lunes, 19 agosto 2019

El fin a una de las muchas vías de agua en el Sevilla

Los malos resultados del equipo obligan a José Castro a permitir desde este sábado la pancarta de los Biris Norte en el Sánchez-Pizjuán en busca de recuperar el ambiente en Nervión

06 abr 2017 / 14:43 h - Actualizado: 07 abr 2017 / 19:28 h.
  • Imagen de la grada de los Biris en un partido del Sevilla. / Manuel Gómez
    Imagen de la grada de los Biris en un partido del Sevilla. / Manuel Gómez

La crisis autodestructiva que ha incendiado al Sevilla en este 2017 que comenzó con ilusiones desbordantes parece haber tocado fondo. Al menos en uno de los focos del fuego: la animación en los partidos de casa. Lo anunció este jueves el presidente del Sevilla, José Castro. Arrinconado por los nefastos resultados del equipo y la presión social, el máximo mandatario nervionense ha decidido que si tiene que pelear lo hará frente a los de fuera antes que contra los suyos. «Hemos tomado la decisión a la vista de que en otros estadios también entran pancartas prohibidas. A partir del sábado la pancarta de los Biris podrá estar en el Sánchez-Pizjuán», razonó Castro, quien se agarró a una obviedad conocida desde hace meses para rectificar su postura. «Mientras no haya un marco legal claro sobre qué pancartas pueden entrar o no vamos a dejar que entre la de los Biris, que no es una pancarta violenta», añadió el dirigente.

Se refiere el presidente a lo que ocurre justo en la otra esquina del mapa, en La Coruña. El Dépor, curiosamente el rival del Sevilla mañana, ha permitido la entrada de las banderas de los Riazor Blues a pesar de que el Gobierno también las ha prohibido, a instancias de la Comisión Antiviolencia. El club herculano las recurrió en vía administrativa, obteniendo la supresión de esa orden por parte de la Subdelegación del Gobierno, que además dejaba sin efecto las multas económicas impuestas por no acatar la orden.

El asunto, en el Sevilla, se había enquistado porque el Sánchez-Pizjuán se había convertido en una auténtica tumba, carente del tradicional ambiente que ayuda al equipo de Nervión en sus partidos. La huelga de los Biris, que se sentían desprotegidos y que llamaban «marioneta» a Castro por no rebelarse ante lo que sucedía en otros estadios, coincidió con una racha del Sevilla en casa en la que sudó sangre para ganarle al Athletic y al Eibar y no pudo conseguirlo ante Villarreal, Leganés y Sporting, con la decepción tremenda en el Sevilla-Leicester de la Champions de por medio. Parece solventado el asunto, aunque Castro recordó que «nosotros no podemos obligar a nadie a que anime. Yo lo que hago cada día es trabajar por el Sevilla y dejarme la piel. Yo respeto a todo el mundo, pero quien crea que soy una marioneta como me dicen y que no hablo en todas las partes necesarias para defender al Sevilla es que no sabe de lo que habla».

No es esta la única vía de agua que tiene el barco del Sevilla. La destrucción de una de las temporadas más ilusionantes que se recordaban por Nervión tiene su epicentro en el apagón casi total del equipo. Ahí el principal responsable es un Jorge Sampaoli que está emborronando su prestigio ganado a pulso durante dos tercios de la temporada. Eliminado de la Liga de Campeones y destinado, salvo sorpresa, a luchar por mantener al menos la cuarta plaza, el técnico argentino es el centro de las críticas por dos razones. La primera, su discurso focalizado en su futuro más que en el presente alarmante del equipo, desprendiendo la sensación de que no quiere seguir el curso venidero. La segunda, la gestión del vestuario, del que emanan olores propios de un grupo que no atraviesa por su mejor momento en cuanto a unión y fe en el propio Sampaoli. Ojo.

También se requería la intervención de Castro sobre estas llamas. «Tenemos ocho finales por delante que no pueden estropear la gran temporada que estábamos haciendo. Estamos en un mal momento, el equipo ha bajado en sensaciones, pero confiamos en este grupo y en este entrenador. Los que antes eran buenos no pueden ser malos ahora. Todos hubiéramos firmado a principios de temporada estar como actualmente estamos», dijo Castro, que no tuvo más remedio que tirar de manual, añadiendo que «son los mismos jugadores y el mismo entrenador. Es difícil de entender y el fútbol a veces tiene estas cosas, sólo queda apretar los machos, trabajar, trabajar y trabajar». Pero a preguntas de los periodistas, el presidente sevillista concretó más su análisis en el señalado Sampaoli, evidenciando que tampoco a él le han sentado bien las últimas declaraciones del técnico argentino y dejando una frase final que no requiere de ojos maliciosos para saberla interpretar: «La confianza en Sampaoli está intacta, pero tiempo habrá de ver cuestiones de futuro. Lo necesario ahora es ganar. Agrupar, unir y ayudar al grupo es necesario para ganar los partidos. Como siempre, exigiré que el entrenador esté al cien por cien aquí».

El citado proceso de autodestrucción del Sevilla no acaba en lo expuesto. Otro de los focos del incendio general, aunque más de cara al futuro que al presente, es la salida de Monchi y la reestructuración de la dirección deportiva. Con el de San Fernando explicando casi a diario en los medios de comunicación su adiós, Castro dio detalles de sus planes, que todavía no están claros a pesar de la urgencia que requiere la inmediata planificación deportiva, la cual quiere exprimir al máximo Sampaoli... si se queda: «Difícilmente se puede encontrar a un club que sea más ambicioso que éste. No somos Madrid ni Barcelona, pero a este entrenador le pondremos todos los argumentos por delante posibles. Si es capaz de hacernos campeones, miel sobre hojuelas. No hay nada de malo en un técnico con esa ambición. En la dirección deportiva se hará una o dos incorporaciones, sin prisa pero sin pausa. Llevamos más de dos meses trabajando en este tema y tenemos un grupo de personas en las que confiamos y que conocen perfectamente el proyecto. Estamos estudiando la fórmula, porque la persona que se va está en el top de los directores deportivos».

Ocho partidos le quedan a este Sevilla con demasiadas heridas abiertas como para dar el colofón merecido a una temporada que ha saltado por los aires con problemas más graves de lo que parecían. Ahora, al menos, el club ha cosido una de ellas...


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