese readaptadora del primer equipo», recuerda. Su primer lesionado oficial fue Piccini. «Antes había sustituido alguna vez a Fran Molano y había estado con Matilla y Lolo Reyes», matiza. ¿Le impresionaron los futbolistas? «No, llevaba tratando jugadores de alto nivel desde 2007 y yo soy de ver a las personas con normalidad», explica. Una aclaración: sin tener ídolos ni ser bética desde chica (padre cordobés y madre abulense), en el colegio sí le «fascinaban» Alfonso Pérez Muñoz y sus botas blancas.

El «90%» de su trabajo es como psicóloga: «Hay que escuchar al jugador. Necesita que alguien comprenda que no lo está pasando bien, que quiere estar compitiendo en el campo». Esa «lucha diaria» la llena tanto que no sueña con otro posible techo profesional: ser preparadora física del Betis. «Si tiene que pasar, no voy a cerrar esa puerta, pero actualmente me gusta más recuperar lesionados. Fui preparadora física en el balonmano y el rugby y fue una experiencia muy bonita, pero en el fútbol lo sería por un tema económico», reconoce.

Raquel sólo ha tenido un amago de problema vinculado al género. «La selección qatarí nos mandó un jugador para que lo recuperásemos de la rodilla. Tendría 16 o 17 años y se me quedó mirando muy serio. Lo normal, aquí no te ponen problemas ni miran si eres chico o chica, yo ya ni me paro a pensar en eso, pero él se me quedó mirando muy serio, como diciendo ‘¿tú me vas a entrenar?’. Yo le pregunté si había algún problema y me dijo que era la primera vez que lo entrenaba una mujer. Claro, allí los chicos entrenan a los chicos y las chicas a las chicas, no hay mezcla ni puedes mostrar tus sentimientos en público. Pero aceptó que estaba en otro tipo de cultura y sin problemas. Al final incluso le enseñé la ciudad», recuerda.

La protagonista de esta historia también participa en un Máster de la Olavide dirigido al profesorado de la ESO y el Bachillerato. De hecho, el mismo día de la entrevista ha estado por la mañana en una charla con niños en Sanlúcar la Mayor. Ahí también es la única mujer. Aun así, pone algún reparo a verse como alguien especial. «Ahora me han invitado a un congreso sobre el cruzado y no me ha parecido ver a ninguna otra chica. Si hay chicas en la sociedad que me quieran ver como un referente, pues genial, estoy visible de alguna forma, pero no soy de fomentar que soy la única. Siempre me vi como una persona más trabajando en lo que le gusta», alega.

Empresaria y administradora de Synergic Clinic, Raquel no cree en cuotas ni en el feminismo mal entendido. «Claro que el porcentaje [de mujeres en el Betis] es susceptible de mejorar, pero tampoco creo que el responsable deba ser el club. En la carrera éramos diez chicas y 120 chicos. No puede haber más porcentaje en el alto nivel porque éramos muy pocas. A medida que pase el tiempo se irá equiparando el porcentaje en el deporte profesional», argumenta. «No he vivido hace cincuenta años, cuando la mujer no podía hacer nada. Ahora, todo el mundo tiene derecho a estudiar y si eres competente, trabajas», añade. Por eso mira más allá del 8-M: «Todos los días se debe luchar por la igualdad, pero sin excedernos. No estoy a favor de que obligatoriamente haya un 50% de chicos y un 50% de chicas. Que sea por capacidad, no por ser hombre o mujer. Habría que entregar el currículum sin foto ni nombre. Si la persona está cualificada, trabaja».


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