lunes, 22 octubre 2018

Loren: «Si la fama se me sube, mi padre me corta la cabeza»

LA ENTREVISTA. Es el jugador de la semana en el Betis, pero ahora lo reconocen por la calle y eso le da vergüenza. Qué lejos queda la época en que encargaba a su padre que pidiese la camiseta a Capi o Dani. O cuando corría por Los Bermejales tras Benjamín para hacerse una foto con él... Loren se define como «un loco del Betis» y tiene claro dónde está: «No he hecho nada»

10 feb 2018 / 07:00 h - Actualizado: 13 feb 2018 / 00:07 h.
  • Loren señala el escudo del Betis que domina la sala de prensa de la ciudad deportiva, este viernes / Manuel Gómez
    Loren señala el escudo del Betis que domina la sala de prensa de la ciudad deportiva, este viernes / Manuel Gómez

Loren Morón (Marbella, 1993) se acuerda de la primera vez que vio al Betis en el Villamarín, en un partido contra el Recreativo de su padre en 2003. Y de cómo en otra ocasión estuvo «persiguiendo» a Benjamín por Los Bermejales para conseguir una foto. Y de cómo encargaba a su padre que le llevase las camisetas de Capi o Dani. Y de cómo una vez, con 10 años, ya era «un loco del Betis» y reconoció a Joaquín en Sierra Nevada a pesar de que «sólo se le veían los ojos». De todo eso, de cómo su padre lo convenció para que fuese de verdad a por su sueño de ser profesional y de cómo superó una profunda crisis futbolística al año de llegar a Heliópolis habla en esta entrevista. Es el nombre de la semana en el Betis.

—¿Has bajado ya de la nube?

—Sobre todo son los primeros días, fueron muchas cosas juntas que nunca había vivido. Te puedes subir a la nube, pero siempre con los pies en el suelo. Mi padre está todo el rato diciéndome que lo que me ha traído hasta aquí siga igual y así voy a seguir. Si la fama se me sube a la cabeza, me la corta.

—¿Cuántas veces has podido ver los goles o el partido?

—El partido sí lo he visto porque soy mucho de revisar para mejorar. El gol... Mis amigos y mis familiares me lo mandan y tengo que borrar la galería, hay por lo menos cien vídeos. Lo he visto un par de veces, ya lo tengo aborrecido, como quien dice.

—Ya que has revisado lo malo, ¿qué corregirías de tu debut?

—Sobre todo los nervios, muchas veces me veía cohibido. Conforme pasaron los minutos me encontré más cómodo, pero al principio quieres agradar y te dedicas a hacer lo fácil. Y también la velocidad de pensamiento. Tengo que corregir eso porque en Primera se tarda una décima de segundo en pensar; en Segunda B te dejan más.

—Era tu segunda o tercera vez en el Villamarín, ¿no?

—La segunda. Y con el campo lleno, la primera. Yo siempre he estado en la grada cantando el himno, pero el campo desde abajo parece otro, impresiona muchísimo. Ahora no creo que la presión me pueda en otro campo. Lo del otro día fue un máster.

—¿El 1-0 es el gol más importante y bonito de tu carrera?

—Los recuerdo mejores. Este año he marcado varios, contra el Cartagena o la Balona. Pero este es el más importante. Y desde tan lejos no había marcado nunca. Mira qué buen momento para ser la primera vez...

—¿Recuerdas los goles?

—Tengo el problema, que siempre me ha pasado, de que nunca veo entrar el balón o lo olvido. En el primer gol recuerdo que venía Jaume Costa a cerrarme y que creía que la portería estaba muchísimo más cerca, pero no recuerdo cómo el balón toca la red. De la celebración no puedo decir nada, aquello era correr para todos lados y no sé ni lo que hice.

—¿Cuántos mensajes hubo?

—Muchísimos. Como estoy sentado al lado de Barragán, me dijo que quitara las notificaciones del móvil, que se quedaba sin batería.

—¿Y la familia?

—Ya en casa nos sentamos en el sofá y nos entró una relajación tan grande que nos quedamos mirando un punto fijo, ni hablábamos ni nada, de la tensión que habíamos tenido esos días.

—Curiosamente, celebraste el 2-0 en dirección contraria a donde estaba tu familia.

