martes, 25 julio 2017

Berizzo y el camino usual en el Sevilla

El argentino responde al perfil y cumple con la premisa de conocer la Liga

18 may 2017 / 19:57 h - Actualizado: 18 may 2017 / 20:09 h.
  • Eduardo Berizzo, en el banquillo visitante del Sánchez-Pizjuán esta temporada. / Manuel Gómez
    Eduardo Berizzo, en el banquillo visitante del Sánchez-Pizjuán esta temporada. / Manuel Gómez

Se avecinan nuevos cambios importantes en el Sevilla. Nada nuevo como consecuencia ineludible de la forma de gestión del club de Nervión, pero con tintes de ser este verano uno de los más importantes recientemente. Al notorio cambio del cese de Monchi como director deportivo y la promoción de Óscar Arias se unirá, salvo giro morrocotudo, un nuevo volantazo en el banquillo tras ser ocupado un año por Jorge Sampaoli. La gran duda respecto a la siguiente apuesta radica en el estilo a elegir, ya que el Sevilla se ha caracterizado en este siglo XXI por una forma de jugar que pasó a mejor vida con la llegada de Sampaoli el pasado verano. El técnico de Casilda apostó un fútbol basado en la posesión y en mirar más a la portería contraria que a la propia, priorizando el ataque sobre la defensa. Justo lo contrario que sus predecesores, salvando las distancias entre unos y otros preparadores.

Por el horizonte asoma la figura del actual entrenador del Celta, Eduardo Berizzo, con la etiqueta de ser un técnico cercano al estilo Sampaoli. Mirando al pasado, salvo la apuesta por el exseleccionador de Chile, los cambios de entrenador no supusieron giros radicales en cuanto al estilo. Cuando Caparrós se fue en 2005 el Sevilla eligió a Juande Ramos, un técnico cuyos éxitos más notables eran haber ascendido al Logroñés y al Rayo a la Primera División y haber clasificado al Betis para la Copa del la UEFA –hoy Europa League–. El fútbol eléctrico y de transiciones rápidas y los cinco títulos conseguidos en 15 idílicos meses por parte del técnico de Pedro Muñoz dio paso, tras su espantada, al de Manuel Jiménez a mitad del curso 2007-08. No fue un giro radical, pero la sensación general que dejó el de Arahal fue que su Sevilla hubiera funcionado mejor con algo más de libertad en ataque en muchos de sus jugadores. A pesar de todo, los resultados de Jiménez fueron muy buenos –la Copa de 2010 entra, en su mayor parte, en su currículum–.

Fue tras la destitución de Jiménez cuando se abrió en Nervión una época de continuos cambios en el banquillos. Antonio Álvarez fue tan efímero que poco se puede evaluar en cuanto a su estilo de juego. Gregorio Manzano, su sustituto, no supuso ningún viraje excepcional en el Sevilla, que condicionaba su juego por el ocaso de muchas de sus estrellas. Sí tuvo que replantearse el Sevilla el camino a seguir cuando decidió no renovar a Manzano: eligió a Marcelino. Fue un fichaje del estilo al de Juande, tras protagonizar el asturiano buenas campañas con equipos modestos como el Recreativo y el Racing de Santander. Una apuesta clara por solidificar al equipo desde atrás hacia adelante. Aunque no funcionara en esa temporada 2011-12, el club nervionense tenía claro que su estilo estaba basado, salvo las peculiaridades del técnico de turno, en ser fuerte atrás y rápido a la hora de contragolpear. A principios de 2013 el Sevilla recurrió a Míchel para sustituir a Marcelino. El entrenador madrileño fue presa igualmente de un Sevilla en declive y sin las ideas claras. Al término de la temporada decidió continuar con el exjugador del Real Madrid, quien tuvo que ser sustituido a comienzos de 2013 por Unai Emery. Míchel no dejó impronta de técnico que establece un estilo definido y ni mucho menos rompió con los cánones que el Sevilla tenía marcados.

Más allá de su indudable éxito, quien sí demostró tener las ideas claras fue Emery, aunque le costó al principio adaptarse a la realidad del Sevilla. El debate sobre la conveniencia de protegerse más en defensa derivó en mejores resultados y un Sevilla que empezó a crecer desde atrás. Sin ser un equipo ultraseguro en defensa, el equipo de Unai estaba muy trabajado tácticamente y tenía las riendas sueltas en el Sánchez-Pizjuán, ventaja con la que no contaba lejos de Nervión por decisión propia. Precisamente ese estilo definido y extendido durante tres temporadas fue el que hizo que las ideas de Sampaoli fueran tan rompedoras. Al técnico de Casilda, en el balance general, se le achaca no haber trabajado un sistema defensivo alternativo al de mantener la posesión, aspecto difícilmente alcanzable ante determinados equipos contra los que ha estado luchado el Sevilla.

Y ahora, ¿qué? La apuesta rompedora por Sampaoli no ha salido nada mal, aunque vaya a acabar con sabor agridulce por el final dubitativo del equipo y la negociación del técnico con la selección argentina. Es por eso por lo que muchos dentro del Sevilla abogan por la figura de Berizzo, entrenador de gusto parecido al de Sampaoli pero no tan radical. Berizzo ha llevado al Celta hasta límites insospechados en la Europa League –semifinal– y se quedó en las dos últimas temporadas también a las puertas de las finales de la Copa del Rey, aun habiendo perdido a jugadores de la talla de Krohn-Dehli, Nolito, Augusto o Rafinha, entre otros. Si se analiza la clasificación de la Liga, el Celta acabará el campeonato probablemente 13º y con muchísimos goles encajados: lleva 67 a falta de un encuentro. En las dos temporadas anteriores de Berizzo en Vigo dejó al equipo 6º (60 puntos y 59 goles encajados) y 8º (51 puntos y 44 goles recibidos). En los torneos de eliminatorias se ha sabido manejar perfectamente hasta la ronda de semifinales, donde se topó con el Sevilla y el United como equipos de superior envergadura y con el Alavés este año en la semifinal de la Copa del Rey.

Un perfil que encaja en el tipo de entrenador que suele ir a buscar el Sevilla. Eso sí, uno de los requisitos ahora importantes es que el entrenador conozca la Liga –el Sevilla fue hace un año a por Quique Sánchez Flores antes que a por un Sampaoli sin experiencia en Europa–. Las dudas respecto a Berizzo, que también llegó a España tras triunfar en Chile –O’Higgins–, existen, aunque cumple con esa condición y con otra que siempre busca el Sevilla: estar en clara progresión y hambre de gloria.


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