domingo, 16 junio 2019

La prueba del ADN

El Sevilla se empeña en tirar por la borda lo reconstruido en los últimos años

14 ene 2018 / 19:56 h - Actualizado: 14 ene 2018 / 22:10 h.
  • Nolito, tumbado en el suelo tras una jugada en Mendizorroza. / Efe
    Nolito, tumbado en el suelo tras una jugada en Mendizorroza. / Efe

Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo. Lo dijo Albert Einstein y lo entiende cualquiera. O casi. La caída libre del Sevilla parece no tener fin y se barrunta que no lo tendrá hasta que no deje de hacer lo mismo que ha venido haciendo en los últimos meses: equivocarse en grandes decisiones. Más concretamente, no levantará cabeza mientras Vincenzo Montella siga haciendo lo mismo que llevó a Eduardo Berizzo al despido. De momento, lo que han decidido hacer José Castro y Óscar Arias es huir hacia adelante, seguir el mismo camino que había trazado el director deportivo en verano con la ayuda del destituido entrenador y que, a la vista está, no llevará al Sevilla a buen puerto.

Si vas a cambiar, cambia de verdad. Y el giro que precisa este Sevilla es de inversión gorda en la plantilla hasta cambiarle la columna vertebral (da pavor pensar en que lo tengan que hacer los mismos y en este momento tan caro y difícil como el mercado invernal) o una apuesta de juego diferente a la que fallaba. No ha hecho ninguna de las dos cosas, por lo que la cuesta abajo sigue y nadie frena a este Sevilla cada vez más rendido.

El responsable no puede ser otro que Arias, quien ha confeccionado una plantilla con una bajada de nivel general sensible y una apuesta fallida en el fichaje principal, el entrenador. De tal manera que hasta futbolistas que el año pasado destacaban (Franco Vázquez, Sergio Rico, Escudero, Sarabia o Nzonzi, entre otros) han sido arrastrados hasta la mediocridad más absoluta. Sólo es cuestión de tiempo que Banega y Ben Yedder se aburran y bajen los brazos definitivamente.

No tiene sentido ponerse la careta de víctima y quejarse de que el sevillismo idolatra a Monchi para así defenderse. La debacle es tal que no sólo los buenos futbolistas que hay en la plantilla (indiscutible esto) parezcan malos, sino que la desesperación, la evidencia de que esta forma de jugar no conduce a nada y la incompetencia física y de nivel de muchos jugadores acaban convirtiendo al Sevilla Fútbol Club en un equipo blando, ridículo por momentos, amanerado e incapaz de encontrar carácter para sobreponerse a cualquier adversidad (más aún lejos del Sánchez-Pizjuán). La antítesis de lo que hay escrito en el ADN del club y su indestructible hinchada.

Menos sentido tiene aún decir públicamente que «alguna vez había que perder» ante el Betis, que es lo que dijo el presidente Castro, empeñado en que todo parezca aún peor de lo que es. Hay razones de sobra (más de 300.000) para exigirle y pedirle explicaciones en este momento al máximo dirigente, quien no pudo evitar la deseadísima salida (¿alguien se ha preguntad por qué?) de uno de los grandes pilares del Sevilla grande del siglo XXI y ha fallado estrepitosamente en la elección de su sustituto.

Este Sevilla no es reconocible casi en ninguna de las áreas en que se compone. Claro que el Sevilla tiene derecho a una temporada mala (¿alguien cree que en esta ya puede aspirar a algo más que un quinto o sexto puesto, no hacer el ridículo ante Atlético y United y no formar otro lío en casa del Betis?), pero es que no se trata de eso, sino del futuro que le espera yendo por este camino tan alejado de lo que le devolvió a este club la grandeza perdida. Castro supo tocar lo mínimo cuando llegó al sillón presidencial (y no es poco, que conste), pero cuando ha tenido que coger las riendas de verdad parece que está muy superado por las circunstancias. Así, no. Y no hace falta ser Einstein para darse cuenta.


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