—Sabía que estaban detrás de nuestro banquillo, pero no dónde exactamente. Vino todo muy seguido, les dije que jugaba y a partir de ahí todos los pensamientos eran para el partido. Y además no esperaba marcar.

—¿Cómo te enteraste de que ibas a ser titular?

—Me lo dijo Eder Sarabia cuando entramos en el vestuario. Pensaba que estaba de broma. Luego lo confirmó el míster. Yo estaba nerviosísimo, aunque por fuera pareciese calmado. La noche anterior, en la habitación con Francis, fue igual, y eso que no sabía que iba a jugar. Si lo llego a saber, ni duermo. Y mis padres... El míster y el cuerpo técnico del filial estaban comiendo en el mismo restaurante y me dijeron que se les cambió la cara cuando les mandé el mensaje. Es la primera vez que han visto a mi padre nervioso.

—¿Cómo fue ese rato hasta que empezó el partido?

—Los compañeros se comportaron magníficamente y me tranquilizaron bastante. Salí con nervios, pero antes tenía muchos más. Guardado me habló de su primer Mundial, que fue una situación parecida, salvando las distancias. También hablé con Feddal, con Joaquín...

—¿Qué piensas cuando ves con quiénes estás ahora?

—Admiración. Ya los admiraba antes y ahora los tengo a mi lado día a día. Muchas veces sigo sin creérmelo, por ejemplo cuando estoy comiendo con ellos. Los miro como cuando era chico y eran mis ídolos. Y pienso que esto es un sueño que he podido cumplir.

—¿Qué te parece ser compañero de Joaquín?

—Cuando tenía 10 años, estaba con mi familia en Sierra Nevada en Navidad. Yo ya era un loco del Betis y reconocí a Joaquín, que llevaba braga y gorro. Nada más le vi los ojos, pero lo reconocí y me saqué una foto con él. Se lo comenté este verano y se hinchaba a reír. Y ahora lo disfruto todos los días. Quién me lo iba a decir aquel día...

—¿Qué fue más emocionante, que Setién te dijese que ibas a jugar o que Serra te dijese que subías al primer equipo?

—Fueron dos momentos bonitos. Yo creía que [Serra] iba a hablar de un partido y me dice lo del primer equipo. Me quedé blanco, no sabía ni qué responder.

—Después de negociar la renovación sin éxito, ese día firmarías casi con los ojos cerrados, ¿no?

—Veníamos negociando pero nunca se habló del primer equipo, al menos hasta el año que viene. También tenía varias ofertas. Cuando me dijo lo del primer equipo para ya, pregunté si era para ya o para la temporada que viene, porque no me lo creía. ‘No, no, ya eres jugador del primer equipo’, contestó. Y sin pensármelo se llegó a un acuerdo rápidamente.

—Tu padre te aconseja que oigas a los veteranos...

—Desde chiquitito he tenido esa educación. Él me lo recuerda, aunque tampoco hace falta. La suerte que tengo es que hablo muchísimo con él y con mi madre. A él le gusta que yo le cuente y yo le cuento lo que aprendo aquí. En la pretemporada era todos los días desde Alemania e Italia, yo estaba muy emocionado y quería contarlo. Muchas veces era muy pesado, porque cuando me pongo a hablar no paro (ríe).

—En Primera se aprende más que en Segunda B, claro.

—Aquí tienes que aprender. Si no, no das la talla. Hay que absorber todo lo antes posible y fijarte en los detalles y lo que te explique todo el mundo. Es como unas clases privadas, pero muy rápido.

—¿Y ahora qué?

—Como siempre digo a mi padre, no he hecho nada. Ha sido un partido bueno, pero sólo pienso en trabajar y aprovechar las oportunidades que me den.

—Como jugador de la primera plantilla, ya estás expuesto a que te preguntemos por los objetivos del equipo...

—Este equipo está hecho para ir día a día. Nos ilusionamos porque estamos haciendo las cosas bien, pero conforme pase el segundo tercio de la Liga veremos para qué nos dan los resultados.

—Te has aprendido el discurso a la perfección...

—En el filial ya tenía mucha presión, siempre me preguntaban también (ríe)...

—¿Has tenido algún ídolo?

—Me gustaba mucho Ronaldo, pero como delantero, Raúl. Me gustaba lo listo que era, siempre estaba donde llegaba el balón... Aprendí mucho viendo sus vídeos.

—Tú pareces más frío, ¿no?

—Mi cruz durante toda mi vida ha sido que me decían que no tenía sangre y que era muy frío. Yo lo vivo por dentro, no se me ve nervioso o atacado por fuera pero por dentro lo vivo muchísimo, los nervios se me meten en el estómago y después de los partidos lo paso fatal, no puedo comer.

—¿Cuándo tuviste claro que querías ser futbolista?

—Cuando salí del juvenil de División de Honor y firmé con el Estepona. Hicimos un amistoso entre el equipo de mi barrio y el Estepona y el director deportivo vino y habló conmigo. Mi padre era el segundo entrenador [del Estepona], pero no sabía nada. El director deportivo me quiso firmar y le dije que lo tenía fácil, que mi padre era su entrenador. Yo quería seguir con mis amigos, ya ves tú la mentalidad que tenía en aquel momento, y mi padre me dijo que firmase, que era un paso muy grande y que aprendería mucho. Mi padre muy pocas veces me prohíbe algo, pero esa vez me dijo que no, que si quería ser futbolista tenía que dar el paso. Después, en mitad de la temporada, hicieron limpieza por impagos y recalé en el Marbella. Ahí estaba Adrián Cervera, luego llegaron los rusos y ya firmaron a mi padre de segundo. Fue el año del ascenso y me fui cedido al Vélez.

—¿Fue difícil cambiar de mentalidad?

—El cambio de mentalidad fue más cuando llegué al Betis. En Marbella vivía con mis padres, estaba todo el día con mis amigos y a lo mejor tenía poca madurez; la mentalidad era disfrutar. Ahora veo que con esa mentalidad no iba a llegar a nada. El primer medio año en el Betis me costó, en el juego y en la mentalidad. Nunca había vivido solo y maduré muchísimo.

—A todo esto, eso de ser bético desde chiquitito es totalmente cierto en tu caso.

—Mi abuelo por parte de mi padre, Antonio, tenía unos amigos de Guillena que siempre veraneaban en Marbella y siempre estaban con el Betis, y de chico lo que te da es lo que te da y a mí me dio por el Betis. Aquí llevo tres años y poco y he tenido oportunidades de irme. También tuve una situación complicada cuando no contaban conmigo. He pensado muchas veces en salir, pero por otra parte siempre he querido estar donde estoy ahora. No me lo imaginaba, nunca, así que ahora estoy disfrutando al máximo. Es un sueño hecho realidad.

—¿Y qué te dice tu abuelo?

—El otro día me llamó llorando, emocionado. Él es del Atlético de Madrid. También algún amigo sevillista me ha dicho que ha celebrado un gol del Betis por mí.

—Entonces no te hiciste bético por tu abuelo...

—Los béticos son sus amigos de Guillena. Son como familiares para mí.

—Un abuelo del Atlético, un padre del Recreativo y una tía del Málaga...

—Mi abuelo es del Atlético pero no es fanático. Mi tía sí es fanática del Málaga. Le dije que la invitaría cuando juegue contra el Málaga y me dijo ‘no, no voy, que nos metes un gol y después no te hablo’. Mi padre tiene mucho cariño al Salamanca y sobre todo a Huelva. A mí me dio por el Betis. Yo tenía la habitación del Betis y mi padre jugando en el Sevilla. Enseñaba toda la casa menos mi habitación (ríe).

—¿Cuál es tu primer recuerdo del Villamarín?

—Un partido contra el Recre. Mi padre vino a jugar y se lesionó [ese partido se jugó el 16 de marzo de 2003, acabó 1-1 y Loren padre fue sustituido en el minuto 25]. Recuerdo cómo vibraba el campo con la gente, que parecía que se iba a caer. Mi madre estaba asustada. Y yo saltando, aunque estaba con la afición visitante (ríe).

—¿Qué recuerdas de la etapa sevillista de tu padre?

—Cuando estaba en el Sevilla, yo quería venir a ver el Betis. Una vez, mi madre me tuvo que traer al campo del Betis, un compañero de mi padre nos dio las entradas y él no podía venir porque estaba en el Sevilla. Me acuerdo de ir por Los Bermejales persiguiendo a Benjamín porque quería una foto con él. Y me la hice.

—¿Recuerdas haber visto la final de 2005, por ejemplo?

—No recuerdo si la vi, pero marcó Dani y de Dani tengo camiseta, igual que de Capi, de Joaquín... Dani me gustaba mucho también, quería la camiseta y mi padre al final me la consiguió, la tengo dedicada por él y está guardada con mucho cariño en Marbella. Mi padre era como mi recadero (ríe). Yo quería la camiseta del jugador que más destacaba y él movía cielo y tierra para conseguírmela.

—Y al Betis te trajo Antonio Blanco.

—No me felicitó el sábado porque estaba esperando a verme en persona y me vio el miércoles en el partido del filial. Ver la cara de ese hombre, cómo se emocionó, fue una satisfacción enorme. Le dije que parara porque sobraban las palabras. En Vélez, mi entrenador era [José Carlos Fernández] Tello, que jugó aquí en el Betis [1979-1982]. Yo lo veía hablando después de los partidos con un hombre que estaba en todos los campos, fuera y dentro. Tello y mi padre nunca me dijeron nada. En diciembre, un compañero que era un pájaro (ríe) me dijo que ese hombre era ojeador del Betis. Un día que estaba yo dormido me llamó mi padre diciéndome que tenía esa oferta del Betis. No me lo pensé dos veces.

—El otro hombre clave es José Juan Romero.

—Cuando llegó aquí, yo estaba en una situación personal muy mala. No parecía un futbolista, parecía cualquiera al que habían metido aquí y lo habían vestido del Betis. No me salía nada. De primeras no le gusté. No me gustaba ni yo, le iba a gustar al entrenador... Pero contra el Cádiz me salió un buen partido, seguí trabajando y hasta aquí, también gracias a él y su cuerpo técnico, que son espectaculares. Él esconde los sentimientos un poco más, pero conociéndolo sé que fue una alegría muy grande para él y para todo el Betis Deportivo. Me mandaron vídeos de cómo celebraron el gol. Son más amigos que compañeros y yo también me emocioné mucho.

—El pasado verano sería duro por no poder alternar el filial y el primer equipo...

—No sabía si me iba a quedar o no porque llegó Lorenzo con esa política de que no quería mayores de 23 años. Lo entiendo y lo veo bien, aunque mi situación no ha sido fácil, porque ves que estás haciendo bien las cosas y es frustrante no tener la oportunidad por la edad. Pero en la pretemporada, cuando me llamó Setién y pude ir a Alemania e Italia, fue un paso más, pensé que tendría la oportunidad si hacía las cosas bien. Tenía muy claro que este era mi año, aunque no esperaba la oportunidad ya. Ha llegado pronto, yo me la esperaba para la temporada que viene.

—Para el filial es una faena, como dijo el propio José Juan.

—Es verdad que era una pieza muy clave, pero tiene jugadores que han llegado ahora y cogerán un peso importante, como Kaptoum, Josimar o Uche. Y Aitor, sobre el que recaía la responsabilidad del gol junto conmigo, tiene que asumir el liderazgo, aunque muchos jugadores lo acompañarán.

—Otro de los líderes del filial era Francis. ¿Hay rivalidad Coín-Marbella?

—Están como a quince minutos, pero antes del Betis no nos conocíamos. Y cuando llegamos aquí, como hermanos, pero de verdad. Ahora que estamos en el primer equipo, los dos estamos pegados.

—Por cierto, ¿cómo es esa historia del traje de Jesulín de Ubrique?

—Mi abuelo materno vivía en la plaza de toros de Marbella y me llevaba a los toros. Una de las corridas a las que fui era de Jesulín, el traje me gustó mucho y lo quise. Di un coñazo con el traje que no veas. Yo quería el rojo, pero mi padre me compró el verde y Jesulín hizo la corrida con el verde. Al final me compró también la equipación del Betis y me lo regaló todo junto.

—¿Y la de la vaquilla?

—Eso fue en Salamanca. Mi padre tenía un amigo que nos invitó a una capea, me soltó delante de una vaquilla y salí corriendo (ríe).

—Acaba la entrevista y, siguiendo el consejo de tu padre, no has dicho ni una vez «la verdad es que».

—Pues mira (ríe)... Yo voy cambiando las palabras. El ‘imagínate’ lo dije mucho el otro día y aquí casi no lo he dicho. También me iré acostumbrando a esto.


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